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Juliana Martínez
Jueves 24 de enero de 2019 - 12:00 AM

#HombresNoMachos

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Publicado por: Juliana Martínez

Hace una semana Gillette estuvo en el centro de un debate sobre la masculinidad producido por su nuevo comercial (https://www.youtube.com/watch?v=TE-2GQuUmLM).

Aunque el caso de Gillette es el más conocido, no es el único. La campaña #HombresNoMachos provoca una reflexión similar (https://www.youtube.com/watch?v=SVHyGd_-C0Q)

Este mensaje, en apariencia sencillo, es profundamente transformador y urgente.

Se habla mucho de cómo la “masculinidad hegemónica”, es decir, una basada en la represión de las emociones y en la violencia, hace daño a las mujeres.

Responsabilizar a los agresores es fundamental; pero demonizarlos, pretendiendo que se trata de casos aislados (usualmente asociados con estereotipos de clasistas, racistas o xenofóbicos) sirve de poco.

La violencia de género es algo que se aprende: se aprende a padecerla, a tolerarla, a justificarla y, sobre todo, se aprende a ejercerla.

Y esta violencia afecta, de manera diferente pero también trágica, a los hombres: la represión de las emociones y la obligación de cortar vínculos de intimidad con otros hombres por temor a ser tildados de homosexuales los hace más propensos al abuso de sustancias y al suicidio.

Además, la necesidad de probar su hombría lleva a que estos sean más propicios a tener accidentes fatales y a morir como resultado de una riña.

Esto no se debe a “la testosterona”. Se debe a que, socialmente, la única emoción que permitimos, validamos e incluso promovemos en los hombres es la ira.

Rabia, furia son las únicas emociones que un hombre puede expresar sin poner en riesgo su masculinidad, y estas, con mucha frecuencia, resultan en violencia contra los demás, y eventualmente devienen en conductas autodestructivas.

La creencia que “el verdadero hombre ni siente ni padece”; esa que dice que la hombría está basada en la imposición no en la colaboración, en la sexualidad no en la afectividad, en la competencia no el trabajo en equipo, en la violencia no en la solución concertada de los conflictos, es lo que hace daño, no solo a las mujeres, sino también a millones de hombres.

Lo que nos lastima, como sociedad y como personas, es que haya tantos machos y tan pocos hombres.

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