Publicidad

Luis Ernesto Ruíz
Miércoles 28 de enero de 2026 - 01:00 AM

Soñando se vive muy cómodo

Compartir

Los sueños de Petro no se vuelven realidad: son solo eso, sueños. Cuando pone los pies en el suelo, así sea sobre mullidas alfombras, la realidad lo despierta y lo devuelve a la verdad que vive, que desde luego no es la nuestra, sino la de un país a la deriva, rumbo a un precipicio.

Cuando logra estar en un juicio sin sustancias que lo enloquecen, dice cosas como estas: cambio de enfoque en la infraestructura vial, priorizando la rehabilitación y optimización de las vías existentes sobre la construcción masiva de nuevas carreteras concesionadas. La apuesta es reducir costos, impactos ambientales y la dependencia del modelo tradicional de peajes, fortaleciendo la infraestructura pública y el mantenimiento de corredores estratégicos que conecten regiones productivas con puertos y centros urbanos.

En ferrocarriles, el plan buscaría reactivar y modernizar corredores férreos para carga —como los del Caribe, el Magdalena Medio y el Pacífico— con el objetivo de abaratar el transporte de mercancías, reducir emisiones y disminuir la presión sobre las carreteras.

Respecto a las concesiones viales, no eliminarlas, pero sí intenta revisar y renegociar algunos contratos, especialmente donde considera que los beneficios privados han sido desproporcionados frente al servicio prestado. La política apuntaría a menos peajes, pero más control estatal.

En ciudades y rutas intermunicipales, la prioridad se desplazaría hacia el transporte público, los sistemas férreos urbanos, los buses eléctricos y la movilidad regional integrada. El discurso oficial insiste en que la infraestructura no debe pensarse solo para el automóvil, sino para las personas, la carga y la sostenibilidad, aunque la ejecución depende en gran medida de la capacidad financiera de alcaldías, gobernaciones y del propio Estado. Como vemos, esto resume un programa de gobierno que, por supuesto, era el “gobierno del cambio” que nunca funcionó. ¿O será el remordimiento de unas promesas incumplidas? Pero lo que más llamó la atención fue la proposición de que el ahorro pensional se invierta en programas de infraestructura productiva.

Siempre estos ahorros pensionales se invierten en fondos de inversión que, en teoría, regresan parte de esos recursos a Colombia en programas productivos, pero a los fondos pensionales les llega solo un pequeño interés financiero. Si se invirtiera directamente en concesiones viales, habría rentas claras que fortalecerían el sistema. Algo similar podría plantearse con concesiones en líneas férreas de uso permanente, como el trolebús o el tranvía, así como con teleféricos integrados al transporte público.

En el papel, todo suena razonable; en la realidad, queda en veremos. Porque en este gobierno las ideas no fracasan por falta de poesía, sino por exceso de improvisación. Se anuncian trenes sin rieles, carreteras sin plata y reformas sin cálculo, mientras el país sigue pagando peajes reales por promesas imaginarias. Al final, el “cambio” terminó siendo un discurso bien intencionado, mal ejecutado y peor explicado.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día