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Luis Pinilla Pinilla
Jueves 10 de mayo de 2012 - 12:00 AM

Maternidad y país

Publicado por: Luis Pinilla Pinilla

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“Debido al peligro que correrían si vivieran en sus propias casas, el ICBF protege a 61.464 niños, suficientes para llenar dos estadios”, El Tiempo. Cuando leemos estas noticias nos preguntamos ¿qué está pasando con nuestra sociedad, que se ha convertido en un país de abandonos? ¿Cómo pretender que con esa realidad sea posible construir la paz?

¿Qué está pasando con nuestros sentimientos humanos? ¿Estamos construyendo monstruos, incapaces de jugársela por lo más sagrado del Ser humano que son los hijos? Hasta los lobos en la selva se hacen matar por su cría. Esta semana con el día de la Madre, es la oportunidad de reflexionar sobre este sentimiento que es la base de toda sociedad, so pena de desaparecer como especie. Es tal el deterioro de este sentimiento que, no contentos ante el volumen y aterrador abandono de nuestros niños, altos estamentos están buscando la manera no solo de abandonarlos sino de abortar al ser más indefenso: el hijo en el vientre materno. No se trata de valores religiosos, sino éticos sobre la Vida. Así se sea agnóstico o ateo, la vida es para defenderla y vivirla.

“La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro, precisamos que toda familia viva feliz. En lugar de muerte y tristeza, traigamos paz y alegría al mundo. Para hacer esto debemos rogar a Dios por su don de la paz y aprender a amar y aceptar a los demás como hermanos y hermanas, hijos de Dios. Sabemos que el mejor sitio para que los niños aprendan a amar es en la familia”, Teresa de Calcuta.

Creemos que la maternidad es el regalo de Dios para la mujer. Nada hay más importante, ni inversión personal y social más valiosa que valorar el ejercerla. Cuando valoramos más otras cosas, como trabajos, posiciones, éxitos y creemos que son más importantes que el amar y el entregarse a los demás y máximo a los hijos, el hogar y la sociedad comienzan a flaquear. Nada es más importante que el amor, ningún logro, ninguna gloria, libertad o posesión económica es más importante que el amor a nuestros hijos y a la construcción de la familia a donde llegamos adoloridos o felices para vivir la ternura y el sentido verdadero de la vida. Ningún país con valores diversos a la construcción humana como prioridad, puede alcanzar el desarrollo y la paz.

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