Columna de opinión de Roger Alexander Forero Hidalgo

Cada hincha del Atlético Bucaramanga sabe que ser “leopardo” es más que simplemente asistir a un partido de fútbol; es un viaje lleno de emociones, desafíos y sueños compartidos con una ciudad que también lucha por superar sus propios retos. Esta temporada, nuestro equipo nos ha dado razones para soñar en grande, pero al mismo tiempo, la realidad urbana de Bucaramanga nos enfrenta a problemas que necesitamos resolver para disfrutar plenamente de nuestra pasión.
El día del partido siempre comienza con entusiasmo. La camiseta amarilla y verde está lista y la bandera ondea con orgullo. Sin embargo, los más fieles sabemos también de frustración, como cuando las arterias principales de movilidad, que deberían facilitarnos la llegada al estadio Alfonso López, se convierten en trampas de tráfico. Además, entre las interminables filas para entrar al evento, resulta imprescindible pensar en una mejora del acceso peatonal, en infraestructura y organización.
Pero la batalla no termina ahí. El estadio enfrenta desafíos urbanos considerables en su entorno inmediato. La gestión pública deficiente ha llevado a problemas como ciclovías mal diseñadas y espacios de recreación sin mantenimiento adecuado. Es vital abordar estas cuestiones para integrar mejor el estadio en el tejido urbano de la ciudad.

Finalmente, dentro del estadio, la Fortaleza Leoparda vibra con cánticos y cumbias de victoria. Pero incluso en medio de la emoción, es imposible ignorar las deficiencias del estadio que, a pesar de las renovaciones, aun no brinda servicios básicos sanitarios y comerciales de calidad para los ciudadanos.
A pesar de todos estos desafíos, la esperanza nunca se apaga. Soñamos con nuestra estrella, pero también soñamos con una ciudad que esté a la altura de nuestras expectativas. Imaginamos a Bucaramanga con un sistema de transporte público eficiente, estacionamientos adecuados y accesibles, y con una gestión eficaz para garantizar buenos espectáculos locales.
Pensar Ciudad es siempre creer, a pesar de nuestra historia, porque el fútbol, como la vida, es un juego de sueños compartidos. Porque ser hincha del Bucaramanga, más que seguir a un equipo de fútbol, es sufrir descensos, malas gestiones y, aun así, ilusionarnos con un futuro glorioso.











