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Sergio Arenas
Domingo 06 de julio de 2025 - 01:00 AM

El verdadero trancón

Sin un acuerdo metropolitano vinculante que obligue a ejecutar el PMM, seguiremos asfaltando parches mientras la congestión crece a ritmo disonante. La movilidad no entiende de fronteras políticas; los alcaldes, lastimosamente, sí; Este es el verdadero trancón.

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El Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB) presume desde 2011 de un Plan Maestro de Movilidad (PMM) ambicioso y moderno. Pero el propio documento pone una trampa: sus metas “no se constituyen en obligaciones”; son apenas una “hoja de ruta” dependiente del bolsillo y el humor político de cada municipio. El resultado salta a la vista en los planes de desarrollo 2024-2027: más que una sinfonía metropolitana, tenemos un karaoke donde cada alcalde canta a su tono, sin partitura común.

Bucaramanga entona el estribillo tecnológico. En su Plan, “Avanza Segura”, se autoproclama “territorio de movilidad y transporte sostenible” y se cuelga la medalla de la “ciencia, tecnología e innovación”. Propone semaforización inteligente, gestión de estacionamientos y un paquete de herramientas digitales que suenan a “Movilidad 4.0”. Es el único que intenta traducir a proyectos concretos los programas de Sistema Inteligente de Transporte, Gestión de Tráfico y Estacionamiento del PMM.

Mientras tanto, Floridablanca repite un viejo mantra: “más vías, menos trancón”. Su Programa, “Infraestructura Red Vial Regional”, habla de puentes, placas huellas y zonas de tráfico calmado; pero ni una línea sobre centros de control, sensores o cobros de estacionamiento. En la práctica, la movilidad sostenible se reduce a hormigón para que el flujo mejore.

Girón toca el ritmo de la circunvalación eterna. Su Plan, “Más Campo para el Progreso”, recita todo el inventario de anillos, transversales y circunvalares delineado por el PMM, desde el corredor Río Frío hasta la vía a Zapatoca. Pero la partitura se queda en el pentagrama: no hay cronogramas, ni fuentes de financiación claras, ni compromiso con modos no motorizados. El automóvil sigue reinando.

Por último, Piedecuesta apuesta casi todo al Anillo Vial Externo Metropolitano: algunos kms que esquivan el casco urbano y, promete el texto, se transformarán “a largo plazo” en corredor del transporte masivo. Bonito sueño, salvo por un detalle: la obra depende de recursos departamentales y nacionales aún sin asegurar. Mientras tanto, ITS, ciclovías y cultura vial brillan por su ausencia.

Con este mosaico, la gobernanza se fragmenta: Bucaramanga instalará cámaras que Floridablanca no podrá leer; Girón pavimentará rutas que desembocan en semáforos obsoletos; Piedecuesta esperará giros del gobierno nacional, cosa que no va a suceder.

Cada cual inventa su tablero de indicadores y su fórmula de financiación, de la valorización en la capital a la “gestión por definir” en los vecinos. Y, como los viajes no terminan en la línea imaginaria del límite municipal, el ciudadano metropolitano paga la incongruencia con más tiempo perdido.

Sin un acuerdo metropolitano vinculante que obligue a ejecutar el PMM, seguiremos asfaltando parches mientras la congestión crece a ritmo disonante. La movilidad no entiende de fronteras políticas; los alcaldes, lastimosamente, sí; Este es el verdadero trancón.

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