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Sergio Rangel
Domingo 12 de mayo de 2024 - 05:00 AM

La guerra y sus mitos

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“Los mitos de nuestro tiempo” de Umberto Galimberti. Las citas al comienzo de cada capítulo son sorprendentes. La de Platón pone los pelos de punta: “Solo los muertos han visto el fin de la guerra”. Y enseguida, la cita de Hegel: “A diferencia del animal, el hombre no mata para comer, sino para obtener del vencido el reconocimiento de su superioridad”.

¿Quién creó el mito de la guerra? “Los poetas, los novelistas, los historiadores, los cineastas, las naciones”. En este capítulo de la violencia, también se recuerda a un célebre corresponsal de guerra del New York Times, Charis Hedges, con la capacidad extrema de cubrir episodios de barbarie del Salvador, Nicaragua, Colombia, Irak y todas esas guerras que satisfacían perversiones sexuales y de necrofilia, y que eran el soporte económico de esos diarios.

En este libro de “Los mitos de nuestro tiempo” se advierte que los muertos no son iguales. “Nuestros muertos importan, los suyos no”. Y algo que todos olvidamos. El patriotismo se convierte en una religión, a unos los bendicen y a otros los maldicen. Baricco, citado aquí en el libro y de quién no sé si es psiquiatra o sociólogo, afirma de manera trágica y categórica que “la guerra ha sido para los hombres la única redención posible en la penumbra de la vida”.

Veamos. El presidente Petro, en cambio de convocar a la paz, llevado por la gritería de sus seguidores, pide a uno de la manifestación la bandera de guerra del M19 y convoca en su discurso a una guerra que puede no tener fin. Es “necrofilia”. A los combatientes como Petro les es difícil volver a la paz. Quedan con trastornos mentales irreversibles. De ahí que la mayoría de los genocidios son cometidos por excombatientes. Difícilmente se reintegran a la sociedad como personas normales y regresan ya como vulgares delincuentes a conformar grupos en armas. En El Salvador, le tocó al presidente Bukele crear cárceles de castigos severísimos, para controlar las bandas de “maras” que se habían tomado el país. En Colombia, el proceso del desmonte de los grupos armados es difícil con un presidente convocando a la guerra. Hedges, el profesor ya citado aquí, afirma que “la guerra genera una especie de “drogodependencia”, la guerra como la droga “crea la ilusión de eliminar los problemas más espinosos de la vida”. Y es la razón, quizás, que impide conseguir la paz entre Israel y los árabes.

Nosotros tenemos un lastre trágico. En la época de la conquista en América, los españoles se enfrentaban a hombres que combatían desnudos y creían en infinidad de dioses. Para los indios era imposible creer en un Dios vengador, barbado y lejano. Hubo una guerra santa de exterminio. Nada hubiese sido quizás más humano, a cambio de esa carnicería bárbara de “matar a Dios”, como propone Nietzsche. “El que tenga oídos para oír, que oiga, y el que quiera entender, que entienda”.

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