Opinión de Silvia Otero.
Petro recibió un mandato claro de mejorar la vida de las personas más vulnerables del país. Sin embargo, las dificultades para materializar ese mandato se hacen evidentes. Ninguna izquierda latinoamericana –a excepción del primer Chávez en Venezuela- ha logrado reelegirse en un régimen democrático sin mejorar sustancialmente la vida de las personas que dice representar. La narrativa del bloqueo del establecimiento a los cambios no ha funcionado en nuestros pares latinoamericanos, y si Petro sigue culpando al “poder detrás del poder” de su pobre estrategia, la izquierda será remplazada en las urnas en 2026 y quién sabe hasta cuándo.
La base electoral clave de la izquierda en 2022 fueron las personas más pobres, los votantes del Pacífico, el Caribe y Bogotá. Junto con colegas de la URosario y la UToronto, publicamos un artículo en la Revista de Ciencia Política estableciendo este patrón geográfico y social del voto. Pero resulta que el gobierno no ha atendido a su base. Por el contrario, en el Caribe los recibos de luz se han vuelto insostenibles; en el Pacífico no se evidencian avances significativos en el bienestar de la mayoría; y en Bogotá la liquidación e intervención de las EPS, que afecta a 3 millones de afiliados, genera mucha incertidumbre.
A la hora de votar en 2026, los ciudadanos no van a tener en la cabeza los pormenores del trámite legislativo, de las regulaciones de la CREG, o las restricciones en el gasto discrecional del presupuesto general de la nación que limitan el margen de maniobra del presidente. En cambio, tendrán claro que antes no había racionamientos de agua y luz y ahora sí, que la gasolina está mucho más cara que antes, y que hay gran incertidumbre con lo que va a pasar con su salud.

El gobierno tiene que entender que las cosas en las que su gobierno puede mostrar grandes logros no son suficientes para conquistar a su electorado base. En las urnas de 2026 no va a importar tanto si a la gente la matan o no en las protestas, si las organizaciones de base comunitarias son reconocidas por el estado, o si hay un poco menos de deforestación. En cambio, la oportunidad de aprobar una reforma pensional que permita desembolsar pensiones no contributivas a millones de adultos mayores pobres está a punto de perderse por puro error estratégico. Este tipo de políticas se han implementado con gran éxito y enormes réditos sociales en países como Brasil, Bolivia y Chile, mejorando la calidad de vida de un segmento importante del electorado.
Es urgente que el gobierno de Petro corrija el rumbo y se enfoque en mejorar sustancialmente la vida de sus votantes centrales antes de las próximas elecciones.
Por: Silvia Otero Bahamon - Profesora de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos. Universidad del Rosario











