Opinión de Silvia Otero.
Hace unos días se comentó la columna de Alberto Carrasquilla en La Silla Vacía llamada “Pretensión Prematura”. La idea principal del exministro en el escrito es que la fundación del estado de bienestar colombiano, con ocasión de la Constitución de 1991, fue prematura dado el nivel de desarrollo económico del país.
Establece el autor que cuando el estado colombiano duplicó su gasto público, tenía un PIB per cápita de 8.500 dólares. En comparación, los países desarrollados duplicaron su gasto público décadas antes cuando eran mucho más ricos, pues su PIB per cápita rondaba los 18.000 dólares. Carrasquilla considera que el gasto público que financia nuestro estado de bienestar es demasiado grande en términos relativos.
Carrasquilla no lo dice, pero muchos de los que han leído su columna han concluido que, como tenemos un nivel de riqueza intermedio, no debería destinarse una porción tan grande de los recursos a pagar salud, educación, pensiones, asistencia social y el resto de bienes públicos.

Quiero hacer dos críticas al artículo de Carrasquilla. La primera es que el autor omite una parte muy importante de la historia. En 1990, antes de la fundación de nuestro estado de bienestar, Colombia era el cuarto país con menor gasto público de todos los 94 para los que hay datos. La proporción que se gastaba en Colombia (10%) era la mitad de la que gastaban Chile, Perú y Uruguay, y una tercera parte de la de India, Congo y Sudán.
Me preocupa que una persona que ha estado a cargo de la chequera del estado considere que aumentar ese ínfimo nivel de gasto haya sido una “pretensión prematura”.
La segunda crítica tiene que ver con la lógica de las comparaciones. En vez de comparar la generosidad del estado de bienestar colombiano con el de los países de economías avanzadas, creo que es más apropiado comparar a Colombia con sus pares latinoamericanos y otros países con el mismo nivel de riqueza. En 2022, el gasto público de Colombia estaba en la mitad de la tabla de los países suramericanos. Con el 34%, se comparaba al gasto de Bolivia, era inferior al de Brasil, Ecuador y Argentina, y superior al de Chile, Costa Rica y Perú. Y países de similar nivel de riqueza como Bosnia, Sudáfrica, Georgia y Surinam gastaron proporciones similares. Incluso, una comparación con los países de estados de bienestar generosos –o socialdemocráticos según la literatura- evidencia que tanto el tamaño de la economía como la proporción de la tajada es muy superior, pues gastan entre el 45% y el 50%.
El estado de bienestar colombiano no es ni generoso en términos comparativos ni excesivamente grande. Tampoco fue prematura su expansión. Hoy en día, los únicos países que tienen un nivel de gasto público similar al de Colombia en 1990 son Haití, Líbano y Venezuela. Vamos exministro: ordene la tabla, tenemos los mismos datos.
Por: Silvia Otero-Bahamón
Profesora de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos - Universidad del Rosario












