Publicado por: Diana Saray Giraldo Mesa
Por el área metropolitana circulan hoy alrededor de 460 mil motocicletas, una cifra absolutamente desbordada si se considera que está muy cerca de alcanzar el total de habitantes de Floridablanca, duplica el de Girón y triplica el de Piedecuesta. La comparación con Bucaramanga no es menos dramática, pues la cantidad de motocicletas, que crece a una tasa insólita, está a solo un poco más de 120 mil del número de habitantes de la capital del departamento. Consideradas frente al total de vehículos que circulan por el área, las motos superan por 300 mil el número de otras formas de transporte.
Esta avalancha de motocicletas comenzó hace solo una década y hoy tiene totalmente colmada la capacidad de las vías para rodar y la de los agentes de tránsito para controlarlos, en una dinámica tan desquiciada que no solamente trastornan a los ciudadanos con sus peligrosas maniobras y, en muchos casos su ruido excesivo, sino que produce hoy un número escandaloso de heridos y muertos en las calles de los municipios conurbados, que convierten este fenómeno en una verdadera problemática social, en tanto los daños que causa el abuso de la versatilidad de estos vehículos se ha expandido por toda el área y no hace diferencia entre conductores, pasajeros y peatones para producir víctimas.
Los últimos registros de las autoridades indican que en el año que termina esta semana, el 69% de las personas que muere por accidentes de tránsito son motociclistas y también lo son el 77% de quienes resultan heridos por percances en las vías. Obviamente, no todos los que conducen una motocicletas son irresponsables, sin duda la mayoría son personas que usan este vehículo para desplazarse por el área metropolitana cumpliendo las normas de tránsito, lo cual, subrayamos, es una diferenciación necesaria de hacer para que no perjudique a personas serias y responsables el estigma que ha recaído sobre quienes conducen motocicletas.
Lo que es grave es que todos los días aumenta la cantidad de personas que usan sus motocicletas para rodar a velocidades claramente prohibidas, ir en contravía, transitar con más de un pasajero, muchas veces niños, o que han ingresado al creciente grupo de los llamados ‘mototaxistas’ , con lo que esto aporta en accidentes leves, además de los trágicos con heridos y muertos. Autoridad, políticas claras y educación ciudadana constituyen los elementos básicos de una fórmula que debe implementarse cuanto antes para detener el curso fatal de la accidentalidad vial en el área metropolitana.











