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Editorial
Miércoles 07 de agosto de 2024 - 01:00 AM

Dos años con más pena que gloria

Petro deberá enfrentar las fisuras y divisiones en su propia coalición y entre los partidos diversos que lo apoyaron en 2022. Esto nos deja un ambiente enrarecido por la polarización política y, si no se cambia el rumbo en los próximos dos años, el posible fracaso del primer gobierno de izquierda en la historia del país.

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Si bien el primer año de Gobierno de Gustavo Petro se caracterizaba por la esperanza que aún conservaba buena parte del país sobre lo que serían sus realizaciones luego del arranque de su administración, el segundo año, es decir, el cumplimiento de la mitad de su mandato, tiene más un rasgo de preocupación de parte de una nación que, ni entre los opositores, ni entre los seguidores del mandatario, se sienten certezas sobre el tono en el que terminará, en 2026, un presidente que ha navegado siempre en aguas turbulentas, antes y después de su ascenso al poder.

No es de extrañar que el primer gobierno de izquierda en la historia tuviera pocas posibilidades de dejar claridades desde el inicio, en tanto tenía frente a sí el fenomenal desafío de implementar reformas sociales para las que no estaba preparada la estructura general del Estado, luego la misión en sí misma tenía muy pocas posibilidades de éxito, por lo menos en el corto plazo, pero si a este alto grado de dificultad le sumamos la beligerancia, la tozudez y, en muchos temas, el fundamentalismo del presidente, ciertamente no era muy posible que las cosas pudieran salir mejor.

Esto le ha terminado cobrando en el trámite de sus principales iniciativas en el Congreso, como la reforma a la salud, que se hundió ante la dificultad de lograr un consenso con las diferentes fuerzas políticas. Además, al lento avance de muchos de sus programas, así como en el complejo propósito de la paz total, se suman los casos de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y los escándalos que salpican a figuras claves del petrismo, lo que ha terminado por minar la confianza en el Gobierno.

En materia económica, el balance es agridulce. Los principales sectores que generan empleo como la industria manufacturera y la construcción llevan más de un año golpeados, mientras que indicadores clave como el desempleo y la pobreza monetaria ya están mejorando, aunque no al paso que todos esperan.

Capítulo aparte merece la relación de Gustavo Petro, en sus dos roles, como persona y como mandatario, con los medios de comunicación, que se ha caracterizado, más que por la vehemencia, por la pugnacidad del presidente, que no ha cesado una sola semana en sus ataques desde las redes sociales, tanto a la función social de la prensa, como a periodistas individualmente considerados, en lo que constituye una actitud sin precedentes que, sin lugar a dudas, tiende a reducir los espacios de la libertad de pensamiento, de opinión, de información y de expresión, además de que socava a la prensa que, como lo reconocen las sociedades contemporáneas en el mundo, es cimiento primordial de la democracia.

Quedan dos años más del gobierno de Gustavo Petro y en ellos seguramente enfrentará a una oposición que posiblemente irá creciendo a medida que su figura se desgasta y las elecciones presidenciales se acercan, pero también deberá enfrentar las fisuras y divisiones en su propia coalición y entre los partidos diversos que lo apoyaron en 2022. Esto nos deja un ambiente enrarecido por la polarización política y, si no se cambia el rumbo en los próximos dos años, el posible fracaso del primer gobierno de izquierda en la historia colombiana.

Publicado por: Editorial

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