La Constitución de 1991 introdujo un nuevo modelo de ciudadanía activa, basado en la participación como mecanismo de control y construcción de lo público, sin embargo, tres décadas después nos enfrentamos a la paradoja de que la mayoría de la población se mantiene al margen de ellos.
Publicado por: Editorial
La alarmante falta de interés en la participación ciudadana en Bucaramanga y su área metropolitana debe ser motivo de profunda preocupación para todos los sectores de la sociedad. El reciente informe “Participar para incidir”, presentado por Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, ha puesto en evidencia una realidad inquietante, pues nos indica que más del 80% de los ciudadanos no participa en organizaciones ni espacios comunitarios, circunstancia que nos obliga, como sociedad, a establecer las causas que han llevado a este nivel de apatía, cuáles son las consecuencias y cuáles sus correctivos.
La Constitución de 1991 introdujo un nuevo modelo de ciudadanía activa, basado en la participación como mecanismo de control y construcción de lo público, sin embargo, tres décadas después nos enfrentamos a la paradoja de que, a pesar de contar con espacios diseñados para la incidencia ciudadana, la mayoría de la población se mantiene al margen de ellos.
No solo es decepcionante la baja participación en escenarios comunitarios, sino que de allí, el problema parece haberse desbordado hacia un campo mucho más preocupante y decisivo, como lo es el ejercicio del voto. Esto quedó demostrado en las elecciones de 2023, cuando cerca de 46 mil personas que habían sufragado en anteriores comicios para la Alcaldía de Bucaramanga, decidieron no hacerlo. Este es un síntoma inequívoco de la manera como el desencanto y la desconfianza en los políticos conduce al debilitamiento de la democracia.
El estudio también señala que la gran mayoría de los 147 espacios de participación reportados por las autoridades locales, presenta falencias en inclusión, efectividad y acceso a la información, lo que, obviamente, contribuye al desapego ciudadano, pues si los espacios de participación no funcionan adecuadamente, la comunidad los percibe como irrelevantes y opta por la indiferencia, sin contar con que, muchas veces, desde distintos frentes de la acción política, estos espacios se usan para la manipulación de la voluntad ciudadana.
Todo esto tiene graves consecuencias. Una ciudad cuya población no se involucra en la construcción de su destino, queda a merced de decisiones tomadas sin su voz, ni su voto. La falta de participación refuerza prácticas políticas opacas, debilita la capacidad de exigencia social y perpetúa la desconexión entre las instituciones y los ciudadanos. Sin un tejido social fuerte, las políticas públicas pierden eficacia y la democracia se debilita.
El llamado es urgente y debe dirigirse a los voceros comunitarios, gremios, sector privado, líderes políticos, autoridades y el sector educativo, entre otros, para revertir esta tendencia. Se requieren estrategias claras para fortalecer la participación, garantizando espacios más representativos, transparentes y efectivos. La capacitación en ciudadanía activa, el acceso a la información y el uso de incentivos para motivar la participación son correctivos indispensables.
Bucaramanga y su área metropolitana no pueden resignarse a la indiferencia. Cada ciudadano tiene el poder de incidir en el rumbo de su ciudad, pero para ello es imprescindible vencer la apatía. La democracia no es un concepto abstracto, es una construcción diaria que solo se fortalece con la participación activa de todos.











