Publicidad

Editorial
Viernes 30 de mayo de 2025 - 12:00 AM

Es la hora de las definiciones en transporte público

Es comprensible el escepticismo de los bumangueses, que se explica porque después de ver cómo un sistema de buses articulados se derrumbó bajo el peso de la improvisación, cualquier nuevo proyecto despierta más dudas que entusiasmo y, por lo tanto, dificulta la idea de que pensemos en grande.

Publicado por: Editorial

Compartir

Bucaramanga y su área metropolitana ya llevan años atrapadas en un círculo vicioso de promesas incumplidas y soluciones fracasadas en materia de transporte. El colapso definitivo de Metrolínea no es solo un tema de deudas y mala administración, sino también el reflejo de una planificación miope que ignoró las necesidades reales de una región en crecimiento. Hoy, mientras el Gobierno Nacional insiste en la idea de un tranvía como alternativa, surge con fuerza la propuesta del monorriel, un sistema que, de ser proyectado con seriedad, financiado adecuadamente y gestionado con transparencia, podría convertirse en la solución que se prometió hace 15 años.

Es comprensible el escepticismo de los bumangueses, que se explica porque después de ver cómo un sistema de buses articulados se derrumbó bajo el peso de la improvisación, cualquier nuevo proyecto despierta más dudas que entusiasmo y, por lo tanto, dificulta la idea de que pensemos en grande.

Ciertamente el monorriel, además de ser una alternativa técnica, es una oportunidad para replantear la movilidad desde una perspectiva de futuro. A diferencia del tranvía, que se limita a aprovechar la infraestructura existente, pero que ya demostró sus limitaciones, el monorriel ofrece una visión innovadora, con vías elevadas, capacidad masiva de transporte, cero emisiones y una operación que reduciría drásticamente los tiempos de desplazamiento.

Los ingenieros Florentino Rodríguez e Ismael Orozco han presentado como propuesta concreta un sistema eléctrico, bidireccional y con capacidad para mover a más de 80 mil personas al día. Sus ventajas son evidentes, pues no compite con el tráfico, reduce la contaminación ambiental y acústica, y su vida útil supera los 30 años. Además, su implementación podría redefinir el paisaje urbano, liberando las vías de un parque automotor caótico y devolviendo seguridad y orden a una ciudad que ha visto cómo el mototaxismo se adueña de sus calles.

Pero aquí no basta con el entusiasmo, el Gobierno Nacional debe asumir compromisos claros y no simplemente anunciar proyectos. Si el monorriel es la opción, debe haber una inversión real y suficiente, estudios de viabilidad serios y un cronograma que no dependa de los vaivenes políticos. La ministra de Transporte ha sido enfática en que no habrá más recursos para Metrolínea, pero esa misma firmeza debe aplicarse al nuevo sistema que se adopte.

A los bumangueses les corresponde cumplir un papel no menos importante y es el de exigir, pero también apoyar y, sobre todo, pensar en el transporte como un proyecto de ciudad, entendiendo que el monorriel no será barato, ni rápido de construir, pero si se hace bien, sus beneficios se verán por décadas y superarán con creces los costos. Es la diferencia entre enfrentar una coyuntura y comprometerse con un sistema que perdure.

Bucaramanga tiene ante sí la posibilidad de dar un salto hacia el futuro y el monorriel puede dar ese impulso, pero solo si todos, gobierno central, autoridades locales y ciudadanos, actuamos con la misma determinación y nos decidimos, de verdad, a cambiar la historia del transporte público en el área metropolitana.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.

Publicado por: Editorial

Comentarios

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día