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Editorial
Viernes 10 de abril de 2026 - 01:00 AM

El ‘Plan Maestro’ del olvido

Publicado por: Editorial

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Bucaramanga lleva décadas aplazando buena parte de su futuro por el incumplimiento del Plan Maestro de Movilidad, concebido en 2010 como una guía técnica para ordenar el caos vehicular, pero ha sido sistemáticamente aplazado o ignorado por los distintos gobiernos municipales, que de esta forma nos han dejado al margen del verdadero desarrollo urbano y a merced de un parque automotor que crece sin control, alimentado por los municipios conurbados que descargan su tráfico diario sobre nuestras vías.

Sin embargo, a cuatro años de que se cumpla el horizonte inicial del Plan (cuyos atrasos obligaron a ampliarlo hasta 2037), solo el 35 % de los proyectos estratégicos se ha ejecutado, y muchos de ellos parcialmente, con significativos sobrecostos, lo que muestra la poca voluntad política y de planeación seria. Los únicos proyectos que se han terminado son contados: un viaducto, un tercer carril en una autopista saturada y tres intercambiadores viales que, si bien son útiles, no representan la transformación que la ciudad requería.

El resto de las más de 60 obras identificadas originalmente, sin contar las 78 que se sumaron después, siguen siendo solo promesas, pues lo que debió ser un derrotero claro se convirtió en un simple abanico de opciones que cada alcalde de turno abre y cierra casi al azar. Lo que se necesita es que las administraciones sean capaces de articular una planeación real que trascienda los periodos de gobierno, pero lo cierto es que hoy seguimos discutiendo las mismas obras que ya eran urgentes hace quince años.

Mientras tanto, la Troncal Norte-Sur permanece incompleta; la intersección de la calle 45 con carrera novena sigue siendo un nudo ciego, y la doble calzada La Virgen-La Cemento, un corredor vital para el norte del área metropolitana, sigue sin financiación. Pero, además, el contrato del Anillo Vial se adjudicó sin diseños, sin licencia ambiental y sin los predios asegurados y, claro, hoy registra un avance insignificante. Así no se construye ciudad, se construyen fracasos rotundos.

Las consecuencias de este atraso sistemático las paga cada día la ciudadanía, no solo en horas desaprovechadas dentro de buses y carros, sino en el descenso de la competitividad y las oportunidades de desarrollo. Bucaramanga se va rezagando frente a otras ciudades colombianas que sí entendieron que la movilidad no es un gasto, sino una inversión para la calidad de vida.

El costo del subdesarrollo se mide en aire contaminado, en estrés, en aumento constante de la accidentalidad y en la imposibilidad de atraer inversiones importantes cuando la infraestructura es un cuello de botella. Se necesita que los gobernantes de la ciudad asuman este desafío con la responsabilidad que merece. Ya hay propuestas concretas sobre la mesa, como la creación de una instancia técnica de alto nivel que incluya a las sociedades de ingenieros y a la universidad, para que estudien el problema y presenten soluciones sin cortapisas políticas.

Todo esto está bien, pero ninguna idea servirá si no hay de base una voluntad férrea para ejecutarla, dejando de lado el cálculo político y la improvisación administrativa. La ciudad ya tiene suficiente de planes que no se cumplen y de obras que se cobran por valorización y luego se abandonan. Es hora de ponerse a la altura de las circunstancias y empezar, de verdad, a recuperarnos del atraso.

Publicado por: Editorial

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