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Editorial
Viernes 29 de mayo de 2026 - 01:00 AM

El gigante dormido de Santander:

Publicado por: Editorial

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Además de ser uno de los espectáculos geográficos más imponentes del mundo, el Cañón del Chicamocha constituye una especie de monumental enciclopedia donde Santander cuenta su historia geológica con una elocuencia que la UNESCO ya ha mencionado y exaltado, en tanto allí, entre rocas de más de mil millones de años y un río que lo recorre en su fondo, nuestro departamento posee una ventana única al origen de la cordillera Oriental.

Pero lo que hace 20 años, con la apertura del Parque Nacional del Chicamocha, Panachi, fue una especie de encendido de la gran industria turística alrededor de este cañón que daba oportunidad a toda la Provincia Guanentina y Comunera, en los últimos años ha ido perdiendo brillo e impulso. En aquellos primeros tiempos de auge, de emprendimientos múltiples, de hoteles y miradores que multiplicaban las opciones para el visitante, la región entera respiró un aire nuevo, y muchos creyeron que aquel despegue era definitivo, pero el ímpetu inicial se ha ido apagando.

Lo cierto es que tanto los gobiernos departamentales de los últimos periodos como los de los municipios cercanos al cañón han disminuido sus inversiones en esta zona. Los proyectos nuevos escasean, las utilidades disminuyen y el entusiasmo que mueve una industria que requiere del ‘voz a voz’, la promoción y las ofertas atractivas, se va perdiendo por la falta de una propuesta renovada.

Tenemos entre manos un elemento que el mundo entero envidiaría: un cañón de dos mil metros de profundidad, 277 kilómetros de longitud y una biodiversidad que alberga joyas únicas como la ceiba barrigona, un árbol que no existe en ningún otro rincón del planeta. Pero mientras otros destinos multiplican sus visitantes con estrategias agresivas, nosotros nos hemos rezagado frente a una oferta que para el turista es más atractiva en tanto más novedades y variedades se le presenten.

Replantear todo el concepto turístico alrededor del cañón, redefinirlo en términos modernos y repotenciarlo con capital fresco es una necesidad evidente. Se requiere creatividad, nuevas propuestas para recorrer el cañón (obviamente con todas las precauciones medioambientales del caso), senderos interpretativos y centros de ciencia geológica que expliquen a los visitantes todo lo relacionado con esas rocas de mil 200 millones de años, de manera que las provincias Guanentina y Comunera vuelvan a ser un centro de iniciativas privadas, respaldadas por un Estado que no las abandone después del primer impulso.

Panachi seguramente seguirá siendo el foco principal, pero no debe ser el único eje que haga girar la industria del turismo en una región que está demandando desde hace rato una segunda ola de inversiones, más potente que la primera, que relance al cañón, entre nosotros mismos y ante Colombia y el mundo, como el poderoso polo turístico que es.

Si no se actúa pronto, si los inversionistas de todos los sectores económicos relacionados con el turismo en la zona no encuentran nuevas fuentes de desarrollo, también empezarán a disminuir y, a la vuelta de unos años, tendremos solo una pequeña muestra de lo que fue y lo que pudo ser uno de los frentes de progreso más importantes de Santander.

En pocas palabras, estamos frente a la necesidad de reactivar esta crucial zona del departamento y eso requiere voluntad política, presupuestos audaces, además de una modernización de la oferta turística, con visión de mediano y largo plazo. No podemos desperdiciar en ninguna proporción el inmenso potencial que tiene el Cañón del Chicamocha y para ello tenemos que pensar con audacia y con urgencia, porque si no invertimos hoy, mañana otro destino se habrá llevado el mercado, y el paisaje geográfico más imponente e importante de Colombia será apenas una postal del pasado.

Publicado por: Editorial

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