En los últimos cien años, los colombianos de manera paulatina e imperceptible, hemos modificado nuestra percepción de lo que llamamos realidad, desde la visión europea hacia la visión estadounidense. Fue así como la madre España y el referente francés se transformó en el sueño americano como aspiración de ricos y pobres.
Los Estados Unidos, convertidos en el poder absoluto en el mundo después de la segunda guerra mundial, y por cuenta de las contradicciones propias de su modelo económico y político , ha entrado en declive, arrastrando a los países europeos y retomando el control absoluto de los recursos del resto del continente americano, para financiar su déficit y las guerras que lo agravan, pues solo las armas, que han sido su principal argumento, pueden , desde su punto de razonamiento arrogante, garantizar su poderío ante el mundo multipolar emergente que le disputa el dominio comercial, científico, tecnológico e incluso armamentístico. De allí renace la amenaza nuclear, que marcó nuestros miedos de extinción durante la guerra fría y que de manera ingenua muchos creímos superada. Mientras surgía un nuevo poder en oriente, en occidente, apareció la inteligencia artificial (IA) con las siete magníficas, como se les conoce a las grandes corporaciones tecnológicas al servicio de la industria de la guerra y al objetivo fundamental de la acumulación de dinero, para lo cual es indispensable la acumulación del poder mediante la destrucción. En oriente, con código abierto, surgió en paralelo, en el marco de una estrategia de cooperación constructiva para el progreso, pero también para la defensa y la que pudiéramos llamar la aventura del espacio. La IA, como la energía nuclear, traen grandes beneficios en la misma medida que conllevan grandes riesgos. La IA, junto con las redes sociales, son herramientas eficaces para dominar el pensamiento y la voluntad de miles de millones de seres humanos.
Al igual que existen regulaciones para la tenencia, creación y proliferación de armas nucleares, la IA requiere de regulaciones restrictivas que modulen, en el marco del derecho internacional con la disposición a compartir el poder global y ponerla como un bien público. La IA, con estrategias de mercadeo, ha vendido exagerando lo que supuestamente puede llegar a hacer en el corto plazo, sin embargo, el mega data que la alimenta, está centralizada en servidores, cuya información solo está accesible en internet, al arbitrio de quienes la poseen, con el riesgo de anular la memoria y la historia a su voluntad de dominación, como bien nos lo advierte Assange. Al igual que los europeos, los latinoamericanos estamos casi condenados a entregar nuestros recursos y nuestros hombres a las guerras del imperio claudicante, incrédulos o indiferentes ante la espada de Damocles con doble filo que amenaza nuestras vidas: las armas nucleares y la mala utilización de la inteligencia artificial.












