Publicado por: Editorial
La economía de Santander se ha ganado su lugar con el esfuerzo de su gente y la visión de sus empresarios. En el último año, 2025, y en lo que va del presente, los indicadores han sido contundentes, mostrando un crecimiento sostenido que ha superado las medias nacionales en varios renglones clave. La diversificación de nuestra matriz productiva, que combina la tradición agroindustrial con el empuje del sector servicios y la perseverancia manufacturera, ha sido la defensa perfecta frente a las turbulencias externas.
Hay razones de sobra para explicar que seamos hoy la cuarta economía del país, pues la generación de empleo formal ha tenido un repunte innegable, la inversión extranjera directa ha encontrado en nuestras provincias un destino seguro y la confianza de los consumidores se refleja en cada transacción comercial que dinamiza nuestros municipios.
Pero este desempeño debe ser el punto de partida para una exigencia legítima frente al entrante presidente, Abelardo de la Espriella, quien recibió de los santandereanos el mandato popular más claro que ha tenido en la región un gobernante nacional en décadas. Esa amplia mayoría que lo respalda en el Departamento, combinada con una bancada amplia en el Congreso y la unidad de los gremios, puede ser lo que rompa el muro de la indiferencia centralista para reclamar, no privilegios, sino reciprocidad por el aporte que Santander hace al producto interno bruto del país.
Posiblemente este sea el momento más favorable para que las grandes necesidades de la región se conviertan en obras verdaderas. La ampliación y modernización de la vía a Bogotá debe ser una prioridad inaplazable, así como la carretera a Málaga, el Anillo Vial Externo Metropolitano y la vía hacia Rionegro, que son proyectos varias veces evaluados, diagnosticados e incumplidos por distintos gobiernos que pasaron por la Casa de Nariño. No podemos permitir que ocurra esto de nuevo, porque la competitividad de nuestra economía depende de la fluidez de nuestro transporte y la eficiencia de nuestra logística.
La expectativa favorable que hoy respira cada sector productivo se sustenta en un electorado que habló fuerte y claro, por lo que los comerciantes, los industriales, los agricultores, los prestadores de servicios, los pequeños y medianos empresarios ven en la llegada del nuevo mandatario una luz de esperanza, en tanto, si logramos que en Bogotá se escuche la voz de Santander con la misma claridad con la que se escuchó en las urnas, podremos dar el impulso definitivo a esos ambiciosos proyectos que nos convertirán en un vigoroso polo de desarrollo para Colombia.
Los santandereanos sabemos que cada día que pasa sin que se adelanten las obras de la vía a Bogotá es un día que perdemos en competitividad, y cada año que se retrasa el Anillo Vial Externo es un año que condenamos a nuestros ciudadanos a largas horas de tráfico y a nuestras empresas a costos innecesarios. La espera prolongada ha hecho que la frustración se haya acumulado, entre otras cosas, porque vemos cómo se desconocen nuestros méritos y aportes.










