Publicado por: Editorial
Nuevamente el país se encuentra frente a una decisión trascendental, como lo será el resultado de la primera vuelta para decidir quién será el presidente de la República en el período 2026-2030, y de la magnitud de la participación ciudadana se definirá, en buena medida, la legitimidad del mandato que se le entregue al próximo gobernante y, con ella, la solidez de nuestra democracia. Hay que entender, entonces, el riesgo de que, lo mismo en esta primera vuelta como en la segunda, que se efectuará el 21 de junio, si los votos son exiguos, serán una invitación al desconocimiento y al conflicto.
Solo con una participación masiva, con una sólida mayoría de ciudadanos en cada puesto de votación, se le puede otorgar a quien gane en cada una de las dos rondas la autoridad moral y la fortaleza política necesarias para gobernar, dado que solo mediante una alta concurrencia a las urnas se fortalece la institucionalidad y se alejan las posibilidades de inestabilidad que suelen acompañar procesos electorales deficientes, por lo que acudir a votar es el primer acto de respaldo a la república.
El desarrollo de las provincias de Santander, la asignación de regalías, la seguridad y los grandes proyectos viales del departamento dependen directamente del peso que muestren las urnas en la región. El llamado histórico es a derrotar el escepticismo, entendiendo que el voto es la herramienta directa para exigir la atención e inversión que el próximo gobierno nacional otorgará a Santander.
Visto de otra forma, quien se queda en casa por desidia o escepticismo renuncia a su cuota de poder, en tanto votar es no solamente uno de nuestros más importantes derechos, sino también el ejercicio más alto de la responsabilidad ciudadana, la herramienta directa, seria y contundente que tenemos para incidir en las grandes decisiones políticas del país. La abstención, por tanto, no debe ser una opción para quien entiende la importancia de participar democráticamente, pues quien introduce su voto en la urna ejerce una soberanía que costó muchas luchas y muchas vidas para conquistarse; luego, despreciarla es despreciarse como nación.
Pero miremos más de cerca, porque lo que está en riesgo no es únicamente la suerte del país; el futuro de Santander, su desarrollo, sus regalías, sus vías, su seguridad y el bienestar de sus hijos dependen de lo que decidan las urnas, pues de este resultado se derivarán inversiones, políticas públicas y la atención que el próximo gobierno preste a nuestra región. Si los santandereanos no votan, otros decidirán por nosotros y eso es inaceptable. Es fundamental que cada ciudadano de Bucaramanga, su área metropolitana, Barrancabermeja, San Gil y cada rincón del departamento exprese su idea de futuro, porque el destino regional está literalmente en juego.
Votar todos y hacerlo en paz y armonía es, además, un mensaje al mundo. Las miradas internacionales siguen con atención estos comicios y una jornada tranquila, con altísima participación y respeto mutuo, dejará claro cuánta es la fortaleza de nuestra democracia; demostrará que Colombia, a pesar de sus tormentas, tiene instituciones fuertes y una nación madura, capaz de resolver sus diferencias en las urnas y no en las calles. Ese mensaje de civilidad política vale más que cualquier discurso. Es la mejor carta de presentación internacional que podemos enviar y es una carta que podemos y debemos escribir entre todos.
Por todo ello es que hemos insistido desde este diario en que no hay espacio para la indiferencia. Hoy, más que nunca, las urnas deben ser evidencia de que somos una nación íntegra, consciente y participativa, un mensaje que podemos dar al mundo si no permitimos que la apatía, el pesimismo o el fastidio le roben la oportunidad de ser protagonista. Santander debe ir hoy a sufragar con intención constructiva, con esperanza firme, con la certeza de que cada voto cuenta.
El país que construiremos en lo sucesivo dependerá de cuántos colombianos y, en especial, cuántos santandereanos cumplen hoy con este deber fundamental. La legitimidad de las instituciones, el futuro de nuestra región y el prestigio de la nación están en las manos de todos los ciudadanos; por eso debemos llenar las urnas para que la voluntad mayoritaria se exprese con transparencia e irrefutable soberanía.










