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Editorial
Lunes 17 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Debemos crear la cultura de la prevención

Publicado por: Editorial

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Al ser consultado por este diario, el ingeniero Jaime Suárez, experto en suelos, ha sido enfático al señalar que el área metropolitana de Bucaramanga, ubicada en una zona de alta actividad sísmica, no puede mantenerse en la indiferencia. No intentan el ingeniero ni Vanguardia sembrar el pánico, sino entender que la naturaleza no negocia; la pregunta no es si ocurrirá un gran terremoto o cuándo, como suele especularse, sino qué tan preparados estamos para enfrentarlo, en caso de que ocurriera.

Lo cierto es que la meseta de Bucaramanga presenta una vulnerabilidad histórica que no puede ser ignorada y, en eso, las construcciones levantadas antes de 1984, año que marca el comienzo de la regulación sismorresistente colombiana, constituyen un elemento prioritario de atención, pues deben someterse a una evaluación rigurosa para determinar su capacidad de respuesta ante un evento de gran magnitud y trabajar en su reforzamiento estructural.

Un segundo foco de atención se encuentra en las laderas de alta pendiente, pues la topografía accidentada, combinada con la ocupación informal y la falta de estudios geotécnicos adecuados, crea una vulnerabilidad crítica, pues durante un sismo los suelos pueden amplificar las ondas o, peor aún, deslizarse, arrasando con viviendas y vidas.

Por ello, retomar proyectos de reubicación, basados en estudios científicos que determinen la inviabilidad de ciertos asentamientos, es una medida de prevención y de justicia social que no puede postergarse por más tiempo.

También aseguran los conocedores que deben atenderse los depósitos de coluviones en el norte de Bucaramanga, cuya inestabilidad potencial durante un movimiento sísmico representa una importante amenaza, en tanto estos materiales, producto de antiguos deslizamientos, pueden reactivarse con un terremoto, generando daños de gran envergadura.

La identificación precisa de estas zonas y la implementación de medidas de mitigación, que podrían incluir desde obras de ingeniería hasta la relocalización de las familias afectadas, también son pasos ineludibles para reducir el riesgo.

La preocupación de los expertos se extiende a todo el departamento, por lo que se requiere una visión metropolitana y departamental que articule esfuerzos para actualizar la microzonificación sísmica, un instrumento técnico que permitiría conocer con detalle cómo responderían los diferentes tipos de suelo en cada provincia y municipio, orientando así las decisiones sobre dónde construir, qué tipo de estructuras emplear y qué áreas deben ser objeto de reforzamiento prioritario, evitando la construcción sobre terrenos inestables.

Afortunadamente, Bucaramanga y su área metropolitana no parten de cero, pues cuentan con una red de acelerógrafos y con una normativa que, aunque debe mejorarse, establece los lineamientos básicos. La experiencia acumulada y la tecnología disponible son herramientas valiosas que, sin embargo, resultan inútiles si no se traducen en políticas públicas efectivas y en una cultura de prevención que involucre a toda la sociedad. No se trata de vivir atemorizados, sino de asumir con responsabilidad la realidad geológica que nos rodea.

La historia de Santander registra el terremoto que destruyó a Galán en 1869, un episodio que no debe ser una simple curiosidad, sino un recordatorio permanente de que la naturaleza puede, en segundos, deshacer el trabajo de generaciones. La diferencia entre aquella tragedia y lo que podría ocurrir en el futuro radica en la capacidad de anticipación y en la calidad de nuestra preparación.

En últimas, prepararse para un terremoto es un asunto de ciencia y planificación, que implica conocer el territorio que habitamos, entender sus características y tomar decisiones difíciles pero necesarias para salvaguardar la vida y el patrimonio de los ciudadanos.

El estudio profundo y la acción decidida que proponen los expertos constituyen una inversión en el futuro, para mejorar las expectativas de una comunidad que no debe ser víctima

Publicado por: Editorial

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