Un homenaje a esos guardianes de la alta montaña santandereana. Los Parameros transmiten respeto, entregan alma y enseñan que el turismo responsable no consiste solo en recorrer el páramo, sino en protegerlo.

Publicado por: Melissa García Neira
Cuando comenzó la pandemia, Juan Diego Pinzón, autor de estas fotografías, ya había terminado el libro El Viaje del Cóndor, publicado en noviembre de 2021. En medio de la incertidumbre, la necesidad de escapar de la realidad lo llevó a intensificar sus recorridos por los páramos de Santurbán y el Almorzadero. Cada kilómetro recorrido se transformó en una ruta de sanación y en la oportunidad de descubrir un nuevo universo: el de los “Parameros”.
Ellos son hombres y mujeres de las montañas que, en plena crisis, dejaron sus labores agrícolas para reinventarse como guías de alta montaña. En esa transición hallaron no solo un sustento, sino también una verdadera pasión. Guiaron a Juan Diego por los caminos más recónditos de la cordillera andina, compartieron su conocimiento ancestral y, sobre todo, abrieron las puertas de su corazón para mostrar que el páramo no es solo un paisaje: es una forma de vida.

Ellos son hombres y mujeres de las montañas que, en plena crisis, dejaron sus labores agrícolas para reinventarse como guías de alta montaña
Cada retrato de esta serie es un homenaje a esos guardianes de la alta montaña santandereana. Su labor va mucho más allá de llevar visitantes a conocer lagunas, frailejones y senderos asombrosos; ellos transmiten respeto, entregan alma y enseñan que el turismo responsable no consiste únicamente en recorrer, sino en proteger. Gracias a su trabajo, quienes llegan a estas tierras comprenden que cada paso en el páramo es un acto de gratitud hacia la naturaleza.

Los páramos de Santander, frágiles y majestuosos, han sido refugio en tiempos de violencia y hoy son escenario de esperanza. Durante décadas permanecieron ocultos por la clandestinidad del conflicto; ahora, gracias a los Parameros, se revelan como tesoros que deben preservarse frente a amenazas como la minería o el turismo masivo sin control.

Los páramos de Santander, frágiles y majestuosos, han sido refugio en tiempos de violencia y hoy son escenario de esperanza.

Ellos son el alma de estas montañas. Son la voz que recuerda que el agua nace en lo alto y que cuidarla es cuidar la vida. Son también el puente entre la tradición campesina y un futuro donde la sostenibilidad se convierte en oportunidad.

Con sus historias, sus pasos firmes y su amor profundo por la tierra, los Parameros se han transformado en el corazón palpitante de estos paisajes.
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Porque en cada frailejón que señalan, en cada laguna que resguardan y en cada sendero que guían, laten no solo los ecos de la montaña, sino también la certeza de que protegerla es un deber y un legado para las generaciones que vendrán.

Porque en cada frailejón que señalan, en cada laguna que resguardan y en cada sendero que guían, laten no solo los ecos de la montaña, sino también la certeza de que protegerla es un deber y un legado para las generaciones que vendrán.
Con sus historias, sus pasos firmes y su amor profundo por la tierra, los Parameros se han transformado en el corazón palpitante de estos paisajes.


















