Santander
Domingo 04 de enero de 2026 - 02:45 PM

Cacao artesanal: una receta que honra su origen

Consuelo Rueda, guardiana del cacao, hizo de su herencia familiar un oficio. D’monte une saber ancestral y sostenibilidad.

Fotomontaje/Vanguardia
Fotomontaje/Vanguardia

Compartir

Consuelo Rueda nació en el corregimiento de La Quitaz, en el municipio de La Belleza, Santander. Se define como “guardiana de la semilla del cacao”, un concepto que atraviesa su vida y su oficio.

Este rol, que ella misma se adjudicó, implica sembrar, cuidar y propagar la semilla. Además de transmitir los conocimientos sobre sus propiedades nutricionales y el valor de la cultura cacaotera.

Esa labor la realiza todos los días, entre el cultivo, en su proceso de transformación artesanal y al compartir sus saberes ancestrales.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

De ese esfuerzo nació D’monte, que la trasladó a San Vicente de Chucurí, capital cacaotera de Colombia. El cambio de territorio estuvo motivado por razones personales y por la convicción de que el proyecto podía crecer en una región históricamente ligada a este cultivo.

Junto a su esposo, Sandro Javier Muñoz, Consuelo decidió establecerse allí para sanar el cacao, tal como se hacía tradicionalmente. Desde ese entonces trabaja por vincular la gastronomía, naturaleza y educación.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Herencia cacaotera

La relación de Consuelo con el cacao se remonta a su infancia. Su abuela Encarnación Ruiz fue una figura clave en esa formación.

“Mi nonita Encarnación Ruiz siempre cultivó cacao. Había una economía muy diversa en ese entonces, como plátano, ganadería, café; pero ella era siempre constante con el cacao. Incluso cuando llegó la cultura cocalera, fue una de las pocas personas que no lo cambió. Vi en ella mucha gratitud, tranquilidad, dulzura y coraje. Su estabilidad influyó de gran forma en mí. Ver su calidad de vida y que con poco tenía lo suficiente; fue inspirador”.

De ella aprendió a entender el cacao como cultivo, arte y oportunidad.

Publicidad

“Y mi motivación para crearlo fue enseñarle a otras mujeres y niñas campesinas a transformar el cacao. Inicialmente lo llamé Escuela de mujeres empresarias cacaocultoras. Quería que aprendieran a aprovechar la tierra, sus productos y a ser más sostenibles. Me remito a la frase de mi padre, Sandalio Rueda: Educar a una mujer es darle una oportunidad a una familia”.

Ese aprendizaje se ve reflejado en la cocina de D’monte. Las recetas parten de saberes ancestrales de las matronas de Santander, Norte de Santander y Boyacá. Consuelo le ha agregado su toque para conquistar a los paladares que prefieren los sabores conocidos y para quienes deseen innovar.

“Estos saberes ancestrales se adecuaron a los consumidores actuales para poder ser competitivos, con un poco de tecnología actualizada, pero sin llegar a la industrialización”.

El resultado es un chocolate artesanal que permite que el sabor del cacao se quede con el protagonismo, pero acompañado de algunas frutas y semillas. Estas son seleccionadas según las necesidades y gustos de cada fanático del cacao.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Son chocolates sin azúcar añadida, pensados, incluso, para personas con diabetes o para quienes buscan una alimentación más equilibrada, según cuenta Consuelo.

Cada preparación responde a un proceso largo, que comienza en la semilla y termina en una tableta que conserva el carácter del cacao de origen.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Una experiencia gastronómica sostenible

D’monte comercializa sus productos, principalmente, en la finca; y en espacios como feriales locales, donde es posible contar la historia detrás del chocolate.

Publicidad

“No vendemos un producto, vendemos una finca y la experiencia entorno al cacao”, explica Consuelo.

Quienes visitan el lugar participan en un recorrido que permite comprender el tiempo, la dedicación y el esfuerzo que implica un alimento artesanal de calidad.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Consuelo es una santandereana que considera que la experiencia gastronómica se construye desde el contacto con la tierra. Por eso, los visitantes conocen el cultivo, el proceso de fermentación y secado y entienden cómo cada detalle influye en el sabor final.

La intención de esta mujer emprendedora es que quien conozca su producto valore lo que come y reconozca el trabajo campesino que hay detrás de cada bocado. Y aquí llega la sostenibilidad, el eje central de su proyecto.

Publicidad

En la finca se protege el agua, se rescatan y siembran plantas nativas, se practica una agricultura limpia sin agroquímicos agresivos y se implementa la economía circular. Uno de los mayores retos ha sido mantener la regla de cero plásticos.

Estas decisiones fueron tomadas para proteger la biodiversidad, garantizar un cacao sano y ser coherentes con la filosofía del proyecto.

Consuelo Rueda ha hecho del cacao una herramienta de transformación social. Ahora, su sueño es que D’monte sea reconocido sin perder su carácter artesanal.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad