Una avalancha en la vereda Sisota, en Guaca, dejó a 120 familias sin cultivos ni puentes, con pérdidas cercanas a $1.000 millones. El Ideam advierte que la temporada es atípica: hay nueve municipios en alerta roja por deslizamientos y, para diciembre, se espera tiempo seco por El Niño.

Publicado por: Katterine Dimas
“Ese día se me fue todo lo que en la vida había trabajado”. Así resume Sergio Andrés Basto Bautista la tragedia que vivió tras el fuerte aguacero y la avalancha que, en cuestión de minutos, arrasaron con todo a su paso en la zona rural de Guaca, uno de los 12 municipios de la provincia de García Rovira, en Santander, ubicado a unos 60 kilómetros de Bucaramanga por carretera.
Como él, otras 120 familias de la vereda Sisota Alto, ubicada unos 20 kilómetros del casco urbano de Guaca, también resultaron damnificadas por la emergencia.
A pesar de la lluvia que cayó durante toda la noche, la mañana del miércoles 21 de octubre transcurrió con tranquilidad y las labores del campo se desarrollaron con normalidad. Al mediodía, los obreros soltaron sus herramientas para ir a almorzar y, casi al mismo tiempo, el cielo se oscureció. Empezó a caer un aguacero que se prolongó por cerca de dos horas. Nadie imaginaba que la tragedia estaba a pocos minutos de asomar.

Pasada una hora, los caudales de las quebradas Sisota y La Verde comenzaron a crecer.
La quebrada Sisota, que divide los municipios de Guaca y San Andrés, suele tener un caudal reducido: según los habitantes, no supera los 15 o 20 centímetros de profundidad. Sin embargo, las intensas lluvias hicieron crecer su caudal entre un 400 % y un 500 %, lo que desbordó sus riberas entre 60 y 80 metros a cada lado.
Hacia las 3:00 de la tarde, el rugido del agua estremeció a los campesinos: la avalancha se aproximaba a las fincas. Fueron minutos. Bastaron para arrasar con todo.
Puentes, viviendas, acueductos y cultivos destruidos
El paso del agua dejó una huella que hoy, una semana después, los habitantes de Sisota recuerdan con lágrimas. Cinco puentes vehiculares resultaron afectados y otros cuatro, de uso peatonal y que conectan a las veredas de los municipios de Guaca y San Andrés, desaparecieron por completo; las comunidades quedaron con serias dificultades para moverse.
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La fuerza de la corriente también dejó cinco viviendas con daños en su infraestructura y cerca de tres kilómetros de cercas averiadas a lo largo de la ribera.
La lista de afectaciones sigue. Los acueductos veredales de Sisota Alto, Sisota Bajo, El Salado y Llano Grande también resultaron perjudicados. En el campo, las pérdidas se sienten en los cultivos de papa, ajo, pimentón y tomate, productos que mueven la economía de Guaca, mientras que la producción de trucha quedó completamente arrasada. Hasta una ruta turística resultó afectada: un obstáculo más para una zona queahora debe levantar su infraestructura, sus medios de subsistencia y sus caminos.
Sin agua en los estanques, el cultivo de peces corría el riesgo de morir por falta de oxígeno. Obreros de los ranchos aledaños y vecinos se juntaron en una cadena de ayuda improvisada: arrancaron rollos de manguera para llevar agua a los estanques y, entre el barro y la oscuridad, se dieron ánimo unos a otros.
“Ese miércoles hubo una avalancha. Yo la guerreé y luché con todas mis fuerzas para salvar los animales. Até mangueras a los árboles para garantizar el oxígeno en el pozo, porque de eso dependía mi sustento. Era lo único que tenía, mi proyecto de vida. Pero, lamentablemente, el río creció demasiado y alcanzó una profundidad de más de 10 metros”, relató a Vanguardia, con la voz entrecortada, Sergio Andrés, habitante de la vereda Sisota Alto.

Sergio Basto ha dedicado toda su vida a las labores del campo, pero en los últimos 10 años había volcado sus fuerzas, sus ahorros y todo su cariño en sacar adelante un proyecto de truchas. Hizo cuanto estuvo a su alcance por salvarlo; incluso le plantó cara a la naturaleza.
Ningún esfuerzo humano bastó para evitar la tragedia.
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“Estaba contento porque este año tenía una producción que nunca había tenido. Ya iba con 12.000 animales, de los cuales alcanzamos a vender 1.500 y se perdió todo. Estamos en bancarrota”, dice mientras camina entre los cuerpos escamosos y plateados que quedaron atrapados en un enorme pozo de lodo.
El líder comunal de Sisota también perdió sus cultivos
William Sepúlveda, presidente de la Junta de Acción Comunal de Sisota y de las juntas del municipio de Guaca, acompañaba desde temprano el arreglo de la vía que comunica a la comunidad. Por eso también presenció la tragedia. Él también resultó afectado.

“Es algo que lo uno nos agarra por sorpresa y lo otro, pues, con unos daños innumerables. Es una situación demasiado difícil; la zozobra que se vivió esa tarde y noche fue demasiado, ver cómo se iba parte de fincas”, recuerda el líder comunal.
Entre las 120 familias damnificadas, las pérdidas suman cerca de 1.000 millones de pesos, una cifra que podría aumentar. No es para menos: perdieron años de trabajo y esfuerzo. Hoy miran con gran preocupación el desolador panorama que les quedó.
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Sepúlveda agradece la colaboración de cada persona que llegó a ayudar. Aunque se considera un hombre fuerte, admite que esa noche no pudo contenerse: “Esa noche lloré de ver la situación tan terrible que se había presentado en mi vereda”.
Al día siguiente empezó el recuento de los daños, en el que Sepúlveda participó como presidente de las juntas. El recorrido lo llevó también a las veredas Llano Grande y El Salado, donde la creciente se llevó una bocatoma que abastece de agua a cultivos para riego y que además sirve para que el ganado y otros animales beban. Para la comunidad, el balance va más allá de lo económico.

Lo que más pesa es la pérdida de lo construido durante años”, expresa el líder.
Otras emergencias por lluvias en Guaca
Sin embargo, esta no es la primera vez que las lluvias golpean con tanta fuerza a los habitantes de Guaca. A inicios de octubre, el domingo 4 y el martes 6, dos intensas granizadas sorprendieron a los pobladores de las veredas Cupagá, Palmar y Cámara, en el área de influencia del páramo del Almorzadero. El hielo se acumuló sobre terrenos agrícolas y pastizales y dejó millonarios daños en cultivos de tomate, arveja, papa y maíz.
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En febrero de 2026, una tormenta eléctrica acompañada de granizada desató una emergencia en la vereda El Alizal, en inmediaciones del páramo de Santurbán. En esa ocasión, seis personas resultaron afectadas por la descarga de un rayo y tres de ellas debieron ser trasladadas a centros médicos.
García Rovira, golpeada por las lluvias
García Rovira es una de las provincias más afectadas por las lluvias. Pedro Conde, coordinador de la Sala de Crisis de la Oficina para la Gestión del Riesgo de Desastres de Santander, OGRD, lo resume con un mapa de emergencias.

“Las lluvias de los últimos días se han registrado con mayor intensidad en la provincia de García Rovira, hacia el páramo del Almorzadero. Casos especiales, la creciente súbita de la quebrada Sisota y la quebrada La Verde en el municipio de Guaca, el río El Congreso en el municipio de San Andrés y el río Servitá en el municipio de Cerrito”, asegura.
Durante la última semana, las lluvias y la acumulación de aguas de escorrentía provocaron afectaciones en varios corredores viales. “En Carcasí, el desbordamiento de algunas quebradas, como la del Colmillo, y la saturación de agua han generado daños en las vías. Asimismo, en la Troncal del Norte, entre Cerrito y Presidente, se presenta pérdida de banca”, explica Conde.
Estado de las vías en García Rovira
Diego Barajas, quien transita a diario estas vías, conoce mejor que nadie lo que significa recorrer García Rovira en tiempo de lluvias. Sabe que el peligro es inminente y que la precaución es la mejor virtud al volante.
“La vía más deteriorada de la provincia es la Curos-Málaga. Hace poco realizaron trabajos de raspado, pero el material utilizado contiene mucho barro y, cuando llueve, algunos tramos se vuelven peligrosos. Además, la carretera es muy angosta en varios sectores, al punto de que en algunos apenas puede pasar un vehículo. Esto dificulta especialmente la movilidad de los vehículos de carga y exige a los conductores transitar con mucha prudencia y paciencia”, sostiene.
Aunque asegura que hay tramos pavimentados y que se nota alguna inversión, aunque poca, también es enfático en señalar que constantemente se presenta “caída de rocas y árboles y deslizamientos de tierra por lluvias”.
En municipios como Molagavita, las dificultades aumentan durante la temporada de lluvias, cuando transitar por las carreteras se vuelve casi imposible. “Las vías están muy deterioradas y no se evidencia inversión, ni siquiera en la principal que conduce al municipio. En general, el estado de las carreteras es similar y las intervenciones que se han realizado son mínimas”, señala Barajas.
La la Oficina para la Gestión del Riesgo de Desastres de Santander señala que en Guaca las máquinas amarillas trabajan en la recuperación de los puentes y las vías golpeadas por la avenida torrencial de la quebrada Sisota. “Ya hubo una primera respuesta con maquinaria local que ahora se refuerza con equipos del departamento, y todavía hay pasos restringidos”, agrega Conde.
Temporada de lluvias en Santander
De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, Santander atraviesa la segunda temporada de lluvias del año, que se extendería hasta noviembre. Sin embargo, las precipitaciones presentan un comportamiento atípico, con aguaceros de gran intensidad y corta duración.

“En los primeros días de octubre tuvimos reportes de lluvias muy fuertes, de intensidad muy alta, pero de corta duración. Esto nos pone en un escenario con condiciones bastante atípicas”, explica la teniente coronel Diana Carolina Rueda Dimate, subdirectora de Meteorología del Ideam. Según la funcionaria, estas tormentas, algunas acompañadas de granizo, provocaron aumentos en los niveles de los ríos.
Pese a la intensidad de los aguaceros, el acumulado de las precipitaciones sigue por debajo de los valores esperados. La subdirectora atribuye este comportamiento a la incidencia del fenómeno de El Niño. “A pesar de que hemos tenido lluvias muy fuertes, con granizadas y tormentas eléctricas, el volumen total de agua no alcanza los valores esperados para estos escenarios”, señala. Esta situación, agrega, no es exclusiva de Santander, sino que se presenta en otras regiones del país.
En cuanto al panorama de riesgos, el Ideam reporta alertas por deslizamientos de tierra en 45 municipios del departamento. Además, se mantienen alertas hidrológicas naranjas en distintas cuencas, con condiciones menos críticas hacia los límites con Boyacá y el Altiplano Cundiboyacense.
La funcionaria advirtió que se esperan lluvias moderadas, al menos hasta el fin de semana, y que las precipitaciones recientes incrementaron el riesgo de deslizamientos.
El pronóstico del Ideam apunta a que noviembre continuará marcado por lluvias intensas, aunque de corta duración. Para diciembre, en cambio, se prevé una disminución de las precipitaciones, acompañada de temperaturas más altas y condiciones de tiempo seco, especialmente en el norte de Santander.
Ante este panorama, las familias damnificadas de Guaca hacen un llamado urgente al Gobierno departamental y nacional para que les brinden apoyo y acompañamiento. “Le agradezco a la Gobernación, a la Alcaldía, Gestión de Riesgos, a todos los que me puedan colaborar. Cualquier cosita que puedan ayudar para nosotros es una bendición”, expresa con esperanza Sergio Basto.














