Barrancabermeja
Domingo 18 de octubre de 2015 - 12:01 AM

Pablo Montoya quiere dejar huella en Barrancabermeja

Desde que el escritor barranqueño Pablo Montoya Campuzano se convirtió en uno de los ganadores del muy codiciado premio de literatura Rómulo Gallegos, acompañando en este palco de honor a renombrados literatos latinoamericanos como Fernando Vallejo, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, no ha dejado de recibir invitaciones.

Ayer el escritor barranqueño Pablo Montoya estuvo en Expoeventos, por invitación de la Cámara de Comercio de la ciudad, que lo invitó a la segundo homenaje del programa Héroes Nuestros Líderes con Visión. Algunos estudiantes de Comunicación aprovecharon para sacarle unas palabras al escritor. (Foto: Édgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL)
Ayer el escritor barranqueño Pablo Montoya estuvo en Expoeventos, por invitación de la Cámara de Comercio de la ciudad, que lo invitó a la segundo homenaje del programa Héroes Nuestros Líderes con Visión. Algunos estudiantes de Comunicación aprovecharon para sacarle unas palabras al escritor. (Foto: Édgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: SONIA LUZ SUÁREZ SALAZAR

Sin embargo, apartó un espacio en su agenda para venir a Barrancabermeja este fin de semana y compartir durante dos días la inigualable experiencia que le cambió la vida desde el pasado 4 de junio.

Aunque es oriundo de Barrancabermeja, Pablo Montoya tiene un marcado acento paisa. Delgado, con algunas canas en su cabellera que evidencian sus 52 años de edad y de una sencillez extraordinaria.

Sus padres vivieron en el Puerto Petrolero durante 16 años pues su papá trabajó como médico del Ejército. Eran 11 hermanos, de los cuales seis, incluido él, nacieron en Barrancabermeja. A los tres años su familia se trasladó a Medellín donde creció. En la capital antioqueña descubrió su amor por las letras a los siete años. Mientras los demás chicos jugaban el pequeño Pablo se inmiscuía en sus cuentos infantiles.

“En mi casa había televisión pero no se veía casi, mis papás no nos dejaban y en realidad nunca fui un televidente. Es más ahora, yo no veo televisión”, dijo.

Entre sus primeros acercamientos con la literatura estuvo la recordada serie de historietas ‘Kalimán, el hombre increíble’. Luego llegaron los cuentos y la literatura universal. Incluso la Biblia. Luego de terminados sus estudios secundarios llegó la época universitaria. Primero llegó la medicina, para seguir el legado de su familia; luego la música sedujo sus aspiraciones.

“Viví ocho años en Tunja donde estudié música. Allí me gané los primeros premios por escribir cuentos, que fueron muy importantes porque me estimularon y me indicaban que tenía talento para esto. En realidad vivir de la literatura es muy difícil en este país y yo en esa época vivía de la música, interpretando la flauta traversa en la Banda Sinfónica de Vientos de Boyacá”, relató Montoya.

Aunque no le daba para vivir, la escritura sí seguía muy presente en su vida. Primero con los tradicionales poemas de amor y cuentos de espantos que inspiran a los adolescentes y luego con las recopilaciones de historias sobre músicos, que retrataba su realidad más cercana.

“Escribí un cuento sobre un clarinetista viejito, de un pueblo de Antioquia y con ese cuento me gané un concurso en Tunja. Eso dio pie a que yo empezara a escribir con más seriedad un conjunto de cuentos musicales y que se me convirtió en un libro al cabo de varios años que se llama ‘La sinfónica y otros cuentos musicales’”.

Era la década del 80 y había otra realidad que inquietaba a Pablo Montoya. La de la violencia urbana que arreciaba en Colombia y, en especial, en Medellín, que llevó al escritor a construir otra de sus primeras obras que se llama ‘Cuentos de Niquía (barrio del municipio de Bello, Antioquia)’.

Movido por su verdadera pasión, inició un pregrado en Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás a distancia. Gracias a varios amigos músicos que tenía en París logró viajar al Viejo Continente para seguir con la maestría y el doctorado en Literatura.

“Durante mi estancia en París publiqué los libros ‘Cuentos de Niquía’ (1996) y ‘Habitantes’. Logré publicar cinco libros allí”, comentó el escritor.

El resto es historia. Volvió a Colombia, fue contratado como profesor de Literatura por la Universidad de Antioquia y el premio Rómulo Gallegos reconoció su arduo trabajo construido con décadas de dedicación y pasión por las letras.

Tríptico de la infamia

La obra cumbre, hasta el momento, de Pablo Montoya nació en 1995 cuando era estudiante del doctora en literatura en Francia.

“En esa época descubrí los pintores que son los protagonistas de Tríptico de la Infamia’. París es una ciudad en donde hay mucha información del siglo XVI, pero no pensaba que iba a escribir una novela”, dijo el autor.

Durante casi dos décadas la idea dio vueltas en su cabeza hasta que en 2011 se sentó a escribir, en una de sus visitas a París. Entre su trabajo como docente universitario en Colombia y sus viajes a Europa se dio la construcción literaria de ´Tríptico de la Infamia’ hasta su publicación en 2014.

Vuelve a su tierra

La de este fin de semana es la sexta visita del escritor Pablo Montoya a su natal Barrancaberemeja. Aunque no tiene recuerdos de infancia y su presencia en la ciudad siempre ha estado motivada por eventos de tipo académico, tiene la firme convicción de dejar un legado literario como homenaje al Puerto Petrolero.

“Si bien no tengo recuerdos de la ciudad, cuando vengo aquí siento una gran empatía con el medio, con la gente, con la naturaleza. Tengo amigos muy queridos aquí que conocí en Tunja. Con Barranca siempre he tenido la idea de escribir sobre el río Magdalena y las ciénagas que rodean la ciudad. Yo pienso que la riqueza de Barranca no es el petróleo, es el agua. Yo se que ahora si lo ofrezco a las instituciones locales me apoyarían, pero ahora estoy agobiado por muchos compromisos. Pero cuando pase esto, me gustaría hacer un libro acompañado con fotos”, agregó.

Publicado por: SONIA LUZ SUÁREZ SALAZAR

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