Una pareja de jaguares fue registrada en la ribera del río Carare, en zona rural del municipio de Puerto Parra (Santander). Defensores del medio ambiente hacen un llamado a proteger esta especie.

Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes
Una pareja de jaguares (un macho y una hembra) fue avistada en la mañana del pasado 24 junio en la ribera del río Carare, en zona rural del municipio de Puerto Parra, en el Magdalena Medio Santandereano. El hallazgo, registrado por cámaras trampa instaladas en predios que hacen parte de una empresa palmera, representa un hecho que devuelve la esperanza a quienes, desde hace años, luchan por conservar la vida silvestre en esta región del país.
Según Jhon Mario Flórez Salazar, director de la fundación Cuidar la tierra, la cual completa una década trabajando por la conservación de la especie, ver a dos jaguares juntos no es habitual, pues estos felinos son solitarios por naturaleza. Sin embargo, durante los periodos de celo, la pareja puede permanecer junta entre cinco y siete días, en un proceso de cortejo y apareamiento que podría dar origen a una nueva generación de hasta cuatro cachorros. Vea también: Invertirán $7.000 millones en paneles solares para colegios de Barrancabermeja
Ver una pareja de jaguares es muy raro: son solitarios
“Los jaguares son solitarios. Cuando un jaguar macho anda solo, la hembra también. La hembra anda acompañada sólo cuando tiene sus crías. El macho y la hembra solo se juntan para un proceso de apareamiento. Entonces, lo que vemos ahí es que ellos la hembra entra en celo, empieza a oler el orine en diferentes sectores, en árboles, o empieza a rasgar también los árboles, el macho igual. De un apareamiento, pueden salir hasta cuatro y cinco eh cuatro o dos o cuatro crías. Cuando hay una hembra y un macho juntos es porque están en ese proceso de cortejo que los lleva al apareamiento.”, explica.
Según el experto, el valor de este avistamiento crece aún más si se considera que la región del Magdalena Medio es una de las más fragmentadas del país por la presencia de grandes extensiones de ganado, cultivos de palma africana, infraestructura vial y petrolera, las cuales predominan en este tipo de ecosistemas. Le puede interesar: Inician obras de mejoramiento vial en el corregimiento El Llanito de Barrancabermeja
En medio de este panorama la vida silvestre se ve arrinconada a pequeños parches de bosque que sobreviven alrededor de microcuencas o en linderos de cultivos. Sin embargo, esos reducidos corredores todavía permiten el paso del jaguar y otras especies clave.
“No tenemos grandes selvas continuas como en la Amazonía. Aquí hablamos de retazos de bosque interconectados por la resiliencia de la fauna. Este avistamiento es importante en el sentido de que si hay reproducción estamos manteniendo las poblaciones de los felinos y porque a pesar de todos los retos, las amenazas, todas las dificultades que tienen estos animales para sobrevivir en medio de este paisaje productivo la especie sigue luchando por mantenerse y es muy importante que la comunidad entienda que la presencia de los jaguares garantiza nuestra propia subsistencia”, dijo. Les recomendamos: Líderes de Sabana de Torres exigen una mayor inclusión laboral
“Si no hay jaguar, no hay agua”
El jaguar cumple una función vital en el equilibrio de los ecosistemas, especialmente en lo que respecta al cuidado de las fuentes hídricas. En su papel de superdepredador, este felino ocupa la cima de la cadena alimenticia y actúa como un regulador natural de las poblaciones de otras especies, muchas de ellas herbívoras, que si se reproducen sin control pueden alterar de forma grave los procesos ecológicos.
“Decimos que el jaguar es la piel del agua, porque su presencia garantiza cuencas saludables. Controla poblaciones de herbívoros que, sin depredadores, destruyen la vegetación ribereña. Sin esa vegetación, el río se erosiona, se llena de sedimentos y termina perdiéndose. Por eso también decimos que, si no hay jaguares, no hay cuenca de agua, no hay agua, no hay finca, ni hay una producción.”, resaltó.
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Debido a su importancia el mensaje de la Fundación es a que la presencia del jaguar no se vea como una amenaza, sino como una oportunidad, en la que las comunidades deben jugar un papel clave en el cuidado y la preservación de la especie. “Tener un jaguar en su finca es un premio, no un castigo. Significa que hay agua, bosque, suelos sanos y resiliencia climática. Es una bendición para cualquier productor”, afirmó.
Cabe destacar que La Fundación Cuidar la Tierra ha documentado la presencia constante de jaguares en zonas como Barrancabermeja, Puerto Wilches, Cimitarra y Puerto Parra. En los últimos años, ha instalado cámaras trampa y diseñado un sistema de monitoreo comunitario con apoyo de campesinos y líderes locales. Fruto de ese trabajo, han sido identificados varios individuos a quienes han dado nombres como “Pipatón”, “Yuma”, “Princesa Yarima”, “Balam” “Luca”, inspirados en referentes culturales del territorio.
Ahora, la organización trabaja en una nueva etapa de investigación que consiste en la instalación de chips que permitan hacer rastreos satelitales de algunos ejemplares.














