Comunera
Miércoles 16 de junio de 2021 - 12:00 AM

Las abejas siguen muriendo envenenadas

Año a año en la provincia Comunera, especialmente en zona rural del Socorro, los apicultores sufren y denuncian la muerte de las abejas por envenenamiento, sin que pase nada. En las últimas dos semanas se presentaron dos casos.

 Cortesía / VANGUARDIA
Cortesía / VANGUARDIA

Publicado por: Jorge Rios

Año a año en la provincia Comunera, especialmente en zona rural del Socorro, los apicultores sufren y denuncian la muerte de las abejas por envenenamiento, sin que pase nada. En las últimas dos semanas se presentaron dos casos.

Uno de los mas recientes es el de la familia Rodríguez Blanco, en donde trabajar con los polinizadores en la producción de miel es ya una tradición.

Juliana, la menor de tres hermanas, una profesional en Comunicación Social y quien hoy acompaña a su papá en esta labor, intentando consolidar su marca de miel.

El sábado pasado (12 de junio), la visita de rutina al apiario se convirtió en uno de los momentos más dolorosos para los antes de estos animales. Una en una, fueron encontrando lo que quedaba de las colmenas. Las abejas estaban todas muertas.

De las 13 colmenas que tenían, solo una sobrevivió. En el piso habían cerca de 1 millón de abejas.

E de que algo malo había pasado se sintió antes de entrar al apiario. Todo estaba muy tranquilo, no había zumbidos, no se escuchaba nada, contó la joven apicultora. Al ingresar encontraron los cadáveres en cada una de las colmenas.

Lo más triste para esta familia es que ahí se perdieron 10 años de trabajo. Ahora tendrán que empezar de nuevo y esperar mínimo seis meses para que una colmena empiece a producir y sea lo suficientemente grande para dividirla y tener dos.

Otro de los casos es el de Juan Carlos Aguilar, que hace dos semanas repitió la situación que había vivido ya en 2020. Entre lágrimas, el apicultor contó que una vez más sus colmenas fueron exterminadas. “Llevo 30 años trabajando y estos últimos está terrible (...) Nos dejan sin nada”, confesó.

Las causas

Los apicultores tienen claro que sus abejas mueren por envenenamiento a causa de los químicos que usan en otros cultivos de la zona: café, cítricos y aguacates, que son los principales.

Un análisis hecho por la Corporación Autónoma de Santander el año pasado por una situación que se presentó justamente para estos tiempos determinó que el glifosato fue la causa de la muerte de los insectos.

“La culpa es de las grandes compañías y los almacenes que no le cuentan a los agricultores, la culpa no es de los campesinos”, defendió Aguilar.

Javier Ariza López, profesional de la CAS, explicó que muchos agricultores por desconocimiento siguen usando productos pesticidas, plaguicidas y demás elementos que tienen como base activa el cipronil, altamente tóxico para los polinizadores.

Una de las grandes preocupaciones del profesional es que solo se tiene en cuenta la muerte de las abejas, pero el impacto es mucho más alto porque en el medio ambiente hay muchos más polinizadores que no se cuentan y mueren también a causa de la aplicación de químicos. “Mueren abejones , avispas, cucarrones y muchos otros animales”, contextualizó Ariza.

En muchas ocasiones, los polinizadores se envenenan por los pesticidas que caen en la maleza o cultivos alternos, que si están floreciendo. “Una abeja que se envenene mata al resto de la colmena”, afirmó Aguilar.

Nadie responde

La desilusión de los productores de miel es muy grande frente a la actuación de las autoridades frente al tema. Aunque el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, y la CAS llegan hasta las fincas para tomar las muestras respectivas, el impacto de este procedimiento es casi nulo.

En la corporación ambiental, por ejemplo, a pesar de las denuncias hechas, no se elevó ninguna sanción el año pasado por este tema. Al vacío constitucional para la atención de estas situaciones, se suma la demora en los procedimientos.

A la familia Rodríguez los visitaron profesionales del ICA el lunes de esta semana para tomar las pruebas respectivas. Los resultados les serán entregados en varios meses porque las muestras eran enviadas a un laboratorio en el exterior. Es decir, que cuando lleguen, será casi imposible determinar si una finca usó el producto que sea referenciado en el estudio.

Henry Torres Salazar, un apicultor de Palmas del Socorro, sufrió la muerte de seis de los 10 colmenas hace dos meses y decidió no denunciar porque según el no va a pasar nada.

No está tan lejos de la verdad, porque como los mimos apicultores explican no hay una ley que obligue o garantice la protección de las abejas. En 2019 se presentó el proyecto de ley 103 con este propósito y, como suele suceder con las reglamentaciones destinadas a la protección ambiental, se hundió en el proceso.

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Publicado por: Jorge Rios

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