El problema no es nuevo. Desde 2008 la comunidad viene advirtiendo sobre las afectaciones en los cimientos del puente que comunica a dos zonas rurales de Oiba.

Publicado por: Jorge Rios
Ni las vallas, ni las cadenas ni la orden de cierre han logrado impedir que los habitantes de las veredas Poazaque y Santa Rita sigan utilizando el puente sobre el río Oibita. A pie, incluso acompañando a sus hijos, los pobladores continúan cruzando una estructura en riesgo de colapso, porque evitarla puede significar recorridos de hasta dos horas adicionales.
El problema no es nuevo. Desde 2008, la comunidad viene advirtiendo sobre las afectaciones en los cimientos del puente que comunica estas zonas rurales de Oiba. El deterioro continuó hasta llevar al cierre total y temporal de la estructura mediante la Resolución 1712 del 1 de octubre de 2025, atendiendo justamente una orden judicial en respuesta a una acción popular en la que se exige la recuperación de la vieja infraestructura.
Puente del río Oibita: un riesgo que viene desde 2008
El secretario de Planeación e Infraestructura de Oiba, Leandro Osorio, explicó que el puente está ubicado en una zona inundable y que el comportamiento del río Oibita ha generado procesos de socavación y hundimiento alrededor de sus apoyos.

La estructura cuenta con cimientos en concreto y una estructura metálica, pero las condiciones del terreno han provocado asentamientos y afectaciones que requieren una evaluación especializada.
El funcionario señaló que, tras una acción popular promovida por las juntas de acción comunal, el Tribunal Administrativo de Santander ordenó adoptar medidas preventivas y cerrar el paso.
La Administración habilitó rutas alternas para conectar con las escuelas de Santa Rita y San Miguel, y otra vía desde el puente peatonal de La Charca. Sin embargo, estas alternativas aumentan considerablemente los tiempos de desplazamiento.
La comunidad rural de Oiba sigue cruzando el puente
Omar Quitian, integrante del comité de obras de la vereda, aseguró que los habitantes continúan pasando por el puente pese al cierre porque necesitan movilizarse diariamente.
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El líder ciudadano dijo que son conscientes del riesgo porque, efectivamente, la estructura está a punto de colapsar, pero es que cada día serían cerca de dos horas más de recorrido para llegar al mismo punto y continuar al trabajo. “Estamos pasando por encima de las vallas, porque hay que dar una vuelta muy lejos”, explicó.
El dirigente cuestionó que el problema lleve tantos años sin una solución definitiva y recordó que ya han pasado cinco administraciones municipales desde que comenzaron las primeras afectaciones y no “pasa nada”, mientras el problema va en aumento.
La reparación del puente todavía está en estudio
La Alcaldía de Oiba proyecta invertir cerca de $75 millones en una consultoría que permitirá determinar qué hacer con la estructura. Los estudios deberán establecer si el puente puede ser rehabilitado, si debe desmontarse y construirse nuevamente en otro lugar o si requiere una intervención diferente.
El municipio también deberá realizar estudios de suelos, hidrología e ingeniería de detalle antes de definir una solución.
Mientras estos procesos avanzan, la administración local insiste en que el cierre debe ser respetado debido al riesgo existente. Incluso se han impuesto comparendos ante situaciones en las que particulares habrían retirado elementos instalados para impedir el paso.
El dilema, sin embargo, permanece: para la comunidad, cruzar el puente representa un riesgo, pero no utilizarlo significa enfrentar recorridos mucho más largos. Y mientras se define si la estructura puede salvarse o tendrá que ser reemplazada, los habitantes siguen pasando por ella.














