El calor suele ser la señal más evidente, pero no la única. Detrás del fenómeno de El Niño hay cambios que pueden afectar las lluvias, el agua disponible, los ecosistemas y aumentar el riesgo de incendios forestales.

Publicado por: Giselle Y. Jejen Herrera
No, el fenómeno de El Niño no ocurre todos los años y tampoco significa únicamente soportar días de calor intenso. Detrás de ese nombre hay un fenómeno climático que aparece, en promedio, cada dos a siete años y que comienza mucho antes de que las temperaturas se disparen.
Basta con que el océano Pacífico se caliente poco más de dos grados por encima de su comportamiento habitual para que empiecen a alterarse las lluvias, aumente el riesgo de sequías y los ecosistemas comiencen a sentir sus primeros efectos. Otros efectos: Así afecta el fenómeno de El Niño a las aves: ¿qué hacer para ayudarlas?
Pero, para entender por qué un cambio que parece tan pequeño puede tener consecuencias tan amplias, Vanguardia consultó a Luis Eduardo Pinzón Quiñones, biólogo con 15 años de experiencia en limnología, y a Andrés Yesid González Bueno, profesional especializado en gestión del riesgo ambiental de la CAS, quienes explicaron cómo se desarrolla este fenómeno y cuáles podrían ser sus principales efectos en Colombia.

Aunque sus efectos terminan sintiéndose en el país, el origen del fenómeno está a miles de kilómetros, más exactamente en el océano Pacífico. Pinzón explica que todo comienza cuando los vientos alisios se debilitan y el agua cálida deja de desplazarse como lo hace habitualmente, lo que incrementa la temperatura del océano y altera los patrones de lluvia en diferentes regiones del mundo.
Según el biólogo, mientras mayor sea el calentamiento del Pacífico, mayores pueden ser los efectos sobre el clima. Como referencia, recordó que uno de los episodios más intensos ocurrió en 2015, cuando la anomalía de la temperatura del océano superó los dos grados por encima del promedio y el fenómeno dejó impactos significativos en varios países, entre ellos Colombia.
Así se sienten sus efectos
Pero reducir El Niño a una temporada de calor sería quedarse con una parte de la historia. Porque sus efectos también pueden sentirse en la disponibilidad de agua, la agricultura, la generación de energía, la pesca y la salud de las personas.

Pinzón y González coinciden en que Santander deberá seguir de cerca la evolución del fenómeno, pues una temporada seca más intensa podría favorecer incendios forestales, especialmente en zonas como el Cañón del Chicamocha, además de disminuir el nivel de embalses, ríos y quebradas.
Por eso, insisten en que prepararse no significa esperar a que llegue la emergencia, sino adoptar desde ahora medidas como hacer un uso responsable del agua y la energía, evitar las quemas y mantenerse atentos a las recomendaciones de las autoridades.












