Región
Viernes 28 de septiembre de 2012 - 11:06 AM

Niños que viven con el silencio de sus padres

En Santander, el 92,79% de las personas con discapacidad auditiva no asiste a establecimientos educativos y el 83,98% no tiene ocupación económica. Quienes lograron estudiar y trabajar se convierten en luchadores. Como la familia Carrillo Sánchez, conformada por padres sordos e hijos oyentes.

Niños que viven con el silencio de sus padres (Foto: Nelson Díaz/ VANGUARDIA LIBERAL)
Niños que viven con el silencio de sus padres (Foto: Nelson Díaz/ VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: Sully Catherine Santos H.

La ‘r’ es la letra que más se escucha en las palabras que logra decir Claudia, la mujer sorda que más habla en la familia Carrillo Sánchez.

Claudia Milena Sánchez Álvarez no nació con discapacidad auditiva. Le dio meningitis a los dos años.

-Un día le digo: ¡llegó papá! Y me di cuenta que no le puso cuidado a lo que le hablé. Asegura Cecilia Álvarez, la mamá de Claudia.

Luego de llevarla al médico, Cecilia confirmó que su hija no volverá a oír. Eso fue hace 35 años.

Claudia señala objetos, mueve sus manos y exagera los gestos con el interés de que le entiendan. Todo al mismo tiempo y a una velocidad inimaginable.

Sergio Carrillo, su esposo, quien es sordo de nacimiento, se comunica mediante la lengua de señas. De su boca salen algunos sonidos.

Claudia se dirige a Sergio y espera que lea sus labios. La euforia de ella es asimilada por él. Un hombre de 51 años. Serio, pero que sonríe ante la gracia que transmite su esposa.

Según la fonoaudióloga, Tatiana Hernández Prada, las personas con discapacidad auditiva que logran hablar lo hacen en un tono fuerte, casi agresivo: “Esto es porque ellos no se escuchan. Solo sienten la vibración de los fonemas en la nariz, la garganta o el estómago”.

 

Con hijos oyentes

Vanesa y Santiago son los hijos de Claudia y Sergio. Ambos, oyentes que han aprendido la legua de señas y a leer los labios.

Vanesa dice que ha sido difícil asimilar que sus padres son sordos por los comentarios que ha escuchado en el colegio.

-Cuando estaba más pequeña hablaban de ellos. Eso ya no importa. Ahora creo que los necesito mucho y ellos a mí.

‘Santi’, de tres años, sabe que sus padres son sordos. Se dirige a ellos mostrándoles los juguetes. Él se acostumbró a llamar a su padre a la distancia con un grito que hace tambalear las paredes. Tan fuerte es, que Sergio, aunque no lo oye, sabe que su hijo lo busca.

Sergio se toca el estómago y dice que siente algo ahí. Es cuando ‘Santi’ ha pegado ese grito.

 

¿Educación de calidad?

Claudia y Sergio estudiaron en Centroabilitar hasta quinto primaria, en épocas distintas.

El bachillerato fue para Claudia un reto tras la inclusión a un colegio de mujeres sin discapacidad.

-Miraba al profesor. Le leía los labios. Preguntaba a mis compañeras si no entendía.

Claudia fue una estudiante destacada que no dejó que la angustia se apoderara de ella cuando tuvo que enfrentarse a las ecuaciones, la química y física, sin que hubiera alguien
que hablara su misma lengua.

Para Sergio fue un reto terminar el bachillerato. Sueño que alcanzó en compañía de su hija, quien dedicó los sábados de todo un año a acompañar a su padre a un centro de validación.

- Me acuerdo que era muy pequeña. Yo iba con él y traducía lo que el profesor decía en el salón.

Fue así como Vanesa se convirtió en su intérprete, con tan solo siete años.

La labor de los intérpretes es una de las necesidades básicas de la población sorda al momento de acceder a un colegio o institución de educación superior. Tienen derecho a recibir esta ayuda, según lo dispone la Ley 982 de 2005.

En Bucaramanga y su área metropolitana, solo dos colegios oficiales tienen intérpretes y modelos lingüísticos.

Ninguna de las instituciones de educación superior ofrece ese complemento educativo.

Centrabiliar, fusionado con el colegio oficial Camacho Carreño de Bucaramanga, tiene 72 niños sordos de sexto a undécimo grado.

Ahí, los estudiantes sordos han tenido dificultades para asimilar los conocimientos, porque se ha atrasado la contratación de alguno de los cinco intérpretes. Fanny Archila, rectora del Camacho Carreño, así lo afirma: “Cuando se termina el contrato en la Alcaldía nos dejan sin intérprete y para los docentes es duro hacerse entender”.

La Normal Superior de Bucaramanga recibe hace tres años a niños sordos para los grados de primaria. En la actualidad, hay 62 estudiantes en esta condición con cuatro modelos lingüísticos, que son profesores sordos.

Esta institución oficial tiene en un solo salón 27 niños de preescolar, primero, segundo y tercero primaria. Es decir, que en el aula se enseña a colorear, hacer trazos, al mismo tiempo que a sumar, multiplicar y dividir.

Para que el proceso de aprendizaje se cumpla en este espacio, un profesor se enfoca en los estudiantes de preescolar y primero, y otro, en los de segundo y tercero.

“Al gobierno no le importa”, señala una profesora sorda, sobre el hecho de que en un solo salón reciban clases niños de diferentes grados.

El Sena dispone de ocho centros de formación en Santander en los cuales hay dos intérpretes para 136 personas en condición de discapacidad auditiva, que se han preparado en el primer semestre de 2012 en diferentes programas de capacitación complementaria.

Los estudiantes sordos que asisten a alguna de las universidades de Santander lo hacen bajo las mismas condiciones de la población sin discapacidad, y si quieren un intérprete, lo deben llevar. Así lo confirma Henry Murillo, representante de la Red de Discapacidad de Santander.

En el departamento, según registro del Ministerio de la Protección Social, hay caracterizadas 51.069 personas en condición de discapacidad a agosto de 2012.

Del total, 9.110 son sordos y 8.445 de ellos no ha asistido a algún establecimiento educativo, lo que corresponde al 92,79%.

Finalizado el bachillerato, Claudia quiso formarse como odontóloga. Sin embargo, sus padres no tuvieron recursos económicos para pagar la universidad.

- No pude estudiar odontología.

Más adelante lo haré. Ahorrar, ahorrar para que mis hijos estudien primero. Afirma Claudia.

 

Viviendo con un salario mínimo

Claudia trabaja hace 10 años en una peluquería de Bucaramanga, en la que maquilla, arregla las uñas y el pelo. Gana 566.700 pesos mensuales, salario mínimo legal vigente a 2012.

Sergio hace siete años no trabaja. La última experiencia laboral la tuvo limpiando las piscinas olímpicas ubicadas en Bucaramanga.

- No me dan trabajo por la edad.

No obstante, Sergio asegura que nunca le han dicho que su condición de sordo es impedimento para desempeñar alguna labor, sin embargo no le han dado la oportunidad de trabajar.

- Yo le rogué al señor de las piscinas que le diera otra vez trabajo a Sergio cuando Claudia estaba embarazada de Santiago, pero aún así dijo que no. Asevera Cecilia.

Del total de la población sorda caracterizada en Santander, 7.651 no reporta ocupación económica, lo que representa el 83,98%.

Según el registro del Ministerio, en Santander 489 personas se ocupan en el sector agrícola, seguido de 232 en servicios y 135 en el comercio.

En Bucaramanga, hay seis profesionales con discapacidad auditiva que han aceptado trabajar como cajeros y empacadores de mercado en los centros comerciales.

Los profesionales sordos que no han aceptado ocupar funciones distintas a lo que estudiaron deciden trabajar como independientes.

“Los sordos, al igual que los demás profesionales, empiezan sin experiencia. Hay que darles la oportunidad de poner en práctica sus conocimientos. Las empresas sienten miedo porque creen que no se pueden comunicar.

Ellos son capaces”, asegura Laura Amparo Sánchez, presidente de la Asociación de Sordos de Santander.

Claudia estira cada mes los billetes para pagar el arriendo del apartamento, la alimentación, los servicios públicos, los elementos de aseo, la educación de sus hijos y hasta la de su hermana.

Sin embargo, la remuneración que recibe no le alcanza para suplir esas necesidades básicas. Ante eso, arregla las uñas a domicilio, después de salir del trabajo a las siete o las ocho de la noche, de lunes a sábado. El domingo también lo destina a obtener más recursos.

Mientras Claudia trabaja, Sergio se queda en casa preparando el almuerzo. Hace el aseo y lava la ropa.

 

Traduzco las novelas

En su moto, Sergio recoge a Claudia cuando sale del trabajo. Al llegar al apartamento donde viven, prenden el televisor de 12 pulgadas que está en una esquina.

Se sientan en las sillas de metal trenzadas con tiras de plástico. Entonces Vanesa comienza a traducirle a su mamá cada una de las novelas. Sin reparo, Claudia opina quién sale o continúa en un reality.

Sergio prefiere enterarse del fútbol y las noticias. Estas últimas se convierten en su calvario, debido a que ninguno de los dos canales privados nacionales utiliza el recuadro de interpretación de señas. Y el televisor de la familia no tiene el sistema de subtítulos que se habilita con el control.

Él logra informarse viendo el noticiero del mediodía del canal público de Santander, que cuenta con el recuadro de intérpretes de señas.

Sergio une sus dedos, hace un gesto de inconformismo y menciona:

-El recuadro es muy pequeño. La mitad del televisor debería tenerlo. Casi no lo veo y a veces no entiendo.

 

Sin tiempo para la diversión

El domingo, Vanesa, Santiago, Claudia, Sergio y Cecilia comparten el almuerzo sin pensar en la posibilidad de salir a pasear.

- Como ‘Santi’ prácticamente está conmigo entre semana. Lo traigo para que todos estemos juntos un rato. Dice Cecilia.

Entonces, como cualquier domingo, Claudia se maquilla los labios de un fucsia intenso. Los ojos de verde y amarillo brillante. Se pone tacones.

Alista su estuche y se dirige a alguna casa de Bucaramanga para pintar las uñas de una cliente a la que no le dejará de hablar con esa ‘r’ intensa.

Publicado por: Sully Catherine Santos H.

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