Región
Lunes 09 de diciembre de 2013 - 10:55 AM

Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado

¿Por qué la Iglesia Católica atacaba a los periódicos liberales durante los gobiernos conservadores de la primera mitad del siglo XX? Este es un recorrido por algunos de los momentos más significativos de esta época, cuando la censura y la muerte dividían a los pueblos.

Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

Esconderlos, leerlos en soledad, decir mentiras en el confesionario, jurar que alguien pasó y los dejó tirados en la puerta de la casa o ser declarado “furibundo clerófobo”. Repudiarlos, censurarlos, señalar a los que escribían en contra de los militantes conservadores o creer que el único que enseñaba verdades en la Tierra era el “Sumo Pontífice”.

¿Existían otras alternativas de búsqueda de la verdad en medio del ruido de la violencia bipartidista y clerical, en la primera mitad del siglo XX en Santander, distintas a leer un diario?

Sí, como recuerdan muchos. Dar discursos en plaza pública, tomar un fusil y unirse a una guerrilla liberal, protestar a los feudos, hacer uso de la violencia para eliminar al enemigo o financiar medios alternativos.

Hubo miles de víctimas, de destrozos, masacres y la caída de reconocidos caudillos, pugnas entre vanguardistas y tradicionalistas que le recuerdan a la región y al país que valían más los intereses de un partido político que la vida misma. Pero, especialmente, hubo censura al pensamiento, a la razón, a la disidencia, a la crítica y a la palabra escrita.

Fue el clero quien tachó a los redactores de periódicos como Vox Populi, El Demócrata o Vanguardia Liberal de “desequilibrados mentales” y el que se opuso a su circulación por medio de decretos expedidos por el Santo Oficio.

Ataques desmedidos

Roberto Franco entró desde muy joven a trabajar como linotipista al periódico Vanguardia Liberal, dirigido en aquel entonces por su fundador, Alejandro Galvis Galvis, reconocido intelectual, político y empresario santandereano. Recuerda que en las esquinas se ubicaban hombres que se hacían llamar detectives y que siempre invadían bajo cualquier pretexto las instalaciones de este medio liberal.

La Iglesia tenía mucho que ver. Roberto asegura que “la gente tenía que decirle al cura en el confesionario que leía la Vanguardia y era terrible. Por eso, muchos se metían los periódicos debajo de la ruana, para leerlos en las casas sin que nadie los viera”, asegura este testigo de la época.

Esto ocurría en los años cuarenta y cincuenta, pero la guerra de la Iglesia en contra de este medio inició en el mandato de Marco Fidel Suárez (1918 – 1921). Según narra Galvis Galvis en su libro ‘Memorias de un político’, el clero tomó ventaja, aprovechando que los liberales habían sido excluidos de cargos  públicos.

Desde los púlpitos y confesionarios, como se cuenta en el libro, se daba la consigna de no leer periódicos, ni permitir que nadie los leyera. Incluso, “era puesta como penitencia incinerar los periódicos”, asegura Galvis Galvis, concejal de Bucaramanga en aquellos años.

El sociólogo Emilio Arenas recuerda las historias de su mamá.

“Me contó que en una vivienda cerca a su casa existía un periódico llamado ‘El Demócrata’, fundado por liberales y voceros de la masonería, mucho antes que Vanguardia. Una noche el techo de esa casa se incendió y se quemó el periódico, ubicado al lado de la iglesia San Laureano, donde hoy se encuentra la plaza cívica Luis Carlos Galán”, recuerda Emilio.

“Ciudadanos aseguraron que el fuego fue lanzado desde la casa cural de San Laureano. Esto evidencia que se vivía una época al mejor estilo del oscurantismo”, añade este conocedor del tema.

La Iglesia pierde el poder

En 1886, cuando Rafael Núñez se alió con los conservadores y tomó el poder, se estableció una Constitución clerical. Tanto el poder y la educación pasó a manos de la Iglesia Católica.

Los desmanes contra la prensa se intensificaron hacia 1926, cuando Miguel Abadía Méndez aspira a la Presidencia de la República. La Iglesia hizo más evidente su apoyo al Partido Conservador, con consignas como: “El voto por el doctor Abadía Méndez es un voto por la paz”, recuerda Emilio Arenas, tras indagar en la revista ‘La Unidad Católica’, editada por la curia de Pamplona desde el siglo XIX.

El historiador Eduardo Durán asegura que la guerra contra los periódicos liberales se extendió hasta las escuelas, donde les era prohibido entrar y recibir educación a los hijos de liberales, pues el clero tenía el monopolio. “El Partido Conservador era el que les garantizaba estos privilegios a los sacerdotes. Todo era fraguado entre ambos”, añade Durán.

Termina el siglo XIX hasta llegar el XX. En 1930, cuando se pone fin a la hegemonía llamada la regeneración, instaurada por Núñez, los conservadores, por eventos tan lamentables como la masacre de las bananeras, pierden el poder y llegan los liberales, en cabeza de Enrique Olaya Herrera.  Es entonces cuando la Iglesia, acostumbrada al manejo absoluto del poder y la educación establece desde los púlpitos una guerra atroz contra el liberalismo, porque detrás de ellos estaba la masonería. “Se muestra una iglesia que trata de reconquistar el poder, manipulando a las masas incultas que la seguían, las cuales eran la mayoría”, añade Emilio Arenas.

Violencia bipartidista

En 1930, Alejandro Galvis Galvis es nombrado por el presidente Olaya Herrera como Gobernador de Santander. En esa época, se dieron algunos acercamientos con la iglesia; incluso, comenta Roberto Franco, un obispo visitó las instalaciones de Vanguardia Liberal.

El párroco de San Laureano también se acercó a Galvis Galvis, quien aseguró que buscaría la colaboración de la Iglesia para la realización de obras a favor del pueblo. Por medio de una nota escrita el 19 de agosto, respondió Galvis: “Los votos que usted hace son los mismo que yo formulo en lo íntimo de mi corazón de patriota, y espero que en el camino de procurar el bien de Santander, el apoyo moral de los señores obispos, vicarios y párrocos, y la fuerza moral de su sagrado ministerio no me falten en ninguna ocasión”.

El obispo de Pamplona también responde a las intenciones de Galvis. “Los gobiernos no pueden juzgarse por los propósitos sino por los actos que realizan”, comentó el prelado.

Los periódicos tuvieron que enfrentar la violencia bipartidista. Ya no se trataba solo de insultos desde los púlpitos, la censura llegó al punto de no permitir publicar cierta información en contra de los conservadores, de soportar altos impuestos decretados por el gobierno ‘godo’, cuyas sumas de dinero era casi imposible pagar. También se dio la persecución de policías a los  lectores, la presión contra los anunciadores y las requisas desmesuradas a las instalaciones de los periódicos, sin justificación.

El 6 de septiembre de 1952, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, tras conocerse el ataque a periódicos como El Espectador y El Tiempo, Alejandro Galvis Galvis pide al Ejército protección para Vanguardia Liberal, pero esto no ocurre. El coronel de la época, Pioquinto Rengifo, le dice que el gobernador de Santander, Pedro Nel Rueda Uribe, se lo prohibió.

Fue entonces cuando hombres encubiertos entraron a Vanguardia y dispararon sin importar quiénes estuvieran allí.

Galvis narra en ‘Memorias de un político’ que tres empleados quedaron gravemente heridos y que el resto se salvó porque el linotipista Roberto Franco apagó la luz  de la zona donde se ubicaba la prensa Dúplex.

DATOS

Detrás del Partido Conservador en Santander estaba el arzobispado de Pamplona, quien autorizaba las listas para la Asamblea en Santander.

1955 fue el año en el que se expidió el Decreto 1139, que sancionaba con prisión de dos a cinco años a quienes “correspondan con difamaciones la abnegación de las Fuerzas Armadas en campaña o en misiones de orden público”.

Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
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Cuando leer Vanguardia Liberal era pecado (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

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