Formador de generaciones y referente de la educación médica en Santander, el doctor Virgilio Galvis Ramírez recibirá este 18 de diciembre el título de Profesor Emérito de la Unab. Su legado reúne ciencia, docencia y liderazgo institucional en una vida consagrada a enseñar y transformar.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Cuando el Dr. Virgilio Galvis Ramírez habla de su trayectoria lo hace desde la sabiduría que le dan más de cuatro décadas de servicio a la educación médica, a la ciencia oftalmológica y a la salud pública en Colombia.
Y habla desde la vocación del formador, al citar a sus estudiantes, quienes resaltan “toda una vida dedicada a servir a la humanidad y a formar profesionales”. Y es que son más de 155 oftalmólogos formados, así como decenas de estudiantes de medicina, de enfermería, de ingeniería biomédica… Todos pasaron por su mirada rigurosa, su pulso quirúrgico y su convicción inquebrantable: enseñar no es solo parte de la profesión médica, “es su extensión más ética”.
Ayer jueves 18 de diciembre, a las 3:00 p.m., en el Auditorio Mayor del campus El Jardín, la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab) le fue otorgado el título de Profesor Emérito. Es la primera vez que la distinción recae en un docente del sector salud. Y para el Dr. Virgilio Galvis, el gesto tiene una carga simbólica innegociable. “Es la distinción más grande que he recibido desde el punto de vista universitario”, afirma. El título es, tanto un reconocimiento, como un retrato de lo que representa su figura: una vida académica que buscó hacer brillar a otros.

La historia académica del Dr. Galvis Ramírez no empieza ni termina en un quirófano. Su papel como fundador y primer decano de la Facultad de Medicina de la Unab lo ubica como una figura fundacional para la región. Fue él quien impulsó, desde la Junta Directiva de la universidad, la creación de una nueva Facultad de Ciencias de la Salud para Bucaramanga, con el respaldo de colegas como Juan Carlos Mantilla y líderes institucionales como Alfonso Gómez Gómez y Armando Puyana.
“La oftalmología era la cenicienta de la medicina. Había una necesidad sentida de ampliar el acceso”, recuerda. Con esa motivación inicial se incubó una facultad que hoy es referente nacional, con más de 900 médicos formados, 18 especialidades y superespecialidades, cuatro maestrías y un hospital universitario que crece con cada generación. “Fue una apuesta por el conocimiento, pero también por la equidad. Formar es también permitir acceso”, sostiene.
Desde entonces, su impronta pedagógica no ha dejado de transformarse. “Antes creíamos que guardarse el conocimiento era sinónimo de prestigio. Hoy, entregar el saber es un acto de generosidad y de responsabilidad”. En su visión, el conocimiento se comparte: “eso obliga a estudiar más, a mantenerse actualizado, a no quedarse atrás”, dice, reivindicando una pedagogía de la humildad.

Pero al Dr. Galvis Ramírez no le basta con formar expertos en cirugía ocular. Su preocupación, casi una obsesión, es formar médicos íntegros. “Puedo enseñar técnica, ciencia, disciplina… pero si no formamos seres humanos sensibles y éticos, ¿de qué sirve todo lo demás?”, se pregunta. Por eso insiste en hablar de “calidad y calidez”, dos palabras que, en su opinión, deberían guiar toda práctica médica, pero que a menudo se pierden en un sistema de salud que ha precarizado el tiempo y la atención, atendiendo a los pacientes “en cinco minutos” y por tarifas bajas, como lo dice sin rodeos. Su reclamo nace de una defensa radical del vínculo entre médico y paciente.
También se ha ocupado de tender puentes entre medicina y tecnología. Ha abierto campo para ingenieros biomédicos en sus centros de trabajo promoviendo equipos técnicos capaces de gestionar el sofisticado ecosistema de dispositivos clínicos que hoy demanda el ejercicio médico. “Tengo cuatro ingenieros biomédicos en mi equipo y cerca de diez egresados ya vinculados a instituciones. La tecnología no reemplaza al médico, pero puede potenciar su alcance si se forma bien”, apunta.
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Hasta junio de 2025, el Dr. Galvis se mantuvo activo como Profesor Asociado en la especialización de Oftalmología. Pero su compromiso con la investigación va más allá de la cátedra. Es Investigador Senior de Minciencias, con más de 130 publicaciones internacionales y un índice H de 28, uno de los más altos en su campo en Colombia. Uno de sus artículos, publicado en la revista Eye sobre factores proinflamatorios en el queratocono, ha sido “el más citado en la última década” entre los firmados por autores de instituciones colombianas, con más de 450 citaciones.
¿El secreto? Tal vez esté en una escena que lo define: a sus 70 años decidió cursar un doctorado en Ciencias de la Visión en la Universidad de Oviedo (España). Lo hizo por rigor: “¿Cómo voy a enseñar si no sigo aprendiendo?”, dice. Para él, liderar no es estar al frente sino estudiar más.
La carrera del Dr. Galvis Ramírez también tuvo una estación clave en el servicio público: fue Ministro de Salud de Colombia entre 1998 y 2000, en uno de los periodos más exigentes de la transformación del sistema. Esa experiencia lo marcó, pero nunca lo alejó de la academia. Hoy sigue liderando múltiples espacios como director general del Centro Oftalmológico Virgilio Galvis, presidente de la Junta Directiva de Foscal y director del Curso Internacional de Oftalmología Foscal.
Desde todos esos frentes sostiene una misma ética: la medicina como vocación de cuidado, la universidad como plataforma de transformación, la ciencia como método de vida.
Por su parte, el Dr. Juan José Rey, actual decano de Medicina de la Unab, dice sin rodeos: “Tener al doctor Galvis es tener un ejemplo de lo que se puede ser cuando el conocimiento, el liderazgo y la humildad se encuentran”. Y es que en cada testimonio sobre Galvis hay una constante: no impone, inspira, acompaña. Honra los homenajes que se le hacen con trabajo.
Si algo demuestra el perfil del Dr. Virgilio Galvis es que la medicina se enseña desde la cercanía. Y que en estos tiempos lo mejor que se puede hacer es formar bien y cuidar mejor.












