Dos enormes ‘explosiones’ color chocolate resaltan en el rostro de Stefany Zabaleta, en una mirada diáfana que expresa su emoción por la música, su familia, Dios y su reciente logro como semifinalista del concurso ‘La voz teens’, representando a Bucaramanga; sus sueños no tienen límites.

Publicado por: ELIZABETH DÍAZ SEPÚLVEDA
Una cadenita que sostiene la figura de una clave de sol reposa sobre el corazón de Stefany Zabaleta Solano, que con tan solo 17 años late con fuerza, repleto de sonidos, de ganas de llegar lejos y de transmitir muchas cosas buenas con su potente voz.
Ella es como aquellos seres que Eduardo Galeano describe en el ‘Libro de los abrazos’: “fuegos que arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.
Esa sería una de las características que más enorgullecen a Enrique Zabaleta, su papá, y quien la ha animado en su aventura desde los cinco años, cuando lo sorprendió con su propia ‘audición a ciegas’.
Entre risas y con una emoción contagiosa, ambos recuerdan que en ese entonces, en su natal Barrancabermeja, Stefany usaba un pequeño micrófono para expresar su talento, y desde otro punto de la casa don Enrique juraba que se trataba del disco de cualquier otra artista... pero no, era su niña, la menor de sus tres ‘herederos’, todos apasionados por la música.
“Lo de ella es innato, desde pequeñita la escuchaban hablar y luego cantar, y decían: ¿pero de dónde saca esa voz?; le decían que iba a ser grande”, expresa Martha Cecilia Solano, también orgullosa del “potente don que Dios le dio” a su hija.
Stefany llegó a la capital santandereana hace unos tres años junto con su familia, comerciante de tradición, “…por seguridad, a causa de amenazas; pero Bucaramanga nos acogió muy bien y nos abrió las puertas en todos los sentidos”. Ha sido en esta ‘Ciudad Bonita’ donde entre eventos, concursos y en grupos de alabanza de iglesias cristianas, su talento se ha fortalecido.
Muy espontánea
El Instituto Madre del Buen Consejo en Floridablanca fue testigo de esa magia en ella, quien siempre inquieta forjaba sus melodías al volarse de sus clases, “porque prefería ir al salón de música”.
“Una vez me senté en la batería, sin saber tocar, pero con los ritmos que tenía en la cabeza iba haciéndole, y un profesor que me escuchó me dijo: estamos buscando baterista, usted es la elegida”… una frase que le confirmada que lo suyo era estar entre sonidos.
Sin embargo, toda la energía que hay en su menudo cuerpo le alcanza para no descuidar sus obligaciones por este sueño.
“El que quiere puede”, dice al explicar sus retos para graduarse de bachiller, mientras estaba en el concurso.
“Me tocaba venir una semana a Bucaramanga para estudiar y hacer todos los trabajos del trimestre. Y así fue, trasnochando, con ayuda de mi mamá e incluso algunos los terminé en Bogotá”.
Con todo ese esfuerzo, cumplió con sus metas académicas. Al tiempo, forjó muchos admiradores.
“No sé de dónde salieron todos los grupos de fans, pero me encanta que explotan su creatividad conmigo, disfrutan este proceso tanto como yo”, menciona casi sin respirar, mostrando ‘memes’ y videos que le han hecho.
También impactó en el extranjero, recibiendo “comentarios de gente en Alemania, Venezuela, España, Ecuador, Argentina y México; incluso, una persona mandó una foto diciéndome: ¡Mira, me salí del trabajo solo para ver tu presentación! Y no era para menos, pues esta santandereana alcanzó a estar entre las seis mejores del concurso, luego de dejar a miles de jóvenes en el camino.
“No me imaginé generar tanta expectativa y amor en las personas, incluso de culturas diferentes; eso me permite pensar que mi música puede ser viral y llegar a todo el mundo”.
Aunque más que ser conocida, ella dice que “mi idea es crear una influencia positiva en los jóvenes; ver que la música puede lograr eso es maravilloso”.












