La familia de la mujer que ha sido una de las precursoras del periodismo de investigación en Colombia y que la crítica ha calificado como la novelista histórica más importante del país donó su obra para que se pueda consultar y leer por Internet a través de la plataforma de El Libro Total.



Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve
Como la recuerdan algunos de sus familiares y amigos cercanos, Silvia Galvis Ramírez era “una mujer de otro mundo”. El reconocido librero y propietario de la Librería Nacional, Felipe Ossa, sonríe porque dice que, al pensar en ella, vienen a su mente las conversaciones telefónicas que mantenía cada semana, para comentar los lanzamientos literarios o alguna idea. No dejaban de lado la agenda política nacional o alguna de las denuncias que ella hacía en las columnas semanales que escribía para el diario El Espectador, como tampoco se olvidaban de discutir detalles de la historia de Colombia que acuciosamente Silvia encontraba tras releer algún texto o documento que despertara su interés.
“Era una mujer hecha para las letras, la literatura, el periodismo, la crítica y, por supuesto, la historia”, asegura Ossa. Y era todo lo contrario en la vida cotidiana: “Para las cosas corrientes o que llaman normales, era absolutamente negada, y si me preguntan, era lo mejor que le podía pasar, afortunadamente, porque de lo contrario, nos hubiéramos perdido de una escritora excepcional”.
El inicio de toda la pasión por la escritura nació en Silvia desde pequeña, tras sufrir un trágico accidente a los cinco años, lo que la mantuvo postrada en una cama hasta casi llegar a los seis años, mientras recibía las curaciones de un médico de la familia. Su papá, Alejandro Galvis Galvis, la acompañaba cada noche con lecturas y mimos. Ella no volvió a ser la misma niña alegre que era, como tampoco lo siguió siendo su entorno. Los niños del barrio Bolarquí de Bucaramanga no volvieron a jugar al ‘toro candela’ en Navidad y mucho menos volvieron a tocar la pólvora, como afirma Constanza Olaya, amiga de la infancia: “Sufrió quemaduras de tercer grado en todo el estómago. A ella se le partió la vida en dos”.
Silvia heredó el legado de su papá: se convirtió en una mujer intelectual, la investigadora de archivos y de documentos históricos, la que se refugiaba en la obra de escritores como G. K. Chesterton y que se dejaba seducir por los escritos de Gabriel García Márquez, hasta descubrir que “no podía vivir sin un libro en la mano”. Esa imagen se inmortalizó en el corazón y el alma de su esposo, Alberto Donadío, que hasta estos días así la recuerda.
Su época de colegiala en los años 50 quedó plasmada en Sabor a mí (1995), uno de los primeros libros que escribió, en donde dejó ver que lo suyo era la escritura con humor y, de paso, el mejor antídoto para sobrevivir en la sociedad patriarcal en la que creció y de la que le costó tomar distancia, pues solo hasta los 30 años, cuando logró estudiar ciencias políticas en la Universidad de Los Andes, estando casada y siendo madre, encontró lo que quería: una voz propia que le permitiera decir lo que pensaba sobre los personajes que ella cuestionaba.
También escribió una obra de teatro titulada La caída de un ángel puro por culpa de un beso apasionado (1997), en donde Dios era mujer. Dice su hermana Hortensia Galvis Ramírez que todo esto también lo hacía porque la familia había sido “excomulgada”, y que si se llevara a las tablas hoy día sería un escándalo, porque “nada de eso ha cambiado en la actualidad”.
Logró salir de “la caverna”, como lo recuerda Sebastián Hiller Galvis, su hijo, ya que así se refería ella a la Bucaramanga mojigata de aquellos años, en donde las mujeres solo debían servir a un esposo, a unos hijos, y no permitirse pensar en mundo donde sus ideas tuvieran el valor de impactar a la sociedad.
Silvia Galvis logró en una época casi imposible llegar a espacios que hoy muchas mujeres ocupan con menos dificultad, lugares diseñados solo para darle la palabra hablada o escrita a los hombres, pero que, incluso, cambian el rumbo de un país: las columnas de opinión en los diarios nacionales. Y lo hizo con un estilo propio, de la mano del sarcasmo y los argumentos suficientes para incomodar a los políticos y amigos liberales de su padre.
La profesora de literatura de la Unab y doctora en semiótica, Érica Moreno, asegura que acercarse a la obra de Silvia es encontrarse con cartas, textos periodísticos y teóricos con una narración propia, tanto en primera persona como en tercera persona, como ocurre en su libro ¡Viva Cristo Rey!, donde se lee “una pluralidad de voces”, y es también una experiencia para encontrar un camino hacia el género policial, como ocurre en La mujer que sabía demasiado (2006). “En esta obra, ella hace uno de los mayores aportes a la literatura colombiana, porque especialmente construye unos personajes femeninos fuertes y de carácter, y que de alguna forma están diciendo algo. No son personajes desde una perspectiva con la que se ha construido el personaje femenino, es decir, desde la mirada de los escritores hombres, sino desde una mirada de mujer, y cómo estas han estado en la construcción de las políticas en Colombia”, asegura la docente.
En lo que coinciden críticos y lectores es que dejó la que puede considerarse una de las novelas históricas más importantes de los últimos tiempos: Soledad, conspiraciones y suspiros (2002), que tiene méritos no solo por lo que cuenta y como está escrita, sino porque la escribió en medio de una crisis de salud por la fatiga crónica que padecía desde hacía varios años. Soledad logró ver la luz junto a quien la creó: una Silvia sin aliento físico y de mirada triste, pero con la mente lúcida y las ideas firmes.
Y usted, estimado lector, si llegó a este punto de lo escrito, se preguntará por qué cuento todo esto. Lo hago para que ingrese a www.ellibrototal.com, digite en el buscador que ve en la parte superior de la página web el nombre de Silvia Galvis Ramírez y encuentre toda su obra. Incluso, allí se aloja un libro recién salido de imprenta: Sin Silvia, diario de viudez (2023), cuyo autor es Alberto Donadío, el compañero de viaje de esta grandiosa escritora y que nos la muestra en otra faceta: la intimidad de una mujer enamorada.
Dejo aquí lo que escribe Donadío en la primera página para que se anime a comenzar el viaje por la obra de Silvia: “La única manera de sobrevivir es pensar que estoy viviendo una larga temporada sin Silvia, que llevará a una larga crónica que tengo para contarle. ¿Qué sigue? La incomunicación. Perder la compañía que teníamos Silvia y yo que nos aislaba de mucha vulgaridad y de lo utilitario, lo insoportable”.














