La convivencia en cercanía constante puede exacerbar las tensiones, llevando a malentendidos y que, si no se manejan adecuadamente, pueden afectar negativamente la armonía y la calidad de vida en la comunidad.

Vivir en apartamentos en Bucaramanga, como en muchas otras ciudades, hace que la gente se enfrente a problemas dentro de los conjuntos cerrados o edificios. La convivencia, que debería ser un factor de armonía, a menudo se convierte en un terreno fértil para malentendidos.

De acuerdo con Ramiro Serrano Serrano, experto en propiedad horizontal, “este modelo de vivienda se enfrenta a un reto constante: la convivencia entre vecinos”.
“Si bien ofrece ventajas como la seguridad y el acceso a espacios comunes, las diferencias en estilos de vida, hábitos y expectativas pueden generar fricciones que, en ocasiones, desembocan en conflictos”, añade.
Por eso, él sostiene que “los principales problemas que aquejan a la convivencia en edificios de la capital santandereana obedecen a la falta de saber vivir en comunidad, el poco conocimiento de las normas, el mal uso y abuso de las áreas comunes; e incluso el trato irrespetuoso y abusivo hacia el personal de administración, portería o mantenimiento, sin contar que algunos vecinos se convierten en personas tóxicas en las relaciones sociales del edificio”.
Para Serrano Serrano, el problema más grave es la falta de formación para convivir con otros: “Nadie ha aprendido a convivir, cada uno cree que sus derechos y obligaciones son diferentes. La falta de empatía y la individualidad imperan en la vida en propiedad horizontal”.
Para mejorar la situación, Serrano Serrano propone una serie de medidas, tales como: implementar programas de capacitación para coopropietarios sobre la Ley de Propiedad Horizontal, la administración del edificio y la convivencia responsable; promover espacios de diálogo entre vecinos para la resolución de conflictos de forma pacífica y colaborativa; implementar mecanismos de comunicación eficientes para evitar malentendidos y fomentar la transparencia en la gestión del edificio; y fortalecer la cultura del respeto hacia los demás, especialmente hacia el personal del edificio.
“La vida en propiedad horizontal puede ser una experiencia positiva si se trabaja en conjunto para crear un ambiente de respeto, tolerancia y comunicación. Sólo a través de la educación y la voluntad de convivir en armonía, se puede construir una mejor calidad de vida para todos los habitantes de un edificio”, puntualizó el experto.
TOP 5 DE LOS PROBLEMAS DE VIVIR EN LA PROPIEDAD HORIZONTAL
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1. Contaminación auditiva: El ruido excesivo, ya sea por música, cultos, mascotas o simplemente por el tránsito habitual, es uno de los principales detonantes de las discusiones. La falta de sensibilidad hacia el descanso y la vida de los inquilinos, sobre todo durante la noche, genera estrés y tensión. ¿Qué hacer con un vecino ruidoso en un apartamento? El primer paso es hablar con los administradores del conjunto residencial, para que hagan cumplir la norma. De no lograrse una solución, los afectados pueden contactar a las autoridades; es decir, si la situación persiste y el ruido se convierte en un problema recurrente, hay que llamar a la Policía. Hágalo a través de la línea de emergencia # 123 o vaya al CAI más cercano para informar sobre esa situación.

2. Espacios comunes: Deben ser espacios compartidos. Desde zonas verdes, meticulosamente cuidadas, hasta modernos salones de usos múltiples, piscinas y áreas deportivas son claves para fomentar la interacción social y el esparcimiento. Sin embargo, el uso de tales áreas genera controversia cuando no se respetan las normas se interpretan de forma subjetiva. La falta de limpieza, la ocupación inadecuada o la realización de actividades no permitidas son motivos de conflicto. No obstante, el propietario tiene todo el derecho a usar áreas comunes como ascensores, jardines, albercas y pasillos, entre otros, siempre y cuando lo haga según el destino de los mismos y sin perjuicio del uso legítimo de los demás propietarios.

3. Mascotas: Aunque la ley expresa que la tenencia de mascotas es parte del derecho al desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar y, por ende, no se pueden prohibir, hay que decir que este es otro de los temas que más controversia causa dentro de la convivencia en la propiedad horizontal. Porque si bien cualquier persona es totalmente libre de tener mascotas en propiedad horizontal, la presencia de animales domésticos en la comunidad suele generar problemas relacionados con el ruido, las necesidades fisiológicas, las alergias o el comportamiento de los mismos. En ese caso, el problema no recae en los gatos, perros o demás mascotas, sino en la falta de responsabilidad de los dueños y la falta de normas claras que, al final, exacerban estas situaciones.

4. Obras: Las reformas en apartamentos pueden ser fuentes de conflictos debido al ruido, la suciedad, los horarios de trabajo y las posibles afecciones a las estructuras comunes. La deficiente comunicación, la escasa coordinación entre vecinos y la falta de control sobre las obras son ‘bombas de tiempo’. De igual forma, la ley obliga a los propietarios de cada unidad privada del conjunto residencial a no realizar acciones como remodelaciones que comprometan la seguridad o solidez del edificio o de la urbanización. En Bucaramanga, de manera particular, es frecuente que el dueño de un apartamento, por el hecho de ser propietario, decida hacer reformas en balcones, puertas e incluso pisos que, con bastante frecuencia, generan enfrentamientos entre los inquilinos.

5. Gastos comunitarios: La ley de propiedad horizontal establece que la comunidad de dueños de apartamentos está obligada a realizar los gastos necesarios para el adecuado sostenimiento y mantenimiento del inmueble, incluyendo los gastos de comunidad, a fin de conservar las partes comunes en buen estado. No obstante, la administración de la urbanización y la distribución de los gastos son otros de los puntos conflictivos entre dueños e inquilinos de viviendas de propiedad horizontal, y se dan casi que en todos los conjuntos. La falta de transparencia, las diferencias en las cuotas de participación, el uso inadecuado de los fondos y la gestión de las obras son factores que generan enfrentamientos y que incluso han llevado a inquilinos y administradores a pleitos legales.


















