Escudriñando en los archivos de fotos viejas y recurriendo a la memoria de quienes nos antecedieron, surgen las mil y una imágenes de la Bucaramanga del ayer. Nos hemos propuesto elaborar este álbum nostálgico para reconstruir, en letras de molde, el pasado de los sitios icónicos de la Ciudad Bonita.



Esta cara de la Puerta del Sol se mantuvo así hasta 1997. Después se construyó allí el actual Intercambiador.

Archivo / VANGUARDIA

Así se veía la puerta de entrada de Las Américas, a mediados de los años 60. En esa época no se había construido el pabellón sur de la Plaza Guarín. Abajo, en primer plano, se aprecia la Concentración Escolar Las Américas, por los lados de la calle 34. Hoy día esta edificación muestra una cara totalmente diferente.
Las panorámicas nos dan la visión de conjunto. Esas imágenes muestran el ‘todo’ y con ellas se comprenden mejor los ámbitos y las dimensiones; también sirven para ubicarnos en el ayer.
Durante los años 60, 70 y 80, fotógrafos de la talla del desaparecido Carlos A. Eslava se pusieron en la bonita tarea de mostrar, desde el cielo, varias estampas de la capital santandereana de esos tiempos.
Los resultados fueron postales que muestran panorámicas que, al detallarlas hoy, nos permiten ver cómo ha cambiado nuestra Bucaramanga.
En esta sección del ayer presentamos hoy interesantes panorámicas de sitios estratégicos de la meseta de Bucaramanga. Lo invitamos a apreciarlas más de cerca. Veamos:

La calle 36 del centro de Bucaramanga
Antes de 1953, la calle 36, el ‘corazón’ de Bucaramanga, tenía otro nombre. Se llamaba Roberto Urdaneta Arbeláez, en honor al político colombiano que se desempeñó como Presidente de la República, en calidad de designado, desde el 5 de noviembre de 1951 y hasta el 13 de junio de 1953, en reemplazo de Laureano Gómez. Tras el golpe militar del desaparecido Gustavo Rojas Pinilla, el nombre de la Calle 36 fue remplazado por el de Rafael Uribe Uribe; sin embargo, nadie la llama así. Tal y como se aprecia en esta fotografía, en ese entonces la calle 36 ‘moría’ a la altura del Club del Comercio.
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Barrio San Francisco de Bucaramanga

San Francisco de Asís, el fundador de la orden monástica y quien predicara la doctrina de la fraternidad, inspiró a un viejo vecindario para bautizar a su barrio con el nombre de este importante personaje del siglo XII. Es decir, la conformación de este sector está atada a la llegada de los Franciscanos a la capital santandereana, los cuales iniciaron su misión evangelizadora a comienzos del siglo pasado. Con la presencia eclesiástica, el sector se pobló y se fue consolidando hasta inscribir el nombre del monasterio en letras de molde y en la partida de bautismo del barrio San Francisco. Transcurría 1950, cuando la iglesia empezó a levantar sus ahora gigantes torres. El Parque Camacho Carreño, justo en la glorieta en donde se ‘besan’ los bulevares Bolívar y Santander, no tardó en convertirse después en otro de los sitios de atracción. Este barrio también llegó a ser famoso porque en sus amplios terrenos siempre se acondicionaban los circos que pisaban tierra bumanguesa.

Las Américas y Álvarez de Bucaramanga
El lugar era una finca de Alfredo Peña Puyana. Por allí pasaba un bus que colgaba un letrero verde de una ruta denominada Álvarez Restrepo. Contaba el desaparecido líder cívico Miguel Jaimes que la Junta de Acción Comunal nació en 1962, pero allí siempre existió el famoso barrio obrero Álvarez. Fue una época en la que los urbanizadores ofrecían pequeños lotes para familias de recursos modestos, con frentes inferiores a los 10 metros. Antes de que el barrio figurara como Las Américas, no existía la carrera 33, ni tampoco se había levantado la Plaza de Mercado de Guarín. Aún se recuerda que el terreno escogido para el centro de acopio fue un hermoso parque que engalanaba la entrada del sector. El nombre del sector se tomó como consecuencia del título que se le dio a la carrera 33, es decir: ‘Avenida de Las Américas’.

Así se veía el barrio Diamante II de Bucaramanga
Todo eso ocurrió hace 50 años. En una de las memorias de la fundación de la parroquia El Divino Salvador, se lee que el barrio se fundó sobre el terreno de una finca llamada El Palmar, la cual se extendía a lo largo de la Comuna Sur. Por allá en 1969, los urbanizadores Martínez Villalba y la constructora Cinca se dieron a la tarea de diseñar un barrio moderno y con los suficientes jardines para preservar el aire puro de las afueras de Bucaramanga. Y aunque las constructoras fueron las reales promotoras del barrio, hay que decir que la fundación también estuvo atada a la adecuación del templo de la zona. Con la entrega de dos manzanas y la posterior presencia de la comunidad de los Padres Salvatorianos, en 1969 se fortalecieron los lazos comunitarios, los cuales fueron liderados por un gran hombre: el padre Bernardo Ospina.

La Puerta del Sol de Bucaramanga
Varios cambios tuvo la Puerta del Sol durante las décadas de los 70, 80 y 90. Antes del moderno intercambiador que hoy vemos, que fuera inaugurado el 26 de septiembre de 1997, la zona era un complicado cruce vial.
Al principio por allí existía una glorieta que, al igual que las de los modelos de otras ciudades europeas, pretendía ser el denominado ‘Kilómetro Cero’ de la carretera que conducía a la Capital de la República. Es obvio que ese límite se perdió con el desarrollo y el crecimiento vertiginoso que tiempo después tuvo el área metropolitana.
La glorieta, a decir verdad, fue una ‘pequeña’ obra vial trazada por la Dirección de Tránsito de la época para mejorar el paso de vehículos que se movilizaría hacia la antigua vía a Floridablanca y después al gigante Viaducto García Cadena.
De la glorieta que permitía en segundos el paso por el sector, se abrieron algunas vías que con el tiempo se constituyeron en el centro vial de la ciudad. Hoy, dos puentes y sus vías anexas surgen con el fin de descongestionar la importante vía bumanguesa.


















