Bucaramanga
Viernes 01 de agosto de 2025 - 10:20 AM

Sacerdote pederasta en Santander: el caso que destapó más víctimas

El juicio contra el sacerdote Jaime Vargas Ruiz reveló nuevos casos de abuso en Santander. Una de sus víctimas narró a Vanguardia cómo logró llevarlo ante la justicia. Ya fue expulsado como sacerdote. Esta es la historia.

En el decreto de expulsión como sacerdote de la Iglesia Católica se consigna que Jaime Vargas Ruiz cometió “delictum contra sextum cum minore”, es decir, delitos contra el sexto mandamiento con menores, que escrito de forma directa sería delito de abuso sexual de menores.
En el decreto de expulsión como sacerdote de la Iglesia Católica se consigna que Jaime Vargas Ruiz cometió “delictum contra sextum cum minore”, es decir, delitos contra el sexto mandamiento con menores, que escrito de forma directa sería delito de abuso sexual de menores.

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Una parte de la vida de Jonathan Ortega Araque se desmoronó en el sórdido callejón del miedo desde los 16 años de edad. Ocurrió por culpa del presbítero Jaime Vargas Ruiz, vinculado a la Diócesis de Socorro y San Gil en Santander, en 2007. El eco perturbador de la violencia sexual de la que fue víctima enlodó sus días por varios años. Un día no soportó más. No regresó a su acostumbrada oscuridad; por el contrario, denunció al sacerdote pederasta. Desde esa decisión, todo cambió.

Jonathan Ortega se convirtió en la voz de las víctimas de los sacerdotes acusados de abusar sexualmente de menores de edad en Santander. El próximo 16 de octubre, a partir de las 10:00 a. m., en el Juzgado Penal de Moniquirá, Boyacá, se realizará la última audiencia del juicio oral contra Jaime Vargas Ruiz, de 53 años, dentro de un proceso que se inició con una denuncia en 2020 en San Gil. Cuatro años después, el 15 de mayo de 2023, la Fiscalía General de la Nación lo acusó del delito de acto sexual violento con menor de edad.

Catorce meses después de esa decisión, el 16 de julio de 2024, tras culminar un largo proceso ante el Tribunal Eclesiástico, la Diócesis de Socorro y San Gil decretó la expulsión del estado clerical del sacerdote al encontrarlo culpable de “delictum contra sextum cum minore”, traducido del latín (como quedó en el documento oficial de la Iglesia Católica), delitos contra el sexto mandamiento con menores, que escrito de forma directa sería delito de abuso sexual de menores.

El 8 de agosto pasado, en la Arquidiócesis de Bogotá, Jonathan Ortega Araque fue notificado de la decisión de expulsión como sacerdote de su victimario. En el acta quedó consignado que “la Diócesis de Socorro y San Gil pide perdón por lo sucedido y ofrece acogida, escucha y acompañamiento al señor Ortega, así como la disponibilidad para atender los requerimientos necesarios para adelantar un proceso de sanación espiritual y psicológica”. Esta decisión le generaría rechazo.

Jaime Vargas Ruiz, en la actualidad en libertad, notificó ante el Juzgado Penal de Moniquirá que reside en la zona de Teusaquillo de Bogotá. Durante su trayectoria eclesiástica ocupó el cargo de presidente del Tribunal Eclesiástico de Socorro y San Gil, a donde llegaban los procesos de curas pedófilos. También, fuentes en esta región de Santander lo recuerdan por “sus dotes de sanador”.

Jonathan Ortega, de 33 años de edad, en la actualidad docente, narró que tiene conocimiento de cuatro hombres que lo contactaron para narrar que también fueron abusados sexualmente cuando eran menores de edad por el entonces sacerdote en Santander, Jaime Vargas Ruiz. Vanguardia habló con Jonathan Ortega Araque sobre su lucha para que su caso no quede en la impunidad.

¿Cómo comienza el proceso penal contra el sacerdote Jaime Vargas Ruiz?

En este proceso llevo cinco años. Instauré la denuncia tanto en la Fiscalía General de la Nación como ante la Iglesia en marzo de 2020. En este tiempo logré que la Iglesia lo expulsara. También conseguí llevarlo a un juicio oral que se desarrolla en la actualidad. Esta es una victoria enorme, no solamente para mí, sino para todas las víctimas.

¿Hay más víctimas por abuso sexual de parte del entonces sacerdote Jaime Vargas Ruiz?

Es algo triste lo que voy a decir, pero así es en realidad. Gracias a la divulgación de este caso tenemos conocimiento de cuatro víctimas más de abuso por parte de Jaime Vargas Ruiz cuando fue sacerdote en la Diócesis de Socorro y San Gil. A ellos los estamos asesorando con mis abogados. Buscamos que todos estos casos no queden en la impunidad. Ayuda a sanar las heridas que los delitos que cometió este tipo no queden en la impunidad y pague por todo el daño hecho.

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El 16 de julio de 2014, tras culminar un largo proceso ante el Tribunal Eclesiástico, la Diócesis de Socorro y San Gil decretó la expulsión del estado clerical del presbítero Jaime Vargas Ruiz.
El 16 de julio de 2014, tras culminar un largo proceso ante el Tribunal Eclesiástico, la Diócesis de Socorro y San Gil decretó la expulsión del estado clerical del presbítero Jaime Vargas Ruiz.

¿Qué tan dispuestas están a seguir su ejemplo y denunciarlo?

Cada víctima tiene su propio proceso, no es algo homogéneo. Una de ellas está resuelta a denunciar; para las otras ese proceso no es tan fácil. Una de ellas, por ejemplo, quiere dejar todo en el pasado y lo único que me ha dicho es que está dispuesta a realizar una declaración, pero que no quiere entrar en ningún proceso legal.

¿De dónde son estas víctimas?

Tres de ellas son de Santander y una más en Bogotá. Todas somos víctimas de Jaime Vargas Ruiz cuando actuó como sacerdote en la Diócesis de San Gil y Socorro. Todos son hombres y los hechos ocurrieron cuando éramos menores de edad, es decir, teníamos una edad entre 15 y 17 años.

¿Sufrió la revictimización que padecen muchas víctimas en el país?

Sí. Lo más difícil de este proceso es la presión de la revictimización. Incluso todo el proceso es revictimizante. En todos lados donde uno va, siempre le piden que cuente qué pasó, que cuente cómo pasó. Si uno no tiene una red de apoyo, por ejemplo familiar, esa revictimización es muy difícil de superar. ¿Qué sucedió en mi caso? Cuento con una red de apoyo que me ayudó. Mi familia ha sido fundamental. Cuando les informé, solo tuve palabras de ánimo.

Usted fue víctima de abuso sexual siendo menor de edad. ¿Cómo tomó la decisión de denunciar ya siendo un adulto?

Desde que sucedieron los hechos hasta hoy, ocurrieron en mi vida afectiva una cantidad de problemas. Siempre sentí que ese episodio que me pasó estaba mal, y que era la respuesta a mi situación. Sin embargo, nunca hice nada por asumirlo. Hasta que llega un día en que decido parar. En ese momento ya contaba con las herramientas conceptuales, con el apoyo de mi familia, con los recursos para buscar justicia. Ahí es cuando me decido. En ese momento ya no le tengo miedo al sacerdote Jaime Vargas Ruiz. No le tengo miedo a la Iglesia. No le tengo miedo a lo que dirá la gente. Esa decisión es la que me ha sostenido para seguir con este proceso. En ese momento vencí el miedo de pensar que no tendría el dinero para pagar el proceso judicial. No me importó. Quería que se hiciera justicia.

Esa fortaleza de la que habla, y esa red de apoyo, lamentablemente no la tienen todas las víctimas de abuso sexual.

De acuerdo. Por ejemplo, Jaime Vargas Ruiz fue el padrino de confirmación de un muchacho en San Gil. A pesar de esta situación, la familia de esta persona está rezando para que a Jaime Vargas Ruiz le vaya bien en el juicio y no sea condenado. Una de las mayores trabas que esta víctima ha tenido para instaurar la denuncia es su propia familia. En la familia de esta persona, Jaime Vargas Ruiz es prácticamente un santo, un semidiós, no sé cómo decirlo. Esta es una historia bastante dolorosa de la cual no puedo dar muchos detalles.

En el decreto de expulsión como sacerdote de la Iglesia Católica se consigna que Jaime Vargas Ruiz cometió “delictum contra sextum cum minore”, es decir, delitos contra el sexto mandamiento con menores, que escrito de forma directa sería delito de abuso sexual de menores.
En el decreto de expulsión como sacerdote de la Iglesia Católica se consigna que Jaime Vargas Ruiz cometió “delictum contra sextum cum minore”, es decir, delitos contra el sexto mandamiento con menores, que escrito de forma directa sería delito de abuso sexual de menores.

En un mundo donde las redes sociales dominan la mayor parte de la conversación, ¿cómo ha sido el impacto de su caso?

Me culpan, por increíble que parezca. Por ejemplo, afirman: “un muchacho de 15 años ya sabe lo que hace”. La gente culpa no al abusador, sino al menor de edad abusado. Estas personas no se ponen a pensar que, por ejemplo, cuando ocurrió mi abuso, acababa de cumplir 16 años y Jaime Vargas Ruiz tenía 36 años. Él se aprovechó de su condición de sacerdote, de esa figura de confianza, para cometer actos delictivos. Y lo peor, cuando escucho los testimonios de las otras cuatro víctimas, lo único que puedo pensar es que este tipo se hizo sacerdote para ocultar sus aberraciones.

¿Qué agresión considera en particular que ha sido la más dolorosa?

De manera reciente, en estas últimas audiencias de juicio oral, le tomaron un pantallazo a mi foto de perfil y mi número telefónico. Personas subieron la información en varios grupos de WhatsApp. ¿Con qué intención? No creo que haya sido con el objetivo de decir: “ahí está una víctima, llámenlo para darle ánimo”. No fue para eso. A raíz de esta situación he recibido llamadas y mensajes muy fuertes.

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¿Qué le dicen en los mensajes?

Discúlpeme la expresión: que hablo mierda, que todo lo que he dicho es mentira, que yo seré el único perjudicado de estas denuncias. Varias cosas más que no merecen decirse, pero no tengo miedo. Sin embargo, sí me gustaría contarle un caso doloroso que me ocurrió. Antes de trabajar en el sector oficial, fui docente en un colegio privado que era católico. En ese momento, la investigación, tanto en la Iglesia como en la Fiscalía, estaba en su punto más intenso, es decir, me citaban a declaración dos y tres veces por semana. Yo vivo en Bogotá, pero el proceso penal contra Jaime Vargas Ruiz está radicado ante un juez de Moniquirá. Usted entenderá que el viaje hasta allí desde Bogotá no es sencillo, es decir, se requiere tiempo para los desplazamientos. En ese entonces me tocaba pedir muchos permisos para esas diligencias. Cuando la rectora, que era una monja, se percató del proceso penal y en la Iglesia, me llama. La rectora me aclara que no me iba a preguntar detalles del caso, que ella solamente me iba a pedir un favor. Entonces la monja me dice: “No me vaya a tocar las niñas”. Esas fueron sus exactas palabras. Es decir, como a mí me violaron, soy un violador en potencia para mucha gente en este país. Eso fue muy doloroso.

El 16 de julio de 2014, tras culminar un largo proceso ante el Tribunal Eclesiástico, la Diócesis de Socorro y San Gil decretó la expulsión del estado clerical del presbítero Jaime Vargas Ruiz.
El 16 de julio de 2014, tras culminar un largo proceso ante el Tribunal Eclesiástico, la Diócesis de Socorro y San Gil decretó la expulsión del estado clerical del presbítero Jaime Vargas Ruiz.

¿Qué le contestó a la rectora?

En ese momento le dije: “No, no, no, no señora. No piense eso de mí”. Fue lo único que le atiné a decirle. Ante la sociedad me convierten en un violador en potencia. Es doloroso que piensen eso. Esto es lo que soportamos las víctimas de abuso sexual. Eso es algo de lo que Jaime Vargas Ruiz, cuando abusaba de los muchachos, no se le pasaba por la cabeza. Él nunca pensó que nos estaba destruyendo la vida. No tengo problema en que mi nombre salga en todos lados. Me parece bien que le ponga rostro a esta historia. Puede que existan personas que me miren con sospecha y piensen que soy un violador, y entren en pánico porque además soy profesor. Pero mi labor como docente busca también proteger a estos muchachos, y más aún porque trabajo en sectores difíciles de Bogotá. Mi trabajo busca ayudarlos. Quiero ser para ellos un garante de sus derechos.

Gracias a la divulgación de este caso tenemos conocimiento de cuatro víctimas más de abuso por parte de Jaime Vargas Ruiz cuando fue sacerdote en la Diócesis de Socorro y San Gil.
Gracias a la divulgación de este caso tenemos conocimiento de cuatro víctimas más de abuso por parte de Jaime Vargas Ruiz cuando fue sacerdote en la Diócesis de Socorro y San Gil.

Cuando el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Bogotá expulsa de la Iglesia al sacerdote Jaime Vargas Ruiz, le hablan de una reparación espiritual. ¿Hubo tal reparación?

Eso fue indignante. Nunca he solicitado un centavo a la Iglesia. Eso lo pueden preguntar a la Arquidiócesis de Bogotá, a la Diócesis de Socorro y Gil, a todo el mundo. Nunca se le ha pedido dinero a la Iglesia, jamás, por ningún medio, ni oral, ni escrito, ni a través de abogados. Por ejemplo, en el acta de expulsión de Jaime Vargas Ruiz por parte del Tribunal Eclesiástico de Bogotá por abuso de menores de edad, ellos piden perdón y se comprometen a que estos casos no se repitan. Además, dicen que ponen a mi disposición toda la ayuda para mi reparación psicológica y espiritual, es decir, me enviarán padrenuestros. Yo hubiese estado contento si solamente me dijeran: “Mire, señor Jonathan, le pedimos perdón, tenga la confianza de que el tipo ya no es cura. Punto”.

¿Y lo hará, es decir, pedirá una reparación económica?

Estoy considerando con mis abogados seriamente entablar un proceso de reparación civil, extracontractual, a la que tengo derecho. ¿Por qué? En estos casos hay una cosa que se llama violencia simbólica, y es, por ejemplo, el caso de la rectora del colegio. Eso es una forma de agredirme. Otra forma de agredirme es decirme: “Si usted necesita que recemos por usted, rezamos. Si usted necesita psicólogo, le ponemos psicólogo, pero no pida más”. Yo no necesito nada de la Iglesia.

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¿Pero estos procesos ante el Vaticano y la Fiscalía cuestan dinero?

Le voy a contar una infidencia. He gastado recursos por cantidades. Tengo varios abogados y tuve, además, que contratar un abogado eclesiástico en Roma. No son económicos, pero nunca le he pedido nada a la Iglesia.

¿Para qué contrató un abogado en el Vaticano?

En un momento del proceso, cuando Jaime Vargas Ruiz se vio contra la espada y la pared, pidió a la Iglesia católica ‘la baja’ como sacerdote. La Diócesis de Socorro y San Gil estaba dando trámite a esa solicitud de retiro. Yo moví cielo y tierra. Contraté un abogado en Roma para evitarlo. Lo que buscaba es que Jaime Vargas Ruiz dejara el sacerdocio, no por voluntad propia, sino condenado por violador. Quería que quedara esa constancia. Y así efectivamente sucedió. Efectivamente se la negaron. Esa fue una victoria.

Sacerdote de Santander, expulsado de la Iglesia, a juicio por abuso sexual de un menor de edad
Sacerdote de Santander, expulsado de la Iglesia, a juicio por abuso sexual de un menor de edad

Cuando el juez dicte sentencia en las próximas semanas contra Jaime Vargas Ruiz, ¿se cerrará ya una parte importante de su reclamo de justicia o aún quedan cosas pendientes por resolver?

En eso pienso constantemente, y más cuando se acercan las fechas de las audiencias. Estamos ya en la etapa de juicio oral, es decir, el proceso va muy avanzado. Lo que viene ahora es la sentencia y la ejecución de la pena. Debe ir a la cárcel. Después de que ocurra eso, me he preguntado muchas veces qué haré con mi vida. ¿Qué pienso? Que con la decisión del juez, una parte de mi reclamo de justicia estará cerrado. Ese señor me hizo daño cuando acababa de cumplir 16 años. Inicié el proceso penal cuando tenía 29 años. Él me arrebató 13 años de tranquilidad y lleva consumiéndome los últimos cinco años de paz.

¿Y qué hará después?

Quiero plantearme nuevos proyectos en mi vida, sabiendo que alejé a ese depredador de las calles. Que lo alejé de los muchachos y de las familias que confían en la Iglesia.

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¿Volverá a la Iglesia Católica?

Tengo vínculo cero con todo lo religioso. Es una tara mental. Así fue la forma como el dolor evolucionó en mí. No hago parte de nada religioso. Me cuesta bastante, bastante el tema religioso. No volveré a una misa

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