Son grandes los retos que enfrentará el próximo alcalde de Bucaramanga en materia de movilidad vehicular.

Según las personas encuestadas por el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, BMCV, la movilidad es uno de los frentes más urgentes y estratégicos en los que el próximo alcalde deberá concentrar acciones inmediatas.
¡Y no es para menos! La ciudadanía percibe un panorama cada vez más crítico, atravesado por problemas estructurales que no solo dificultan el desplazamiento diario, sino que deterioran de manera sostenida la calidad de vida y la dinámica económica del área metropolitana.
El crecimiento acelerado del parque automotor —particularmente de motocicletas y vehículos particulares— ha intensificado la congestión, los niveles de contaminación y los tiempos de viaje. Todo ello compromete la competitividad regional, pues afecta la productividad y eleva los costos asociados al transporte.
A este escenario se suma la crisis del Sistema Integrado de Transporte Masivo, que enfrenta una marcada reducción de pasajeros, la expansión del mototaxismo como alternativa informal y la ausencia de una reestructuración de fondo que permita recuperar la confianza de los usuarios. La falta de rutas eficientes, la incertidumbre financiera del sistema y la disminución de la velocidad operacional han debilitado su rol como eje articulador de la movilidad urbana.
La reducción del porcentaje de los pasajeros del Metrolínea, a juicio del citado programa, “refleja la creciente desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema, debido a su mala calidad”.
El reto, según el mismo programa BMCV, consiste en “rediseñar el transporte público para recuperar la confianza ciudadana y promover una movilidad más sostenible”.
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Aunque el Plan Maestro de Movilidad 2022–2037 propone lineamientos claros para ordenar y modernizar el tránsito en el área metropolitana, la brecha entre la planificación y la ejecución es evidente.
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El auge de las motocicletas —que ya alcanzan 44 por cada 100 habitantes, una de las tasas más altas del país— refleja una motorización acelerada, impulsada por la ausencia de alternativas sostenibles y accesibles para los ciudadanos. El resultado es una ciudad cada vez más dependiente de medios individuales, en detrimento del transporte público, la caminabilidad y la infraestructura para bicicletas.
Parque automotor

En 2024, el parque automotor llegó a 962.551 vehículos, con un crecimiento sostenido cercano al 5% anual desde 2016, mientras la infraestructura vial permanece prácticamente inalterada.
Este desequilibrio ha incrementado la presión sobre los corredores principales, generando cuellos de botella recurrentes en zonas como Cabecera, Real de Minas, Ciudadela, la autopista Floridablanca–Bucaramanga y los accesos a Girón y Piedecuesta.
De allí que la próxima administración esté llamada a implementar medidas integrales que fortalezcan el transporte público, regulen el uso de la motocicleta, prioricen la seguridad vial y protejan a peatones y ciclistas.

¿Y las obras?
Entre las obras clave que demandan ejecución se encuentran el acceso norte del viaducto La Novena, el par vial de las calles 55 y 56, la doble calzada La Virgen–La Cemento y el corredor Café Madrid–Palenque.
La construcción y puesta en marcha de estos proyectos será determinante para descongestionar la red vial, mejorar la conectividad y avanzar hacia un modelo de movilidad más eficiente, seguro y sostenible para el área metropolitana.














