Según la encuesta del programa ‘Cómo Vamos’, seis de cada 10 habitantes del área metropolitana de Bucaramanga no están de acuerdo con la conformación del Distrito Metropolitano.
El debate sobre una eventual creación del Distrito en el Área Metropolitana de Bucaramanga, AMB, continúa generando más dudas que entusiasmo entre los ciudadanos.
Así lo revela la más reciente encuesta del programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, BMCV, la cual evidencia que la propuesta de unificar la administración de Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta no logra convencer a la mayoría de la población.

En Bucaramanga, el 56,9 % de los encuestados manifiesta su desacuerdo con la iniciativa. Apenas el 20,4 % la respalda, mientras que el 22,7 % aún no tiene una posición definida. Es decir, más de la mitad de la población la rechaza, lo que se traduce en un respaldo claramente insuficiente. (Le puede interesar: ¿Cómo vamos en calidad de vida? Así respondieron ciudadanos del área metropolitana de Bucaramanga)
La tendencia se repite en los demás municipios. En Floridablanca, el 59,8 % se opone; en Girón, el rechazo asciende al 62,0%; y en Piedecuesta alcanza el 65,9 %, el nivel más alto de desaprobación.
En todos los casos, el apoyo no supera una cuarta parte de la población, lo que consolida un panorama adverso para la iniciativa.
En conjunto, los resultados dibujan un patrón contundente: predomina el rechazo, acompañado de un segmento importante de ciudadanos que aún no ha formado una opinión. Este escenario refleja no solo escepticismo, sino también una evidente desconexión frente a la idea de una administración unificada para el área metropolitana.
Hablan los expertos

A pesar de este panorama, diversos expertos insisten en que el debate no debería cerrarse. La analista urbana Yany León Castañeda sostiene que “un Distrito Metropolitano podría traducirse en beneficios concretos, como una mejor organización del territorio, un uso más eficiente de los recursos públicos y una toma de decisiones más articulada en temas clave como movilidad y seguridad”.
No obstante, también reconoce la existencia de temores legítimos. “Muchas personas perciben que sus municipios podrían perder autonomía; otras desconfían de la concentración del poder en una sola administración. Persisten, además, dudas sobre la distribución de los recursos y sobre si todos los territorios resultarían realmente beneficiados. A esto se suma un problema estructural: la falta de información clara y accesible sobre lo que implicaría este cambio”, advierte.
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Por su parte, el abogado y columnista de Vanguardia, Sergio Arenas plantea que “el bajo nivel de apoyo no necesariamente responde a un rechazo plenamente informado”. A su juicio, “una parte significativa de la ciudadanía no se opone por convicción, sino por desconocimiento del modelo”.

Arenas advierte, además, una contradicción de fondo. Mientras el 76,2 % de las personas afirma sentirse satisfecha viviendo en el área metropolitana, persisten problemas estructurales como la inseguridad, las dificultades de empleo y la desconfianza institucional. Esto sugiere que la ciudadanía ha aprendido a convivir con limitaciones que, con el tiempo, ha terminado por normalizar.
En ese contexto, la discusión trasciende la opinión puntual sobre el Distrito Metropolitano y se adentra en una lógica de adaptación social: “Cuando los problemas se vuelven parte de la rutina, dejan de percibirse como urgentes; y aquello que no se considera urgente difícilmente se exige transformar”, precisa Arenas.
Bajo esta lógica, el Distrito Metropolitano surge como una posible respuesta a fallas hoy naturalizadas: la falta de coordinación entre municipios, la fragmentación en la planeación territorial y la limitada capacidad para ejecutar proyectos de gran impacto. Sin embargo, estas soluciones no han logrado posicionarse con claridad en la conversación ciudadana.
“El problema de fondo, entonces, es que la ciudadanía no está evaluando una propuesta plenamente comprendida, sino una idea difusa. Se discute una reforma estructural sin un entendimiento común sobre sus efectos reales, y en ese vacío el rechazo tiende a crecer más por inercia que por análisis”, agrega Arenas.
A esto se suma un elemento crítico: la desconexión entre la discusión técnica y la vida cotidiana. Para muchos ciudadanos, el Distrito Metropolitano suena lejano, abstracto y poco tangible. “Mientras no se traduzca en beneficios concretos y comprensibles, seguirá percibiéndose como una transformación ajena, más institucional que real”, advierte.
Por ello, el reto no consiste únicamente en defender la propuesta, sino en hacerla comprensible. Sin pedagogía pública, sin ejemplos claros y sin una narrativa cercana, cualquier transformación de esta magnitud seguirá enfrentando resistencia, incluso si resulta viable o necesaria.
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Vale decir que la encuesta fue realizada por Eureka Group S.A.S., con una muestra de 1.547 personas en los cuatro municipios del área, incluyendo hombres y mujeres mayores de 18 años de todos los estratos socioeconómicos.
Por ahora, la discusión sigue abierta. Sin embargo, el mensaje es inequívoco: hoy por hoy, la idea de un Distrito Metropolitano carece del respaldo ciudadano necesario, lo que evidencia una profunda brecha entre la propuesta institucional y la percepción pública.
El asunto no es únicamente técnico ni político, sino, sobre todo, comunicativo. Se trata de lograr que la ciudadanía entienda qué está en juego y por qué esta iniciativa podría incidir de manera directa en su vida cotidiana.

El programa BMCV resalta la participación de los ciudadanos en esta encuesta, así como el respaldo de sus aliados -Prosantander, Cámara de Comercio, Vanguardia, Vanti, la UNAB, la UIS y la Fundación Corona-, que hicieron posible este ejercicio de participación ciudadana.

















