Bucaramanga
Domingo 24 de mayo de 2026 - 07:26 PM

Puentes del miedo: cuando cruzarlos es más peligroso que lanzarse a la calle

El ‘abandono en altura’: Radiografía de los puentes peatonales que están convertidos en escenarios de miedo, peligro y basura.

Bucaramanga desde arriba: puentes que ya no conectan, ahora amenazan. Este es el paso elevado que comunica al Parque de los Niños con la Normal Superior. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Bucaramanga desde arriba: puentes que ya no conectan, ahora amenazan. Este es el paso elevado que comunica al Parque de los Niños con la Normal Superior. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

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En Bucaramanga y su área metropolitana, cada vez más ciudadanos toman una decisión extrema: arriesgar la vida cruzando avenidas entre carros y motocicletas antes que utilizar los puentes peatonales. Y es que lo que debería ser una infraestructura básica de protección se ha convertido en un símbolo evidente de abandono, inseguridad y negligencia, mientras la confianza ciudadana se erosiona al mismo ritmo que el concreto.

Un recorrido realizado por esta Redacción permitió constatar una realidad que se repite en distintos puntos del área: puentes peatonales convertidos en espacios sin control, ocupados por habitantes en situación de calle, llenos de basura, algunos usados como dormitorios improvisados y otros incluso como sanitarios públicos.

El lamentable estado de los puentes peatonales. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
El lamentable estado de los puentes peatonales. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Las estructuras presentan barandas oxidadas, pisos agrietados, hierros expuestos, acumulación de basura y maleza que crece entre las juntas del concreto. En varios casos, ni siquiera cumplen con condiciones mínimas de accesibilidad para adultos mayores, personas con discapacidad o ciclistas, lo que evidencia no solo el deterioro físico, sino también la ausencia de una planeación urbana efectiva. (Le puede interesar: Fallo judicial había ordenado intervenir el puente peatonal de Girón antes de la tragedia)

“Yo no me subo ahí ni loca. Prefiero esperar y cruzar corriendo, porque arriba lo pueden robar a uno o hasta matar”, afirmó Sandra Rueda, habitante del barrio San Miguel, quien denuncia que la inseguridad ha terminado por expulsar a los peatones de estos espacios.

El panorama no es aislado. Se repite en múltiples sectores del área metropolitana. La radiografía es preocupante: puentes peligrosos, en evidente abandono y con infraestructura deteriorada.

La negligencia, además, parece haberse normalizado. El riesgo peatonal no solo ha sido ignorado durante años, sino también incorporado a la rutina urbana por falta de intervención oportuna.

Es tremendo el desaseo que se aprecia en los puentes peatonales. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Es tremendo el desaseo que se aprecia en los puentes peatonales. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

A ello se suma una percepción de inseguridad cada vez más arraigada. Para muchos ciudadanos, estos pasos elevados dejaron de ser espacios de protección y se han convertido en escenarios de riesgo constante. “Eso parece tierra de nadie. De noche uno escucha gritos, ve gente consumiendo drogas alucinógenas y nadie hace nada”, relató Luis Fernando Gómez, comerciante del sector de Campohermoso, quien asegura que el temor también ha impactado el comercio del sector de la Comuna 5 de Bucaramanga.

El miedo, además, tiene respaldo en las percepciones ciudadanas. Según testimonios recogidos en el área metropolitana, el temor a ser asaltado al cruzar un puente peatonal ocupa el tercer lugar entre las principales preocupaciones de la gente, solo superado por el riesgo de un sicariato o de caer en la pobreza. Un dato que evidencia la profunda fractura entre la infraestructura pública y la confianza ciudadana.

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Puente de Morrorrico

Puente peatonal de Morrorrico: Hierro y corrosión amenazan a esta estructura, al oriente de la meseta de Bucaramanga. ¡Qué peligro para los estudiantes! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Puente peatonal de Morrorrico: Hierro y corrosión amenazan a esta estructura, al oriente de la meseta de Bucaramanga. ¡Qué peligro para los estudiantes! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

El puente peatonal del barrio Morrorrico se ha convertido, de manera literal, en un peligro para cualquier persona que intente cruzarlo. Su estructura metálica muestra un deterioro evidente que no solo genera incomodidad, sino una sensación constante de riesgo. Quienes lo usan describen el paso como una experiencia de incertidumbre, donde en cada escalón podría ser un paso mortal.

Los hierros retorcidos que sobresalen en distintos puntos del puente representan una amenaza directa para los peatones. Más que un simple desgaste por el tiempo, parecen piezas a punto de desprenderse que podrían provocar una tragedia en cualquier momento.

El temor no es exagerado: basta con observar la estructura para entender la vulnerabilidad en la que se encuentra.

Este 'oxidado' paso peatonal, situado en Morrorrico, es paso obligado de estudiantes. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Este 'oxidado' paso peatonal, situado en Morrorrico, es paso obligado de estudiantes. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Lo más preocupante es que este puente es clave para la movilidad peatonal de los estudiantes del Colegio Oriente de Miraflores, quienes deben atravesarlo diariamente para llegar a sus clases. Niños y jóvenes se ven forzados a transitar por una infraestructura que, lejos de garantizar seguridad, parece ponerla en entredicho. Esta situación genera indignación entre padres de familia y vecinos del sector.

Según denuncia la comunidad, este puente peatonal lleva aproximadamente 15 años sin recibir el mantenimiento adecuado. La falta de intervención ha permitido que el deterioro avance sin control, convirtiendo una obra que debería proteger vidas en un punto crítico de riesgo urbano. La sensación general es de abandono por parte de las autoridades responsables.

La comunidad insiste en que el problema no es reciente ni desconocido, sino prolongado y preocupante. Cada grieta, cada baranda oxidada y cada pieza suelta refuerza la percepción de que el puente ha sido dejado a su suerte. Esta negligencia acumulada incrementa el peligro con el paso del tiempo.

¡Lamentable estado del puente del Parque de los Niños, el que comunica con la Normal Superior! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
¡Lamentable estado del puente del Parque de los Niños, el que comunica con la Normal Superior! (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

A este panorama se suma otro caso igualmente preocupante: el puente peatonal que comunica el Parque de los Niños con la Normal Superior. Esta estructura también presenta signos de abandono evidente y, según denuncias ciudadanas, se ha convertido en un lugar frecuentado por habitantes de calle que lo utilizan como dormitorio, lo que incrementa la percepción de inseguridad entre quienes transitan por la zona.

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Aún está presente la tragedia

El puente peatonal del Anillo Vial Bucaramanga–Floridablanca–Girón quedó tendido sobre la calzada tras ser impactado por un tractocamión. El siniestro dejó un muerto y dos heridos. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
El puente peatonal del Anillo Vial Bucaramanga–Floridablanca–Girón quedó tendido sobre la calzada tras ser impactado por un tractocamión. El siniestro dejó un muerto y dos heridos. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

La reciente tragedia ocurrida en el Anillo Vial, donde una persona murió y otras resultaron heridas tras el colapso de un puente peatonal en inmediaciones de Rincón de Girón, terminó por reforzar las advertencias que durante años se habían hecho desde distintos sectores: el colapso no solo es estructural, sino también institucional.

“Los puentes están muy podridos y nadie hace nada hasta que ocurre una tragedia, como la de la semana pasada”, cuestionó Andrés Mantilla, universitario que a diario evita usar uno de estos pasos en la Ciudadela Real de Minas, donde -según afirma- la inseguridad y el deterioro son evidentes.

Son estructuras abandonadas a su suerte en las que, para algunos, el abandono también se traduce en riesgo de muerte. Expresiones duras, pero que reflejan una realidad visible en el territorio.

A este panorama se suma la percepción de que las intervenciones oficiales han sido insuficientes o tardías. Habitantes consultados señalan que los anuncios de mantenimiento suelen quedarse en promesas, mientras los puentes continúan deteriorándose.

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Urbanistas y líderes comunitarios coinciden en que el problema no es únicamente de infraestructura, sino de gestión y control. La falta de vigilancia, el escaso mantenimiento preventivo y la ausencia de una política integral de recuperación han convertido estos espacios en puntos críticos de riesgo urbano.

Más voces ciudadanas

Álvaro Esparza
Álvaro Esparza

Álvaro Esparza, residente en Bucaramanga, afirma que los puentes peatonales de la ciudad “representan un riesgo constante” para quienes los usan a diario. Según su testimonio, varias estructuras presentan falta de iluminación, deterioro en los pasamanos y una sensación general de inseguridad, especialmente en horas de la noche. Esparza señala que estas condiciones hacen que muchas personas prefieran cruzar las vías por la calzada, exponiéndose aún más al peligro.

Ernesto González.
Ernesto González.

Por su parte, Ernesto González, otro vecino del área metropolitana de Bucaramanga, coincide en que la situación es preocupante y sostiene que algunos puentes peatonales no reciben el mantenimiento adecuado. En su relato, menciona que ha observado pisos resbaladizos, acumulación de basura y presencia de personas que generan temor entre los transeúntes. González considera que estas fallas desincentivan su uso y pide mayor atención de las autoridades para garantizar la seguridad de los peatones.

Dudas y algo más

El puente peatonal de La Castellana está devorado por la maleza. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
El puente peatonal de La Castellana está devorado por la maleza. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Mientras tanto, cientos de ciudadanos siguen cruzando entre el miedo y la resignación, o simplemente optan por no usar los puentes. La pregunta sigue abierta y cada vez más urgente: ¿quién responde por unas estructuras que, en lugar de proteger, hoy exponen la vida de quienes deberían resguardar? Las autoridades tienen la palabra.

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