Tras la invitación de Vanguardia a nuestros lectores para pensar en soluciones que permitan recuperar las buenas prácticas ciudadanas, llegaron múltiples propuestas. Aquí compartimos algunas de ellas, las cuales ponen sobre la mesa acciones para volver a hacer del civismo una tarea de todos.

Recuperar el civismo en Bucaramanga no es solamente una cuestión de buenos modales. Es, también, un desafío ético y práctico que tiene efectos directos sobre la manera como vivimos, nos relacionamos y construimos ciudad.
Hace pocos días, Vanguardia invitó a sus lectores a responder una pregunta sencilla, pero de enorme importancia: ¿qué propondría usted para recuperar el civismo en Bucaramanga?

Las respuestas de los ciudadanos no se hicieron esperar. Fueron muchas las ideas recibidas por correo electrónico, con propuestas que van desde recuperar los andenes y mejorar los parques hasta fortalecer la educación vial, promover jornadas comunitarias de aseo y convocar a conversaciones ciudadanas.

Hoy presentamos solo algunas de esas iniciativas. Todas tienen un elemento en común: la convicción de que una mejor ciudad no depende únicamente de grandes obras, sino también de pequeños cambios en la manera como cada ciudadano se comporta en el espacio que comparte con los demás.
La propuesta de Maribel Ortega Serrano apunta precisamente a mirar el problema con una visión integral. Considera necesario diseñar un plan realista y por fases, que comience con acciones de pedagogía de bajo costo y avance progresivamente hacia proyectos de mayor alcance relacionados con la movilidad, los parques, la sostenibilidad y la seguridad de Bucaramanga y su área metropolitana.
En otras palabras, recuperar el civismo también requiere una hoja de ruta. No se trata de esperar una transformación inmediata, sino de construirla paso a paso, con acciones que puedan ser comprendidas, apropiadas y sostenidas por la ciudadanía.
Una de las propuestas más concretas fue planteada por el arquitecto Óscar Saboyá Patiño, quien considera que una primera acción debe concentrarse en la rectificación, recuperación y continuidad de los andenes y sardineles. Su preocupación parte de una escena que muchos bumangueses conocen bien: vehículos ocupando las aceras y obligando a los peatones a bajar a la calzada, caminar entre carros o buscar espacios improvisados para continuar su recorrido. Para Saboyá Patiño, recuperar los andenes significa devolverle al ciudadano un espacio que le pertenece y garantizar recorridos peatonales continuos, accesibles y seguros.
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La idea tiene una fuerza especial porque resume, en buena medida, el concepto de una ciudad caminable: una ciudad que prioriza al peatón y no obliga a las personas a disputarse el espacio público con los vehículos.
También llegó una propuesta relacionada con el estado y el aprovechamiento de los espacios que permiten encontrarnos como comunidad. Diana Patricia Quiroga Chinchilla advierte sobre el deterioro que actualmente presentan buena parte de los parques, museos, bibliotecas y senderos rurales, así como sobre el desaprovechamiento de su potencial cultural y turístico y la disminución de la presencia de la comunidad en estos lugares.
Ella plantea realizar un diagnóstico técnico y participativo del estado de esos escenarios, identificar las necesidades prioritarias y ejecutar intervenciones específicas en cada lugar. Pero ella no se queda solo en la infraestructura. También propone desarrollar campañas que incentiven la apropiación, el cuidado y el uso frecuente de estos espacios por parte de los ciudadanos.
El comportamiento en las calles fue otro de los asuntos que apareció entre las respuestas. Leidy Barón llamó la atención sobre una escena cotidiana en Bucaramanga: conductores que no se detienen ante un peatón que espera para cruzar por una ‘cebra’, mientras muchas veces es la persona que va caminando la que termina cediendo el paso al vehículo.
Su pregunta es tan sencilla como pertinente: ¿se está enseñando suficientemente en las escuelas de conducción que el peatón tiene prioridad en estos cruces? ¿Son suficientes las campañas de sensibilización para que conductores y peatones conozcan y respeten esa regla?

Barón propone una campaña específica sobre la prioridad peatonal en las ‘cebras’, con dos frentes. El primero sería desarrollar contenidos para redes sociales, incluso mediante formatos de fácil comprensión, como carruseles, que expliquen de manera sencilla la prioridad del peatón y la responsabilidad del conductor. El segundo sería articular ese mensaje con la Dirección de Tránsito de Bucaramanga, las escuelas de conducción y los colegios, de manera que la educación vial no se limite a la sanción, sino que empiece mucho antes, desde la formación y la conciencia ciudadana.
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Otra preocupación recurrente en la ciudad tiene que ver con las basuras. Silvia Juliana Calderón propone brigadas de aseo durante los fines de semana, abiertas a voluntarios que quieran participar. Para que estas jornadas sean seguras y realmente pedagógicas, plantea contar con el acompañamiento de la Policía y con personas capacitadas en manejo de residuos y reciclaje que puedan orientar a los participantes.
Más allá de recoger basura, la propuesta tiene un componente simbólico: que los ciudadanos puedan involucrarse directamente en el cuidado de los lugares que habitan y comprendan que mantener limpia una ciudad no puede ser una responsabilidad exclusiva de las empresas de aseo o de las autoridades.
Tal vez ahí esté una de las claves de todo este ejercicio: el civismo no se decreta, se conversa, se enseña, se practica y se contagia.
Las respuestas recibidas por Vanguardia muestran que los ciudadanos tienen mucho por decir y, sobre todo, que no están esperando únicamente que otros resuelvan los problemas. Hay quienes proponen recuperar un andén, quienes quieren volver a llenar los parques de familias, quienes piden respeto por el peatón, quienes están dispuestos a recoger residuos y quienes creen que todavía es posible sentar a la ciudad alrededor de una misma conversación.
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Al final, actuar con cultura ciudadana no significa simplemente “portarse bien”. Cada gesto de respeto evita un conflicto y contribuye a que la energía de la comunidad pueda concentrarse en vivir mejor y avanzar juntos.
Bucaramanga tiene retos grandes, pero también tiene ciudadanos con ideas y voluntad para enfrentarlos. Estas propuestas son apenas algunas de las muchas que llegaron a nuestra redacción. La conversación queda abierta.
















