Mónica Cáceres Herrera convirtió los desafíos que conoció de cerca en una oportunidad para ayudar a otras familias. Desde su fundación, impulsa el acompañamiento a niños neurodivergentes y promueve el emprendimiento de madres que buscan generar ingresos sin descuidar a sus hijos.

Publicado por: John Arias
Hay experiencias que cambian la manera de mirar la vida y despiertan el deseo de hacer algo por quienes atraviesan situaciones similares. Para Mónica Cáceres Herrera, ese momento llegó cuando la neurodivergencia tocó las puertas de su hogar. Lo que comenzó como una experiencia personal terminó convirtiéndose en una motivación para acompañar a otras familias y demostrarles que, incluso frente a los desafíos, existen caminos para crecer, encontrar apoyo y construir nuevas oportunidades.
Ingeniera de sistemas, empresaria y trabajadora de una compañía multinacional, Mónica encontró en la Fundación La Mantita Gris una forma de aportar a las familias con niños neurodivergentes. Desde 2020, trabaja en una iniciativa que busca ofrecer acompañamiento integral a los menores y fortalecer las redes de apoyo que necesitan para avanzar en sus procesos de desarrollo.

Su motivación surgió al reconocer las dificultades que enfrentan las familias para acceder a los servicios y apoyos que requieren. En ese recorrido identificó necesidades que, desde su perspectiva, no siempre reciben una respuesta suficiente por parte del sistema de salud y de los entornos de inclusión. Lea también: Fredy Gómez y el sueño de llevar más oportunidades educativas a los jóvenes de Santander
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“Me puso en contexto de cómo, a nivel de nuestro sistema de salud y de todo lo que hace parte de la inclusión, hay muchas falencias. Entonces dije: aquí hay que hacer más cosas, hay que revisar de qué manera podemos darle la mano a otras familias”, recuerda.
Con esa convicción comenzó a construir La Mantita Gris, una fundación que busca reunir esfuerzos para que los niños y sus familias encuentren espacios de acompañamiento, bienestar y desarrollo.

Acompañar a los niños también significa acompañar a sus familias
Para Mónica, el trabajo con niños neurodivergentes no puede limitarse a una sola intervención. Su apuesta consiste en promover un acompañamiento integral que articule procesos psicológicos, terapia ocupacional y redes de apoyo, de acuerdo con las necesidades de cada familia.
Pero su mirada va más allá de los niños. En el centro de su proyecto también están las madres cuidadoras, quienes en muchos casos dedican gran parte de su tiempo a acompañar a sus hijos y encuentran dificultades para acceder a un empleo formal o desarrollar actividades que les permitan generar ingresos propios.
Mónica conoce esa realidad y por eso decidió incorporar a la fundación una línea de trabajo orientada al fortalecimiento de las capacidades de estas mujeres.
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La idea es que puedan reconocer lo que saben hacer, convertir sus habilidades en una actividad productiva y encontrar oportunidades para avanzar hacia una mayor autonomía económica, sin dejar de lado las responsabilidades de cuidado.
“Yo trabajo con las familias, no solamente con los niños. Mi proyecto es que las mamás, que normalmente están cien por ciento entregadas a sus hijos, puedan convertir lo que saben hacer en una forma de generar ingresos, vivir y tener oportunidades en el mercado”, explica.
La propuesta busca que las madres no dependan exclusivamente de ayudas externas, sino que también puedan desarrollar iniciativas propias, aprovechando sus conocimientos, talentos y posibilidades.

Emprender desde casa para construir autonomía
En ese proceso, La Mantita Gris ha acompañado a madres que han comenzado a convertir sus habilidades en pequeños emprendimientos.
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Una de ellas encontró en la elaboración de velas una oportunidad para crear un negocio desde su casa. A partir de un taller realizado por la fundación, comenzó a desarrollar sus productos y, con el tiempo, logró conseguir clientes y avanzar en la consolidación de su actividad.
Otras madres han encontrado alternativas en la elaboración y venta de arepas, pijamas y otros productos. Son iniciativas que nacen de sus propias capacidades y que buscan adaptarse a las posibilidades de tiempo y organización de cada familia.
La fundación también ha gestionado apoyos para facilitar algunos de estos procesos. Mónica recuerda, por ejemplo, el caso de una madre dedicada a preparar arepas, quien recibió ayuda para acceder a herramientas que le permitieran mejorar su trabajo.
En otro caso, la iniciativa ha acompañado a un niño que vende dulces en su colegio y que, con apoyo de la fundación, pudo contar con un pequeño carrito para presentar sus productos en ferias.
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Detrás de cada experiencia hay una apuesta por reconocer las capacidades de las personas y crear condiciones para que puedan desarrollarlas.
Sin embargo, Mónica sabe que poner en marcha un emprendimiento es apenas el comienzo. El siguiente paso consiste en fortalecer su organización, mejorar su visibilidad y encontrar nuevos canales para que sus productos lleguen a más clientes.
Por eso, uno de sus retos actuales es impulsar la comunicación y las redes sociales de estos negocios, de manera que puedan consolidarse y crecer.
Una fundación que también necesita crecer
Durante varios años, Mónica ha sostenido su labor social mientras continúa con sus actividades profesionales y empresariales. Esa combinación le ha permitido mantener su iniciativa, pero también le ha mostrado la necesidad de construir un modelo que garantice su continuidad.
Su propósito ahora es que La Mantita Gris pueda fortalecerse, ampliar su alcance y avanzar hacia una mayor sostenibilidad económica.
En ese camino, su participación en Lideremos ha significado una oportunidad para organizar las ideas que surgieron desde su experiencia personal y empezar a proyectar la fundación con una visión más estratégica.
Mónica destaca especialmente los aprendizajes relacionados con la comunicación, el relacionamiento y la manera de estructurar una iniciativa social para que pueda mantenerse en el tiempo.
“Todo ha sido muy del corazón, muy mío, de lo que yo puedo brindar desde lo que me inspira y me mueve. Pero Lideremos me ha permitido estructurarme mejor y ver mi fundación como un proyecto de vida que puede ser autosostenible”, señala.
Ese cambio de perspectiva también le ha permitido imaginar un futuro en el que pueda dedicar más tiempo a la fundación y contar con mejores condiciones para desarrollar sus actividades.
Actualmente, trabaja en la posibilidad de disponer de un espacio propio donde pueda realizar encuentros y actividades con los niños, sin depender de trasladar materiales y mobiliario de un lugar a otro.
La meta es contar con un lugar estable que facilite los encuentros y permita dar continuidad a los procesos de acompañamiento. Para Mónica, avanzar en esa dirección sería un paso importante para consolidar el trabajo que ha construido durante estos años.

Una experiencia que puede convertirse en esperanza
Más allá de los proyectos productivos y las metas de crecimiento, la motivación de Mónica sigue estando en las familias que encuentra en el camino.
Sabe que recibir un diagnóstico relacionado con la neurodivergencia puede generar incertidumbre y que muchas familias necesitan orientación para comprender las posibilidades de desarrollo de sus hijos y encontrar los apoyos adecuados.
Por eso, uno de los mensajes que busca transmitir desde La Mantita Gris es que un diagnóstico no tiene por qué convertirse en el final de los sueños de una familia.
Su propósito es contribuir a que los niños encuentren espacios de acompañamiento y que sus cuidadores también puedan descubrir oportunidades para desarrollar sus capacidades, fortalecer su autonomía y construir redes con otras personas que comprenden sus experiencias. Le puede interesar: Diana Marcela García: hacer de la vejez una etapa para vivir con dignidad y alegría
Mónica resume esa transformación desde una reflexión que ha acompañado su propio camino: “Uno cree que hasta ahí llegó la vida, que por qué a mí o por qué a mi hijo. Pero realmente hay oportunidades para crecer”.
Y agrega una idea que define su manera de entender el servicio: “Es como esa conciencia que te pone los pies en la tierra y te dice: tranquilo, que esto no es por qué a mí, sino para qué a mí”.
Con La Mantita Gris, Mónica Cáceres Herrera ha convertido esa pregunta en una iniciativa que busca acompañar, conectar y abrir caminos para otras familias. Ahora, con las herramientas que fortalece en Lideremos, su reto es consolidar ese propósito para que la fundación pueda crecer, sostenerse y llegar a más niños y cuidadores que necesitan encontrar nuevas oportunidades.
















