En el barrio 12 de Octubre, al occidente de Bucaramanga, Katherine Arévalo convirtió una necesidad de su comunidad en un proyecto de vida. A través de Colores del Manantial, acompaña a niños y adolescentes para que encuentren en la educación una oportunidad de crecer, permanecer en las aulas y construir un futuro con más posibilidades.

Hay personas que no esperan a que las soluciones lleguen: comienzan a construirlas con lo que tienen, desde el lugar donde viven y con la convicción de que la vida de alguien puede cambiar si encuentra una mano amiga. Katherine Arévalo es una de ellas.
Su historia tiene como punto de partida el barrio 12 de Octubre, adscrito a la Comuna Occidente de Bucaramanga, y una realidad que conoció de cerca desde sus experiencias como madre y maestra: niños y adolescentes que, además de necesitar educación, requerían acompañamiento, alimentación, afecto y oportunidades para seguir adelante.

Frente a esa realidad, Katherine decidió hacer algo. Así nació Colores del Manantial, una iniciativa que ha convertido la solidaridad en acciones concretas y que hoy representa una esperanza para niños, adolescentes y familias de su comunidad.
Su apuesta va más allá de enseñar a leer, escribir o resolver una operación matemática. Se trata de acompañar procesos de vida, de ayudar a que los niños permanezcan en el sistema educativo y de recordarles que su presente no tiene por qué determinar su futuro. Porque detrás de cada estudiante hay una historia, una familia y un universo de capacidades que merece ser descubierto.
Educar también es cuidar, acompañar y creer

En Colores del Manantial, la educación se entiende como una oportunidad que debe ir acompañada de condiciones para hacerla posible. Por eso, el trabajo de Katherine incluye el fortalecimiento de competencias en lectura, escritura y matemáticas, el desarrollo de habilidades sociales y emocionales y la articulación de esfuerzos con instituciones públicas y privadas para favorecer la escolarización y la permanencia de niños y adolescentes en las aulas.

Su labor también ha encontrado en el deporte una herramienta para abrir caminos. A través de un proyecto deportivo, los participantes pueden reconocer sus capacidades, fortalecer la disciplina y acercarse a oportunidades para integrar equipos de liga. Es una manera de demostrar que el talento puede florecer cuando alguien ofrece orientación, confianza y un espacio para desarrollarlo.
A esta apuesta se suma Colores que cuentan, una iniciativa que busca reconocer los talentos, las historias y las raíces de la comunidad. Una propuesta que pone en el centro aquello que muchas veces pasa inadvertido: las voces de los niños, sus experiencias, su identidad y las posibilidades que nacen cuando se les permite expresarse.
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En cada una de estas acciones hay una misma convicción: educar es mucho más que transmitir conocimientos. Es contribuir a que una persona descubra lo que puede llegar a ser.
Reconocimiento que mira hacia la comunidad

El auditorio del Parque Cajasan Puerta del Sol fue el escenario de la ceremonia de Mujer Cajasan 2026, un encuentro para reconocer a mujeres que, desde diferentes ámbitos, trabajan por el bienestar de sus comunidades y convierten sus convicciones en acciones transformadoras.
En esta edición, Katherine Arévalo recibió la distinción por su trabajo en favor de la educación y las oportunidades para la niñez y la adolescencia. Su elección pone en primer plano una labor que se construye desde el territorio, en contacto directo con las necesidades de las familias y con la certeza de que invertir en la formación de las nuevas generaciones es también apostar por una sociedad más justa.
Junto a ella fueron finalistas María Luisa Álvarez y Claudia Amaya, quienes lideran iniciativas relacionadas con el medioambiente y el acompañamiento a pacientes con cáncer, respectivamente. Sus historias también representan distintas maneras de cuidar la vida, responder a las necesidades de otros y generar cambios desde el compromiso social.
La elección estuvo a cargo de un jurado integrado por Felipe Zarruk, comunicador social y periodista, presidente del jurado; Victoria Casallas, primera dama del departamento de Santander; Doris Amparo Barreto Osma, directora de Transformación Social de la UNAB; Sandra Ortega, gerente comercial de Vanegas Seguros Ltda. y miembro de la Junta Directiva de la Fundación Club Campestre de Bucaramanga; Silvia Sánchez, directora ejecutiva de BASC Oriente; y Diana Camacho, gerente de la Unidad de Programas de Impacto Social de Cajasan.
Una oportunidad puede cambiar una historia

El reconocimiento a Katherine Arévalo invita a mirar más allá de una distinción. Nos recuerda que las grandes transformaciones sociales no siempre comienzan en espacios multitudinarios ni dependen de grandes discursos. A veces empiezan en un barrio, en una conversación, en el acompañamiento a una tarea escolar o en la decisión de no ser indiferentes ante las dificultades de los demás.
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En comunidades donde las barreras económicas y sociales pueden limitar las oportunidades, iniciativas como Colores del Manantial contribuyen a construir entornos en los que aprender, permanecer en la escuela y descubrir los propios talentos se convierten en posibilidades reales.
El valor de este trabajo también está en su capacidad para sumar voluntades, tejer alianzas y reconocer que el bienestar de la niñez es una responsabilidad compartida. Cada niño que recibe acompañamiento, cada adolescente que encuentra un espacio para desarrollar sus habilidades y cada familia que descubre nuevas posibilidades representa una razón para seguir creyendo en la educación como motor de transformación. (Lea además: Katherine Arévalo, la líder que encontró en la educación una forma de transformar su comunidad en Bucaramanga)
Katherine Arévalo, Mujer Cajasan 2026, encarna esa forma de liderazgo que no necesita distanciarse de la gente para generar cambios. Su labor nace de la cercanía, se alimenta de la empatía y se proyecta en las oportunidades que ayuda a construir para otros. Porque, al final, el verdadero alcance de una maestra no se mide únicamente por lo que enseña, sino también por las puertas que ayuda a abrir, la confianza que contribuye a despertar y los caminos que otros pueden comenzar a recorrer gracias a su trabajo.
Y en el barrio 12 de Octubre, donde Colores del Manantial sigue apostándole al futuro de niños y adolescentes, esa tarea tiene un significado profundo: demostrar que una comunidad puede encontrar nuevas posibilidades cuando alguien decide creer en su gente y trabajar para que sus sueños tengan un lugar donde crecer.
















