Lea en esta edición, una crónica del trayecto que tuvieron las cariátides que hoy están en el Palacio de Justicia de Bucaramanga.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
En Bucaramanga existen, desde hace varias décadas, dos figuras femeninas esculpidas con entablamentos que descansan sobre sus cabezas. Cualquiera que pase por la Plaza Cívica Luis Carlos Galán las ve, muy ‘señoriales’ por cierto, en la entrada de nuestro Palacio de Justicia.
Estas majestuosas ‘damas’ se convertirían en dos de las principales obras del escultor Félix María Otálora (1896-1961). Él fue un destacado maestro boyacense, formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Sus cariátides, diseñadas a finales de la década de los años 30, no se elaboraron para la Ciudad Bonita; se idearon para el antiguo Palacio de Justicia de Bogotá.
El artista tomó el modelo del tiempo griego Erecteón, erigido en la Acrópolis de Atenas y en honor a la diosa Atenea y a Erecteo, rey mítico de ese imperio.
Dichas estatuas de mujer fueron habilitadas en sus inicios en la entrada de los antiguos Tribunales de la Capital de la República, en un bello edificio neoclásico que hoy ya no existe.
¿Y por qué las cariátides están en Bucaramanga?
Ellas llegaron después de un largo periplo por la historia que hoy, en esta sección nostálgica, intentaremos resumir.
Se debe recordar que la revuelta que se desató tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, aquel fatídico 9 de abril de 1948, afectó gran parte del patrimonio arquitectónico de Bogotá y uno de los que más sufrió fue el Palacio de Justicia, en donde estaban las citadas figuras de arte.
Después del violento hecho, el Estado decretó la demolición del edificio, entre cuyas ruinas quedaron las estatuas.
En ese entonces, la empresa contratista las vendió por $5.000 (toda una fortuna para la época) a la firma Macón Limitada, propietaria de una finca en Suba, donde funcionaba un chircal.
Entre 1949 y 1959, las figuras esculpidas por el maestro Otálora quedaron refundidas en medio de la maleza, la mugre y la desidia.
Estaban en la entrada de una fábrica de adobes y teja española, en donde se amasaba el barro con los pies de los ‘chircaleros’ u obreros de estos sitios que poseía dicho contratista, en la carretera al norte de Bogotá, cerca a La Caro.
La firma Macón quebró y la Compañía Colombiana de Seguros la recibió en pago, la cual se la vendió a Alejandro Galvis Galvis, fundador de Vanguardia Liberal. Cuentan que él pagó por ellas la suma de $900.000.
En 1971, él optó por vender el ‘chircal’. Y a petición de su hijo, Alejandro Galvis Ramírez, quien posteriormente fue el gerente de este diario, las estatuas no quedaron incluidas en el negocio y fueron trasladadas a Bucaramanga.
Entendiendo el significado que las imágenes representaban, nuestro fundador contrató un ‘planchón’ y las embarcó rumbo a la ‘Bonita’.
Las mandó a restaurar y las habilitó en la antigua sede de este periódico, en el predio de la esquina de la calle 34 con carrera 13.
A comienzos de los años 70 , las cariátides fueron montadas en el frontispicio del edificio destinado a la nueva prensa La Goss.
Fue justo el 17 de febrero de 1974, hace ya casi 45 años, que las estatuas comenzaron a hacer guardia en la entrada de la entonces Casa de Talleres de Vanguardia Liberal.
El patricio había logrado su viejo anhelo de ver las estatuas de pie otra vez, con espadas en mano, y engalanando el portal del primer diario del oriente colombiano.
En 1983, la Academia de Historia de Santander y las entidades oficiales le solicitaron a Alejandro Galvis Ramírez, quien ya había asumido la Gerencia de este diario, la donación de las esculturas y finalmente se firmó un comodato que contempló la ubicación de las estatuas en el Palacio de Justicia de Bucaramanga, el cual lleva el nombre de Vicente Azuero Plata.
Galvis Ramírez, dando una bonita prueba de desprendimiento, las entregó para que adornaran la entrada del templo de la justicia local, el cual siempre fue su verdadero destino desde los tiempos de la antigua Grecia.
Vale recordar que la reconstrucción de la fachada del actual Palacio de Justicia de la capital santandereana estuvo a cargo del reconocido arquitecto Mario Pilonieta Pinilla, quien diseñó un pórtico de estilo clásico sostenido por las cariátides que hoy vemos allí.


















