domingo 28 de julio de 2019 - 12:00 AM

‘Fuimos acosadas y abusadas por nuestro profesor’

Vanguardia pensando en las mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas mantiene la campaña “No te quedes callada”. En este espacio buscamos visibilizar los casos que se “normalizaron” por miedo o porque no se denunciaron a tiempo, para demostrar que sí se puede hacer algo para defenderles sus derechos.
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“Tengo una hija de 17 años y no quiero que nadie pase por esta situación, porque uno de adulto se siente impotente y puede cometer cualquier locura, solo por hacer justicia”. De esta manera inicia su relato el padre de una menor abusada por su entrenador.

Según este señor, la menor duró en el mismo club como tres años consecutivos. Jamás vieron algo extraño en el preparador, de hecho siempre se mostraba muy cariñoso con las niñas; pero, a la vez, veían a alguien muy exigente y comprometido con la formación de las futuras campeonas. Mejor dicho, a su juicio, este sujeto no representaba ningún peligro, solo hasta que la mamá de otra de las deportistas encontró una inesperada conversación por una red social.

“La señora nos compartió unos pantallazos de una conversación entre el entrenador y su hija de 12 años. Recuerdo que nadie tomó la vocería porque se desconocían las leyes. Algunos se retiraron y dejaron todo así, pero otros pocos, como yo, sí intentamos buscar ayuda para que la historia no se repitiera. En el fondo sabía que ese tipo estaba cometiendo un delito y debía pagar por eso”, sostuvo.

Lo que más llamó la atención es que su hija y otra niñas más, como unas diez, al notar que ya todo estaba prácticamente descubierto, se atrevieron a revelar las actuaciones del sujeto. Todo se traducía en insinuaciones de índole sexual y abuso.

No obstante, aseguraron que él les daba besos en la boca, las manoseaba y en repetidas ocasiones les acariciaba las partes íntimas. Con dos de ellas, menores de 14 años, incluso hubo acceso carnal.

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“Ellas no hablaron antes las autoridades, había un silencio cómplice que nos decía que algo había pasado, pero la pelea la perdimos. A ellas les dio mucho temor hablar, no sabemos si están amenazadas, lo cierto es que descubrimos que se sienten culpables y no quieren ser señaladas. Usted sabe que la sociedad es muy cruel con las víctimas y más cuando son adolescentes y jóvenes”, acotó el desesperado.

En otro punto de la capital santandereana sucedió algo similar, solo que las víctimas no eran menores de edad. Por dos años, ella fueron acosadas y abusadas por un docente del programa de Bilingüismo al que se habían inscrito. Todas callaron y dejaron que la impunidad y la indiferencia invisibilizara la violencia de género.

De acuerdo con una de las víctimas, “la mayoría de mis compañeras fueron acosadas por ese sujeto, así como me pasó a mí. La verdad es que no se logró una denuncia. Cada una temía que él con su poder influyera para que quitaran la beca, por ende, no entregaran la certificación del programa, que era financiado por el Gobierno. Sin embargo, después de la clausura una no aguantó más y dijo todo, de ahí todas las afectadas empezamos a hablar”.

Con todas, de acuerdo con la información suministrada, actuó de la misma forma; es decir, un día se ofrecía a llevarlas a la casa, mostrándose como una persona muy cordial. Cuando iban en el carro, él ponía la mano en los genitales de las víctimas y las manoseaba; con otras hubo acceso, después de lograr manipularlas.

¿Por qué tanto silencio?

Frente a estos dos casos, donde se hace visible el silencio como principal característica de las víctimas, Nicolle Ardila, psicóloga Clínica y de la Salud, magíster Terapias de Tercera Generación VIU y psicóloga en el programa de Mujer y Equidad de Género de la Alcaldía de Bucaramanga, desde el área de atención y prevención, explica que las mujeres tienden a no decir nada por el nivel de coerción y amenaza al que se someten. La percepción del riesgo ante la vida o ante una necesidad en particular son razones que sustentan el silencio de las víctimas; la incredulidad ante la efectividad de la justicia termina siendo otro factor contingente del silencio.

“Dadas las experiencias negativas de mujeres en procesos de denuncia y la inoperancia de la justicia hace que ellas estimen que no son escuchadas por los funcionarios que atienden sus casos; es decir, situaciones previas en otros contextos, casos similares de otras mujeres o lo visto en medios de comunicación, hacen que una mujer desista a la denuncia por temor a no ser escuchada y atendida de manera adecuada”, manifestó Ardila.

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¿A dónde se puede acudir?

Al existir una política nacional de Mujer y Equidad de Género, el deber de los gobiernos departamentales y locales es establecer su política propia y ejecutar, desde los planes de desarrollo, programas orientados a la mujer; por tanto es altamente probable que en las localidades existan mecanismos y puntos de atención encargados de los temas de mujer.

Para el caso particular de Bucaramanga, se ofrece en el Centro Integral de la Mujer, ubicado en la calle 34 # 35-39 del barrio Álvarez, servicio de asesoría jurídica al cual puede acceder aquella mujer que haya vivido esta situación y requiera el apoyo.

Por otra parte existen entidades no gubernamentales como la Fundación Mujer y Futuro, reconocida por su trayectoria y defensa de los derechos de las mujeres, que brinda de igual manera apoyo.

Los consultorios jurídicos universitarios actualmente están incluyendo asesorías en el área de género, facilitando que las mujeres de estratos 1, 2 y 3 puedan recibir orientación oportuna y profesional.

Si desea que conozcamos su caso, no olvide contactarnos a través de nuestras línea 6300700 extensión 2804, o escribirnos al correo electrónico ialbis@vanguardia.com

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