domingo 14 de abril de 2019 - 12:00 AM

La Bucaramanga del ayer: El otrora teatro de Don Luis Emilio Garnica

Escudriñando el baúl de los recuerdos y recurriendo a la memoria de quienes nos antecedieron, surgen las mil y una historias de la Bucaramanga del ayer. Nos hemos propuesto escribir tales relatos y en letras de molde ‘reconstruir’ el pasado de los sitios icónicos de la capital santandereana.

Tal vez quienes pasan por la carrera 17, entre las calles 33 y 34, desconocen que en la mitad de esa cuadra, al costado oriental, existió uno de los teatros más emblemáticos de nuestra ciudad: el Garnica.

Fue un ícono en su tiempo e incluso se catalogó como uno de los patrimonios urbanos de Bucaramanga.

El escenario, que inicialmente se iba a bautizar con el nombre de Teatro Municipal, había sido ideado desde comienzos del siglo XX. Sin embargo, en ese entonces también escaseaba la voluntad política.

Por fortuna el señor Luis Emilio Garnica, quien entre otras cosas era una reconocido artista, retomó la iniciativa de construir el referido sitio de espectáculos.

Él se propuso sacar adelante esta edificación que, según su sueño, tenía que ser un edificio amplio y cómodo, lo suficiente como para que incluso se montara un circo.

Tal y como ocurre en estos tiempos, cuando se anuncia con bombos y platillos la restauración de otro mítico teatro, en ese entonces también se habló de un lugar que sería el imán del arte, con gran acústica y con el confort de este tipo de lugares.

Los historiadores recuerdan que la obra se levantó en una área céntrica que en ese entonces era la carrera 12, entre calles 3 y 4. Ojo: Hablamos de la antigua nomenclatura, porque hoy día es la carrera 17, entre calles 33 y 34, tal y como lo mencionamos al inicio de este relato.

El diseñador fue Pedro Colon Monticoni y, según su trazado, el escenario tenía sala de espectadores, palco y platea. Esta última fue planeada con un eje de 30 metros, trazados en forma de herradura al estilo de los teatros italianos.

Los palcos, el de primera y el de la segunda fila, disponían de una extensión de 100 metros cada serie.

Las instalaciones también contaron en el segundo piso con un sitio para paseos y tocadores.

La galería contaba con capacidad para 1.200 espectadores. La vista, tanto en la extensión del palco y la galería, estaba distribuida de manera tal que los usuarios tuvieran la misma visibilidad tanto hacia el interior como hacia el exterior del edificio.

El teatro disponía de una espacio subterráneo que rodeaba la edificación, en la cual podían transitar hasta 500 personas.

En 1923 fue inaugurado el que se conoció como el ‘Circo Teatro Garnica’, con una corrida de toros y la actuación del matador Cruz Duque y su cuadrilla.

Los precios que se cobraron en esa época fueron: Palco, con seis asientos, $7.20; Palco suelto, $1.00; y General, $0.60.

El escenario trajo a la comunidad santandereana múltiples certámenes. No obstante, al principio se ofrecían veladas boxísticas y funciones circenses. Obvio, también se presentaron obras de teatro, de ópera y zarzuela.

Cuenta la historia que durante los años 30, allí se presentó el primer streap-tease de la ciudad, hecho que fue duramente criticado por la sociedad y sobre todo por la Iglesia Católica.

Por estos mismos años también el sonido llegó al fin a la sala del Garnica, mejorando la calidad acústica del lugar.

El Teatro Garnica se convirtió, después de muchos años, en la más importante sala de cine de Bucaramanga; de hecho, pasaría a ser parte de Cine Colombia.

Con el correr de los años fue cerrado y posteriormente en la década de los noventa se demolió para dar paso a la construcción de un centro comercial.

Antonio José Díaz, arquitecto e historiador, recordó que “este era el ejemplo de un edificio de alto contenido, no solo arquitectónico sino social”.

Según sus propias palabras, “de manera desafortunada la capital santandereana perdió esta joya arquitectónica”.

La falta de políticas y las pocas iniciativas de conservación y protección hicieron que se ‘bajara para siempre el telón’ de este mítico escenario: “De esta forma se perdió no solo un espacio, sino parte de la memoria del centro de Bucaramanga”, agregó Díaz.

Hay que decirlo: el crecimiento de la ciudad echó por tierra aquel viejo edificio. Aún siendo patrimonio urbano fue derribado sin el menor asomo de vergüenza.

¡Es una pena que eso haya sucedido! Lo digo porque ese edificio era un ‘documento histórico’ en sí mismo, el cual hoy podría darnos una gran información y una secuencia cronológica de la Bucaramanga de nuestros viejos.

SU CREADOR
Luis Emilio Garnica no solo fue un hombre de teatro, también fue artista, boxeador, comerciante, empresario e intelectual. Era equilibrista profesional y hacía presentaciones junto a su padre, quien en últimas fue el que lo introdujo en este mundo.
Él sacó adelante su propia fábrica de cigarros, llamada El Buen Tono, ubicada en la esquina de la carrera 17 con calle 34, justo al lado del teatro.
Tal empresa funcionaba en un edificio de cuatro pisos, convirtiéndose en el más alto de la ciudad en ese momento.
El ‘telón de la vida’ de Luis Emilio Garnica se bajó, de manera intempestiva, en diciembre de 1962, justo cuando él tomó la terrible decisión de suicidarse.
El emblemático Teatro Garnica no era solo un escenario bonito; él tenía un valor documental, histórico y, por consiguiente, cultural.
Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad