Bucaramanga
Viernes 03 de mayo de 2019 - 12:10 PM

Tocando las nubes en Santander: así es un entrenamiento en parapente

La historia del santandereano que quiere conquistar cielo macedonio.

/ VANGUARDIA
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Publicado por: Valesca Alvarado Ríos

Cuando los pies se despegan suavemente de la pista y el aire llena el ala del parapente para elevarlo, empieza la aventura en medio de un inmenso cielo pintado de un azul claro con blanco, tan brillante que parece obra de arte recién terminada y lista para exponerse.

Unos cuantos pasos, un pequeño impulso para acomodar el cuerpo en la silla y la certeza de un buen viento a favor, es suficiente para lanzarse al abismo en un parapente y la confianza puesta en el piloto cuyas manos controlan el recorrido y las maniobras que le suman un poco de adrenalina a la experiencia.

En el aire, el viento toca cada una de las fibras del cuerpo y la vista, que deja apreciar las más grandes obras de Santander, hace un paneo con la intención de captar los mejores momentos para el recuerdo. Arriba se respira paz, tranquilidad y el tiempo pasa, de manera más que literal, volando.

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Desde el cielo, allí en medio de las nubes y hasta con la compañía de unos cuantos gallinazos que se suman en el recorrido, se ven las enormes edificaciones, los monumentos, las carreteras y hasta los vehículos, pero sin el caos que se vive en las ciudades.

El único sonido que se cuela entre las cuerdas es el del viento meciendo las sillas. Y claro, el de la voz de Edinson, el piloto que desde hace 23 años se dedica a tocar las nubes y hasta a ‘bailar’ con ellas.

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Este santandereano que representará a Colombia en uno de los eventos más importantes de este deporte: el Campeonato Mundial de Parapente, en Macedonia.

De camino al cielo

En la plataforma de despegue del Voladero de las Águilas, ubicada en la vía a Ruitoque, los colores de las alas de los parapentes hacen perfecto contraste con el paisaje.

El verde, el azul, el blanco y el rojo son los más llamativos y los preferidos por lo deportistas que en el cielo parecen aves enormes que planean con sincronía y destreza, pero que poco a poco desaparecen ante los ojos de los curiosos que se deleitan con el espectáculo.

Pero para volar es necesario ‘pedir pista’, trazar una ruta de recorrido y, ante todo, tener claro el protocolo de seguridad. Nadie entra al campo a menos que esté dispuesto a tocar las nubes y dejar abajo los miedos.

Una vez arriba no hay tiempo para arrepentimientos, solo para disfrutar.

En la pista, algunos deportistas como Edinson entrenan para mejorar sus técnicas, las estrategias de vuelo y sus marcas personales. Mientras tanto, otros abren una y otra vez las alas sin dejar que los pies se eleven, pues apenas están aprendiendo y dominar el equipo de vuelo es parte fundamental del proceso. Pronto tocarán el cielo con libertad.

Y aunque el día es favorable y llama la atención de varios parapentistas, para todos hay espacio, nadie se queda sin lugar. Es por ello que Edinson toma el parapente, las sillas, los cascos y el radio que lo acompaña en cada recorrido y por medio del cual recibe indicaciones sobre la posición de los demás compañeros que están en el aire.

Él se acomoda en un costado, extiende el ala, abre una por una las cuerdas, ajusta los enganches, acomoda las sillas, prende el radio, ajusta los cascos, cierra los seguros, da un par de indicaciones, confirma las condiciones climáticas, toma impulso, se despide y vuela.

A 300 metros sobre la pista, todo se ve más pequeño y es necesario tomarse un par de segundos para enfocar la mirada y disfrutar uno a uno los minutos que dura el recorrido, esa es la única misión del pasajero, el resto lo hace el piloto.

Girar hacia la derecha, luego a la izquierda, dar una vuelta, llegar a los límites del perímetro y hasta alcanzar una mayor altura son maniobras que Edinson domina desde los 12 años cuando hizo su primer vuelo. A los 16 ya había ganado el primer campeonato y era todo un profesional. Pero la adrenalina no llega hasta ese punto.

Cuando el viento sopla con un poco más de fuerza, el parapente se inclina de un lado a otro, empieza a girar, a hacer piruetas y piloto y pasajera quedan de cabeza. Lo que antes estaba de un lado, ahora está del otro y los ojos no logran enfocar un solo punto, todo gira, se mueve, se tambalea.

Un pequeño vació se siente no solo en el estómago, pues la libertad es tanta que la sensación recorre todo el cuerpo y los vellos se erizan.

Luego el parapente se detiene, recobra el rumbo inicial y se prepara para aterrizar. Unas cuantas fotos y videos son la mejor evidencia de lo que es la experiencia.

Pero en el Voladero de las Águilas no hay descanso. Mientras unos aterrizan, otros despegan listos para conocer cómo es el camino al cielo.

Un ave que abrió las alas

Hace 35 años, en Piedecuesta, Santander, nacía un pequeño que años más tarde se convertiría en una de las aves más ágiles en el cielo: Edinson Álvarez Suárez.

Con tan solo 12 años se enamoró del parapentismo y supo desde entonces que su futuro sería surcar por siempre los cielos de cada rincón del mundo que le fuese posible. Y así lo ha hecho. Ha conquistado las nubes de cuanto lugar ha querido.

Se ha preparado, ha entrenado, se ha retado a sí mismo y hoy es el mejor parapentista de Colombia, el más veloz, el de los mejores puntajes, la cuota santandereana en los eventos aéreos más destacados del mundo y el que espera darle un nuevo título al país.

Edinson, aunque parece tímido y en la inmensidad del cielo sus 1,72 metros no se notan mucho, es alegre, bromista, paciente, soñador y apasionado. No vuela sin dibujar una enorme sonrisa en su rostro y prometer que disfrutará el recorrido.

Cuando abandona la plataforma se concentra, en su cabeza piensa en la mejor estrategia para mejorar su tiempo y alcanzar la mayor altura posible. Y aunque pone toda su fuerza mental y corporal para lograrlo, desde abajo parece que no requiere de mucho esfuerzo.

Hace ver el parapentismo como algo sencillo y no porque sea así, sino porque parece que es una habilidad con la que nació. Cuando Edinson vuela todo en el cielo fluye, parece casi como si hiciera una coreografía con las aves y las nubes, como si fuera un elemento más del paisaje, como si perteneciera allí por lo menos por unos minutos.

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Y cuando aterriza, cuando el recorrido finalmente acaba y sus pies tocan de nuevo tierra firme, la sonrisa sigue en su rostro. No importa si va solo o acompañado. Se le nota que lo disfruta, que ama lo que hace, que es un ave capaz de abrir las alas una y otra vez sin perder la magia y el encanto del momento.

Edinson es, sin lugar a dudas, una de las mejores aves de Santander, de esas que hacen del cielo un lugar más colorido.

De Santander a Macedonia: el cóndor que volará

Colombia, España y Bulgaria ya fueron conquistados por el santandereano. Ahora, la nueva meta está fijada sobre el cielo macedonio, ese que recibirá a los mejores 150 pilotos de 36 naciones, en el Campeonato Mundial de Parapente.

Ese mismo que Edinson espera ‘domar’ con su habilidad para hacer girar el equipo de vuelo de un lado a otro.

Pero allí, el objetivo es llegar primero, tener el mejor tiempo, alcanzar la máxima velocidad y quedarse con el podio.

Ser el mejor de los mejores no es tarea fácil, pero él sabe lo que le espera y quiere enfrentarse a ello, quiere la victoria, el triunfo para todo un país, la dicha que sus cuerdas se tiemplen y le den el título mundial.

En Macedonia la pelea será contra sí mismo, se jugará el todo por el todo para cumplir otro de sus sueños, para abrir las alas y volar como el gran cóndor.

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Publicado por: Valesca Alvarado Ríos

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