La periodista aseguró que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su falló de hace una semana, “nos está dando una oportunidad para hacer historia con las víctimas del conflicto”.

Publicado por: Juan Carlos Gutiérrez
Entre el 25 de mayo de 2000 y el 18 de octubre de 2021 se contabilizan 21 años, cuatro meses y 21 días.
La primera fecha corresponde al jueves en que la periodista de El Espectador Jineth Bedoya Lima, de 26 años, fue secuestrada, violada y torturada cuando acudía una entrevista con Mario Jaimes Mejía, alias ‘El Panadero’, jefe paramilitar recluido en la cárcel Modelo de Bogotá. Ella investigaba denuncias por tráfico de armas, desapariciones y homicidios desde la prisión. En la puerta de la cárcel fue interceptada por tres hombres que la subieron en un vehículo. Luego de 16 horas fue abandonada en una vía en cercanías a Villavicencio.
La segunda fecha quedará grabada en la memoria de las víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado. Ese lunes el Estado fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos al encontrarlo “responsable internacionalmente por la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, honra, dignidad y libertad de expresión en perjuicio de la periodista”. El alto tribunal advirtió la existencia de “indicios graves, precisos y concordantes de la participación estatal” en la agresión a Bedoya Lima. Por esta razón, la Corte ordenó promover y continuar las investigaciones que sean necesarias para determinar, juzgar y, en su caso, sancionar a los restantes responsables de los actos de violencia y tortura que sufrió Jineth Bedoya, así como las amenazas que ha sufrido en estos años.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó garantizar la difusión del programa de la periodista “No es hora de callar”, el cual se transmitirá por el sistema de medios públicos, donde se les otorga voz y asesoría a las víctimas de la violencia sexual. Además, el Estado deberá crear un centro estatal de memoria y dignificación de todas las mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado.
Entre esas dos fechas hay 7.816 días. En este lapso Jineth Bedoya Lima sufrió, se sintió derrotada, amenazada, huyó pero también se levantó, habló desde su dolor, buscó ayuda, renació y comenzó su batalla legal. En el camino se encontró con otras víctimas y habló por ellas, las escuchó, representó y lideró. Vanguardia habló con ella.
Usted ha dicho que la decisión es histórica para la lucha de los derechos de las mujeres víctimas y sobrevivientes de violencia sexual, pero también para las mujeres periodistas que entregan su vida al servicio de su trabajo. No obstante, afirma que aún falta la verdad de todo este proceso.
Sí. Digamos que ese es el centavo que le falta al peso. Tener esa verdad absoluta. Poder conocer quiénes fueron los autores intelectuales de mi secuestro y tortura. Quiénes están detrás de las amenazas que he sufrido en todos estos años. Lo que me ocurrió no fue solo ese 25 de mayo de 2000. Durante 21 años he tenido que sufrir persecuciones, seguimientos, interceptaciones telefónicas, amenazas y constante seguimiento a mí y a mi familia. Han sido muchísimas cosas. Lo fundamental de esa verdad es que los autores intelectuales sean juzgados.
Usted ha dicho que esto reivindica los derechos colectivos, porque convirtió un dolor particular en la reivindicación de derechos de miles de mujeres.
Esta sentencia es reflejo de la persistencia y el compromiso. Llegó un momento en que entendí que esto no era solamente para mí, sino que se trataba de un tema colectivo. Sin ese espíritu colectivo, seguramente hubiera desistido de seguir buscando justicia. Fueron muchos los atropellos, los momentos de revictimización, tuve que contar mi violación 12 veces en los estrados judiciales, tuve que narrar mi violación frente a mis victimarios, recibí amenazas e intimidación. Indudablemente no lo hubiera podido soportar si no comprendiera que no hablaba solo de mi caso, sino de muchas mujeres que como yo afrontaron una violencia sexual y no tuvieron las mismas posibilidades para visibilizarla y reclamar justicia. O las periodistas que afrontaron la misma censura y la misma persecución, pero que no tenían de pronto las posibilidades que tuve yo de hablar y ser escuchada. Eso fue lo que me movió. Por eso creo que se trata de compromiso, porque llegaron momentos en los que desfallecí por completo.
¿De dónde salieron las fuerzas para perseverar?
Del periodismo. Lo he dicho una y mil veces. El periodismo me salvó la vida hace 21 años, me la volvió a salvar en el 2011 cuando caí en un una depresión profunda. Le debo mi vida al periodismo. En los momentos más difíciles, el periodismo me ayudó a volver a reconstruirme, a reconectarme con la escritura y la reportería. Regresar a la calle, nuevamente como periodista, le dio sentido a mi vida.
Pocos conocen el sufrimiento en silencio de las víctimas. ¿Qué hizo para superarlo?
Se sufre en silencio cuando se transita por la violencia y la revictimización. Muchas personas sienten vergüenza o miedo. Otras no tienen fe en la justicia. Creo que lo primero que se debe hacer es revisar el tema de la salud mental. Lo digo desde mi experiencia más íntima y personal. Es necesario buscar una mano que lo pueda a uno guiar y acompañar por el camino de la tristeza. Esta es una carga emocional muy fuerte que pesa día a día. Puedes ir a tu trabajo y puedes intentar seguir tu vida normal entre comillas, pero la carga emocional está allí. Esa es la parte más difícil y uno como víctima debe buscar ayuda.
¿Cómo hacerlo?
Primero, romper con esa barrera que nos impide identificar que como víctimas necesitamos ayuda en la parte emocional. Después es necesario romper el silencio. Cuando yo le digo a la gente “no es hora de callar”, estoy afirmando que es necesario hablar. No siempre es ir a denunciar a la Fiscalía. Sé que hay gente que definitivamente no lo quiere hacer y no lo va a hacer nunca, por diferentes factores, por miedo o por vergüenza o porque simplemente no quiere atravesar por ese camino tan doloroso. Lo que sé es que uno tiene que hablarlo con alguien. Con su mejor amigo, con un profesional que pueda guiarle o con alguien al que se le tenga toda la confianza. Se necesita hablar, descargarse. Yo creo que uno empieza a quitarle un poco de peso a un hecho tan duro como lo es la violencia sexual. Se necesita tomar conciencia de eso. Callarse es ponerle toda la virtud al victimario y dejar la culpabilidad para uno. No es justo.
¿Eso buscará el Centro de Memoria Histórica?
Sí. Llevo muchos años soñándolo. Esa fue la reparación que yo pedí. Fue el punto más importante dentro de todas las medidas de reparación que se les presentaron a la Corte Interamericana. Es un camino para resarcir el dolor a través de la memoria. Construir memoria es el acto más significante que uno puede hacer como periodista, pero también como ciudadano. La Corte fue muy clara en decirle al Estado que tiene año y medio para poner en funcionamiento este centro de memoria, que será el primero en el ámbito internacional. Lo que sigue ahora es una reunión urgente con el gobierno para evaluar cómo empezaremos a trabajar.
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