El primer gran fracaso de la democracia venezolana consistió en que los partidos de oposición, cuando se presentó la reelección de Chávez, llegaron divididos, lo cual facilitó una dictadura que no solo duró 23 años, sino que arruinó un país próspero y pujante.
Decimos lo anterior, porque acá nos puede pasar lo mismo; tenemos un gobierno desastroso y en lugar de unirnos para hacerle frente, llegamos a una elección más desunidos que nunca: 14 candidatos presidenciales, pero solo 3 con alguna posibilidad de ser elegidos, todo para enfrentar una izquierda con un candidato de gobierno y de los grupos armados y, con dos que pertenecen a partidos menos radicales que serían los únicos que pueden sacarnos del roto en que nos han metido.
Si revisamos quiénes son los candidatos podemos observar qué hay de todos los pelámenes, algunos tan absolutamente desconocidos que ni quitan ni ponen y, otros que solo van a restar, lo cual beneficia al candidato de izquierda que va consolidado y sin fractura alguna en su condición electoral.

No sabemos qué piensan Claudia López, Roy Barreras y Sergio Fajardo, que sabemos de ante mano que solo no cuentan con una votación suficiente para llegar pero que sí restan votos a quienes tienen opción elegible.
Nos preguntamos: ¿Será que le están apostando a los dineros de la reposición de votos? Si es así, están poniendo de manifiesto la pequeñez moral de su propia naturaleza cuando prefieren sacrificar una buena opción presidencial para llevar a sus arcas algunos pesos.
Igualmente sigue siendo un error manifiesto que existan candidatos demócratas, que lejos de ir unidos, fracturan la votación hasta el extremo de poner en peligro la primera vuelta, caso en el cual el país tendrá que enfrentar el error electoral que beneficia solo al candidato del gobierno y que de ser elegido será mucho peor que el actual, continuando con el caos institucional y consolidando definitivamente la narcodemocracia para desgracia de todos quienes no aceptamos la antidemocracia como forma de gobierno.
Desafortunadamente el daño está hecho y volveremos los colombianos a votar en contra de un candidato en lugar de hacerlo en beneficio de otro.
La historia nos dirá si hicimos lo correcto, sí o no, en ambos casos los beneficiados y perjudicados seremos todos, pues será el país el que al final tendrá que vivir los resultados de esa determinación.
Seguimos creyendo que ésta es una lección absolutamente vital para la sobrevivencia del país; depende de los votantes vencer la apatía histórica y concurrir masivamente a las urnas, no solo para depositar el voto sino para verificar que los mismos no se pierdan en su manipulación.











