La última encuesta de Invamer ofrece un retrato de un país que oscila entre la posibilidad de volver a elegir presidente en primera vuelta y la persistencia de una polarización cada vez más compleja. Iván Cepeda lidera con un 44,3%, seguido por dos candidatos de la derecha, Abelardo de la Espriella con 21,5% y Paloma Valencia con 19,8%.
Han pasado veinte años desde que Álvaro Uribe fue elegido en primera vuelta. Desde entonces ningún candidato ha alcanzado la mitad más uno de los votos, lo que ha obligado a extender las elecciones y a construir acuerdos que terminan incidiendo en la forma de gobernar.
La derecha enfrenta ahora un problema que durante años caracterizó a la izquierda, la fragmentación. Abelardo y Paloma encarnan dos discursos que buscan representar un mismo espectro ideológico. En el caso de Paloma existe además una tensión adicional en su intento por conquistar el centro político.
Las contradicciones con su fórmula vicepresidencial en temas como el matrimonio igualitario, la adopción por parejas del mismo sexo y la “ideología de género” no son menores en un país que desde la Guerra de los Mil Días se consagró al Sagrado Corazón de Jesús.
Abelardo, en contraste, carga con el peso de su trayectoria como abogado defensor de personajes cuestionados por narcotráfico y paramilitarismo. Esto convierte su candidatura en una figura atípica dentro de cualquier democracia. Su principal fortaleza radica en la consistencia de su discurso. No necesita moverse hacia el centro ni moderarse y en ese sentido evita las tensiones internas que sí enfrenta su competidora.
Cepeda ha optado por una estrategia deliberadamente conservadora. Evita el riesgo, lee sus discursos y reduce al mínimo la improvisación, respondiendo a la lógica de que quien lidera tiene más que perder que ganar. Su campaña busca proyectarlo más como una institución que como un candidato y en un contexto de alta polarización esa apuesta por la sobriedad puede traducirse en confianza y estabilidad.
Él es el único con asiento asegurado en segunda vuelta. Esto le permite jugar dos barajas distintas. Si la suma de sus rivales no alcanza su nivel de votación, la segunda vuelta será notarial. Si por el contrario la oposición logra igualarlo o superarlo, se abriría un espacio para acuerdos programáticos que redefinan el mapa político.
No se puede asegurar (aún) que Cepeda logre la victoria en primera vuelta. El país sigue polarizado y los márgenes de error son significativos. Lo que sí parece evidente es que, de darse una segunda vuelta, su contendor será Abelardo de la Espriella, impulsado por el fenómeno de la subpolarización, las contradicciones internas de la derecha y, sobre todo, por la dinámica misma de la competencia












