¿Cuál es el impacto de las redes sociales en el ejercicio periodístico? ¿Los medios deben buscar más clics o contenidos de profundidad? Aprovechando el aniversario número 135 de El Espectador, hablamos de estos temas con su director, Fidel Cano Correa.

Publicado por: Juan Carlos Gutiérrez
Fidel Cano Correa dice al otro lado de la línea telefónica que “coraje” es la palabra que los representa. A él como director de El Espectador, un medio que cumplió 135 años, a sus comunicadores, que viven la pasión del buen periodismo, y los trabajadores del periódico más antiguo del país, que se ha convertido en patrimonio histórico del país.
- Hacemos un periodismo serio. Estamos orgullosos de cumplir 135 años. Seguimos presentando una información equilibrada y bien trabajada, sin entregarnos a ningún poder.
Vanguardia habló con Fidel Cano sobre los retos del periodismo en la actualidad y la necesidad de valorar el periodismo de calidad por encima de la viralidad de las redes sociales.
* La celebración de los 135 años de trabajo de El Espectador la definieron en una palabra: coraje, como un valor que les otorgó fuerza para ser pioneros del periodismo, sobrevivir a los violentos, no guardar silencio y jamás sucumbir ante las amenazas. ¿Esa palabra inspira en las actuales condiciones del periodismo?
Creo que es indisoluble con lo que ha sido el periodismo de El Espectador. Coraje es una palabra que define muy bien estos 135 años. Desde la propia fundación del periódico, simboliza cómo se ha defendido el buen periodismo. Siempre se necesitó mucho coraje. Durante toda la vida de El Espectador hemos tenido diferentes situaciones de gente queriéndonos silenciar, de gente que ataca el periódico, pero nunca El Espectador ha bajado la cabeza. Esto es un periodismo de coraje. Esa palabra nos define muy bien y por eso nos fuimos por allí esta vez. Coraje es sinónimo de buen periodismo.
* ¿Cuál es el principal reto que afronta el periodismo del país en la actualidad?
El mayor reto que tenemos es recuperar la confianza en el buen periodismo. Lamentablemente las audiencias en este ambiente de redes sociales, algoritmos, tendencias, y todo este tipo de monedas de cambio del éxito nos presentan un reto muy grande. La gente ha perdido la credibilidad en el diferencial de un periodismo profesional. De alguna manera las audiencias parecen satisfechas con la información que recibe en las redes sociales, que hay muy buena, por supuesto, pero también circula información manipulada, de noticias falsas e información producida para generar un efecto. En mi concepto, ese es el principal peligro que existe, es decir, que las audiencias no puedan distinguir el valor de la información realizada de forma profesional y bien hecha.
* ¿Qué responsabilidad tenemos los periodistas en todo este caos?
Lo digo porque pareciera que los periodistas pasamos de consultar fuentes como lo indican las reglas de nuestro oficio a convertirnos en opinadores de la información, y de paso en estrellas en las redes sociales.
Esa es una relación de doble vía. Los periodistas nos hemos dejado llevar por esa moneda de cambio que digo yo. De alguna manera le regalamos nuestro trabajo a las redes sociales, pensando que los ‘likes’, un buen tráfico de métricas y los clics, es decir, ese tipo de cosas virales representan y valoran el éxito de nuestra profesión. Muchos periodistas perdieron ese norte, guiados por eso. Esas son presiones muy grandes para nuestra labor. Muchas veces los periodistas pierden el sentido de su papel en una sociedad. El periodismo no puede dejarse llevar por tendencias, no debe agradar, por lo general es incómodo, por lo general también es incomprendido, es decir, no va detrás de la corriente de las masas. Lamentablemente todos los contextos del uso de la información en la actualidad presionan para tomar ese camino. Y si nos vamos por allí, como nos hemos ido, los periodistas somos responsables de perder mucha de nuestra credibilidad.
* ¿Cómo hacerle entender estos valores periodísticos a las empresas periodísticas, en un contexto dónde pareciera se reclama rentabilidad y viralidad para salir de la crisis económica?
Esa es una conversación que siempre ha sido difícil entre los pisos de redacción y comercial o gerencia. Esa conversación siempre ha sido tensa, especialmente cuando piden hacer información sobre agencias comerciales e incluso poder político. Lo que pasa es que antes las redacciones eran más fuertes en esa conversación, porque claramente las finanzas de los medios resultaban más saludables de lo que estaban hoy en día. Es una conversación difícil. Creo que la esencia de lo que es el periodismo, y lo único que hace viable un negocio periodístico es su credibilidad. Lo otro, puede que le dé unos pesos pasajeros, pero todo ese tipo de audiencias que simplemente van detrás del titular y lo escandaloso, sea texto o video, que siguen la lógica de conseguir un clic para las métricas, es gente que no aprecia el trabajo periodístico de calidad. Que no aprecia la marca. Muchos no tienen ni idea donde leyó lo que leyó. De manera que eso, a largo plazo, es la muerte de cualquier marca periodística. Esto lo tienen que entender las gerencias y las juntas directivas. Deben entender que los contenidos de calidad son el centro de cualquier negocio periodístico. Deben valorar los contenidos periodísticos de calidad y esos periodistas de calidad.
* Dígame si me equivoco. En la actualidad los periodistas parecen ser la noticia y el centro de la información por encima de sus mismos entrevistados o la misma información.
Sin duda es un peligro. Si usted ve la popularidad, que es algo que se busca mucho en las redes sociales, pues la popularidad es el fracaso del periodista. Hoy en día, quien es más popular es el que dice lo que hoy quieren escuchar, y no es su deber como periodista. Hay mucha gente que se deja deslumbrar por los seguidores y la fama de las redes sociales, eso no es para nada ser periodista. El periodismo es una profesión muy hermosa, si está bien hecha. Esta labor es fundamental. Cada vez es más importante en nuestra sociedad tener periodistas que no estén entregados a ningún poder.














