Revela detalles inéditos del ataque, el estado actual del excandidato y su postura frente al menor involucrado en el atentado.

En su primera entrevista desde el atentado contra Miguel Uribe Turbay, su esposa, María Claudia Tarazona, rompió el silencio con una voz serena, pero cargada de dolor. Lo hizo ante las cámaras del programa Los Informantes, a un mes del ataque armado que dejó al precandidato gravemente herido y al país sumido en la consternación. Sus palabras, lejos de la rabia, fueron una profunda reflexión sobre la infancia perdida, la violencia estructural y el amor inquebrantable.
El autor del ataque fue un joven de apenas 14 años, un hecho que para Tarazona no solo representa una tragedia personal, sino una advertencia social. “Cuando uno empuña un arma a esa edad en lugar de estar aprendiendo matemáticas o pateando un balón, el problema no está en él, sino en la sociedad que lo formó así”, afirmó con firmeza.

Las horas más críticas en la Clínica Santa Fe
El 7 de junio, la vida de la familia Uribe Tarazona cambió para siempre. Tras recibir el impacto de bala, Miguel fue trasladado de urgencia a la Clínica Santa Fe. Ella misma lo acompañó en la ambulancia, sosteniéndole la cabeza mientras le suplicaba que no se rindiera. “Miguel, no te mueras. Tienes que ver a tu hijo”, le repetía una y otra vez.
Las siguientes 48 horas fueron decisivas. “Me dijeron que había entrado en muerte cerebral. Les pregunté cuánto tiempo teníamos. Me respondieron que era cuestión de horas”, recordó. Fue entonces cuando reunió a sus hijas para despedirse de quien creían no volverían a ver con vida. Les pidió que le enviaran audios, y ella misma se acostó sobre él, en cuidados intensivos, para decirle que podía irse en paz. Pero lo inesperado ocurrió: el parte médico cambió. “Es otro paciente, otro cerebro”, le dijo el doctor Hakim. Miguel comenzaba a recuperarse.
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La infancia robada y la guerra sin edad
En medio del dolor, María Claudia se ha negado a ver los videos del atentado. Prefiere no cargar su mente con esas imágenes. Aun así, su mirada sobre el joven atacante no es de venganza. “No importa qué hizo ni cómo. Si no le importa su propia vida, ¿cómo va a importar la de los demás?”, cuestionó. Y agregó: “Eso es muy profundo. A los 14 años, si no te importa tu propia existencia, nada tiene sentido”.
Desde su perspectiva, este niño no es solo un victimario, sino una víctima más de un país que ha normalizado el uso de menores como herramientas de guerra. La reflexión, que invita al debate nacional, ha despertado múltiples reacciones.
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Un amor a prueba del dolor y el tiempo
Además del drama médico, Tarazona relató la historia de amor que ha sostenido con Miguel durante 14 años. “Miguel no se enamoró solo de mí, sino de lo que soy como mamá y como familia”, expresó. Pese a las diferencias de edad y al hecho de que ella ya tenía tres hijas cuando lo conoció, él insistió en construir una vida a su lado. En 2016 se casaron, y luego nació su hijo Alejandro, quien se ha convertido en el motor de su esperanza.
Hace poco, el niño se graduó del kínder, y la ausencia de su padre fue desgarradora para la familia. “Hay momentos que no volverán y no sabemos si Miguel podrá estar en los próximos”, lamentó.
Con fe profunda, asegura que Dios está obrando en su vida y la de su esposo. Lleva colgada la argolla de matrimonio de Miguel al cuello y no pierde la esperanza de volver a verlo caminar y tocar el piano. No le ha contado que su abuela, Nydia Quintero de Turbay, falleció. Considera que aún no es momento para cargarlo con más dolor.
María Claudia acompaña a Miguel todos los días, ora, canta y escribe un diario. “Lo hago para que un día podamos leerlo juntos”, dice. Y aunque ha sido crítica por no haber recibido un gesto de solidaridad del presidente Gustavo Petro, asegura que el respaldo ciudadano, las oraciones y el amor del pueblo colombiano son lo que la sostiene de pie.
“Gracias”, dijo entre lágrimas. “Ese amor lo está sanando”.
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