Colombia
Domingo 23 de agosto de 2026 - 02:19 PM

Los héroes anónimos que dejó el terremoto y que hoy inspiran a Colombia

El terremoto derrumbó edificios y cambió miles de vidas, pero también dejó historias de personas que arriesgaron todo para ayudar.

Una rescatista del Ejercito de Colombia da indicaciones a un grupo de voluntarios que realiza labores de búsqueda en edificaciones destruidas por el terremoto de magnitud 7,4 del pasado lunes, este miércoles en Pereira (Colombia). EFE/ Carlos Ortega
Una rescatista del Ejercito de Colombia da indicaciones a un grupo de voluntarios que realiza labores de búsqueda en edificaciones destruidas por el terremoto de magnitud 7,4 del pasado lunes, este miércoles en Pereira (Colombia). EFE/ Carlos Ortega

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Publicado por: Redacción Nacional

En medio de la devastación tras el terremoto que sacudió a Colombia, quedan historias de valentía y solidaridad de muchos colombianos. Estos ocho héroes anónimos avivan la esperanza de un país que vuelve a levantarse.

A dos semanas del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia, que dejó 329 fallecidos y 247 desaparecidos, además de afectaciones en 481 municipios, se decantan los relatos de supervivencia y solidaridad. Médicos, familias y habitantes de Pereira, Cali y otras zonas afectadas enfrentaron la destrucción con acciones de auxilio inmediato y apoyo.

En la atención médica, una anestesióloga permaneció en el quirófano para proteger a una paciente mientras el hospital se estremecía; en Apartadó, un pediatra evacuó a los recién nacidos de la unidad asistencial.

En medio de los derrumbes, el padre del pequeño Salomón mantuvo la calma bajo las ruinas para racionar el aire de su bebé, al tiempo que Mateo y su madre salieron con vida tras despedirse en la oscuridad debajo de la mesa del comedor.

El apoyo ciudadano continuó los días posteriores. El cantante Jhonny Rivera transformó su hotel en centro de acopio para los rescatistas y alojó a adultos mayores en su finca. Andrea Rico coordinó el despacho de suministros hacia el Chocó, tras laborar como vendedora de tinto y creadora de contenido en Medellín.

Entre tanto, Sofía, una niña de Cali, se reencontró con el bombero que la rescató, y un periodista, junto a un conductor de plataforma, descendieron de un automóvil segundos antes de que una estructura de concreto destruyera el vehículo.

La memoria de la tragedia conserva también el valor de quienes actuaron para proteger a otros. Estos testimonios demuestran que, aun frente al colapso, la solidaridad y la empatía sostienen la esperanza.

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El fuerte sismo del pasado 10 de agosto sorprendió a la anestesióloga Claudia Komaromy y a dos residentes en uno de los quirófanos del Hospital Universitario del Valle (HUV). Foto: Redes Sociales
El fuerte sismo del pasado 10 de agosto sorprendió a la anestesióloga Claudia Komaromy y a dos residentes en uno de los quirófanos del Hospital Universitario del Valle (HUV). Foto: Redes Sociales

Claudia Komaromy se quedó en el quirófano para proteger a la paciente

Toda Colombia, y todo el mundo, pudo ver a través de los videos de redes sociales cómo se desplomó una de las torres del Hospital Universitario del Valle (HUV), en Cali, hasta quedar en ruinas. Lo que no sabía nadie en ese momento es que adentro, mientras uno de los edificios se derrumbaba, la anestesióloga Claudia Komaromy protegía con su cuerpo y sostenía a una paciente que estaba en el quirófano, sedada, porque la estaban preparando para una cirugía de cráneo abierto.

La paciente, con una lesión cerebral, ya estaba bajo sedación profunda cuando la tierra empezó a temblar. En una entrevista con Blu Radio, la doctora Komaromy reconstruyó, minuto a minuto, la decisión que la volvió un símbolo de la tragedia: “Tratemos de mover a la paciente, la paciente no se va a poder mover, entonces quedémonos aquí y hay que cubrirla”, recordó haber pensado junto a sus dos residentes de neuroanestesia.

El protocolo internacional en estos casos —explicó la médica, citando las guías de países con alta sismicidad como Chile y Japón— es claro: detener el procedimiento, cubrir al paciente y evacuarlo únicamente cuando las condiciones lo permitan.

Eso hicieron. Suspendieron los anestésicos y, en medio del movimiento telúrico, la paciente comenzó a recobrar la conciencia.

“La paciente abre los ojos inmediatamente y capta perfectamente la situación de lo que está pasando. Empieza a temblar y entonces le decimos: ‘Sí, sí está temblando, quédate tranquila, quédate quieta, aquí estamos contigo’”, relató Komaromy, describiendo uno de los instantes más tensos de la jornada: calmar a una mujer que despertaba en plena crisis sísmica, sin saber si el techo del quirófano resistiría.

La médica fue enfática en desmarcarse del relato heroico que las redes sociales construyeron alrededor de su historia.

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“Nadie está obligado a lo imposible. Pero sí hemos aprendido de experiencias previas. Las guías aconsejan detener la cirugía, cubrir al paciente y evacuarlo en cuanto sea viable”, dijo, insistiendo en que se trató de la aplicación de un protocolo y no de un arrojo espontáneo.

“Esto no es heroísmo, somos personas que hacen lo que hay que hacer. Que toda la ciudadanía sepa que en manos de los anestesiólogos están seguros. Ningún paciente fue abandonado, porque eso es lo que dicta el profesionalismo”, agregó.

El sismo destruyó el bloque dos del HUV, afectando áreas esenciales como cuidados intensivos, pediatría, neonatología y cardiología.

La paciente que Komaromy protegió fue finalmente remitida a otra institución para continuar su tratamiento; diez días después del terremoto, la médica todavía no había logrado comunicarse ni con ella ni con su familia.

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Pese a los daños, el HUV había logrado reactivar entre el 50 % y el 60 % de sus salas de cirugía al momento de la entrevista, un avance que Komaromy atribuyó a “la reacción rápida de todos los funcionarios, trabajadores y personal asistencial” del hospital.

Jhonny Rivera abre las puertas de su hotel para ayudar a las familias afectadas por la emergencia.
Jhonny Rivera abre las puertas de su hotel para ayudar a las familias afectadas por la emergencia.

Jhonny Rivera llenó su hotel de rescatistas y su finca de abuelos sin techo

El cantante de música popular Jhonny Rivera, de 52 años y conocido por canciones como ‘Soy soltero’ y ‘El intenso’, decidió abrir las puertas de sus propiedades en Pereira para atender el terremoto que golpeó con particular dureza a Risaralda.

Primero puso a disposición su Hotel La Rivera, en Pereira, como centro de acopio y alojamiento para rescatistas, médicos y voluntarios que atendían la emergencia. “La ciudad se ha destruido en un gran porcentaje.

Entonces yo llamé a mi familia y les dije vamos a poner el hotel a disposición y nos llevamos un montón de rescatistas, médicos y para unas familias”, relató.

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Luego Rivera recibió otra llamada: un grupo de cerca de 30 adultos mayores había quedado en una situación crítica. “Nos llamaron a decir que prácticamente estaban sin techo. Amenazaba la lluvia y aparte los muros estaban a punto de caerse”. Como el hotel ya estaba lleno, la familia Rivera optó por trasladarlos a su finca a las afueras de Pereira.

Su madre, María Mabel Valencia, asumió en la finca la tarea de recibir a los adultos mayores, garantizarles alimentación y acompañarlos durante los días más difíciles. “Hoy los tenemos con nosotros en la finca, gracias a Dios. Bienvenidos a todos”, dijo doña Mabel.

“Han corrido muchas lágrimas, pero de amor”, resumió una de las cuidadoras que acompañó a los abuelos. “Más que un refugio, es un abrazo, un momento para acompañarlos y recordarles que no están solos”, escribió Rivera en sus redes sociales.

En los días siguientes se sumó también el traslado de una familia con varios niños hacia una vivienda adicional de su propiedad. “Hoy se está trasladando una familia que tiene un poco de niños para una casita que tengo, la estamos acondicionando para que se pasen. Es que la verdad, la gente necesita ayuda, la están pasando muy mal”, contó Rivera.

Dijo además que se mantendrán allí hasta que sea necesario. “Porque además de tenerlos ahí, también hay que pensar cómo ayudamos a que ellos puedan nuevamente retornar a su sitio”, puntualizó.

Germán Andrés Somoyar, pediatra que rescató bebés durante el sismo en Apartadó, recibió apoyo desde Alemania para continuar su formación médica.
Germán Andrés Somoyar, pediatra que rescató bebés durante el sismo en Apartadó, recibió apoyo desde Alemania para continuar su formación médica.

“Los tomamos y salimos abrazados”: el pediatra que rescató a bebés en Apartadó

Germán Somoyar Duarte estaba en la Clínica Panamericana de Apartadó cuando sintió que las camillas comenzaban a moverse. “El terremoto inicialmente era leve, pero luego fue incrementando su intensidad y ahí empezó la gente a evacuar la clínica enseguida”, relató el pediatra a EL COLOMBIANO.

Su primera reacción fue correr hacia las habitaciones donde estaban los pacientes de pediatría de mayor edad, capaces de movilizarse por sí solos: a ellos les indicó la ruta de salida. Pero el problema real estaba en la unidad de neonatología, donde diez recién nacidos —uno de ellos nacido ese mismo día— no tenían forma alguna de ponerse a salvo.

“Ni lo pensamos dos veces: había que evacuar con ellos”, contó Somoyar. Junto a un grupo de enfermeras y otros médicos que también evacuaban, regresó a la unidad en plena intensificación del sismo.

Enfermeras del Hospital Universitario del Valle en Cali cuidaron de 36 bebés durante el terremoto.
Enfermeras del Hospital Universitario del Valle en Cali cuidaron de 36 bebés durante el terremoto.

“Tomamos a los bebés en brazos y salimos con ellos abrazados”. En medio del caos, el pediatra se topó con dos madres paralizadas por el pánico, incapaces de reaccionar por sí mismas.

Las orientó hasta lograr que tomaran a sus hijos y siguieran la ruta de evacuación. Los bebés que se encontraban en cuidados intensivos, con mayor fragilidad clínica, quedaron al cuidado de una compañera, Andrea, quien en el momento exacto del sismo estaba intubando a otro paciente y no podía abandonar el procedimiento.

Las fotografías de Somoyar cargando a los pequeños Mateo y Salomón le dieron la vuelta al mundo.

Días después, Somoyar recibió una invitación para subespecializarse en Alemania.

Antes de concentrar la atención en redes sociales por su trabajo en la zona de desastre, Rico construyó su trayectoria como emprendedora en la ciudad de Medellín.
Antes de concentrar la atención en redes sociales por su trabajo en la zona de desastre, Rico construyó su trayectoria como emprendedora en la ciudad de Medellín.

Andrea Rico: de vender tinto en la calle a llevar ayuda al Chocó

Dos tragedias le han cambiado la vida a Andrea Rico: la pandemia del covid y el reciente terremoto.

En tiempos de pandemia, cuando tenía 17 años y apenas había terminado el colegio, salió a vender tintos en el centro de Medellín. “Por necesidad, mi hermana mayor y yo salimos con dos termos a vender tinto en pandemia”, contó en una entrevista.

Gracias a ello, un día un creador de contenido se acercó al carrito de los tintos y grabó un video. Se hizo viral. Andrea abrió sus propias redes y comenzó a mostrar su vida: las madrugadas, las ventas y las conversaciones con la gente.

A pesar de que ya tiene 1 millón de seguidores y su propia marca de café, Ricoffee, nunca abandonó el carrito. Sus jornadas todavía pueden comenzar a las 3 de la mañana. “No me da pena vender tintos. Me da orgullo salir a luchar por mis metas”, ha dicho. “Al vendedor ambulante no lo veamos con lástima, somos personas guerreras”.

Quizá por eso, cuando ocurrió el terremoto, ella, sin dudarlo, se metió en lo profundo del Chocó.

Junto con otros creadores de contenido de Medellín participó en una movilización que reunió más de 45 toneladas de alimentos y equipos de primera necesidad para las zonas afectadas. Uno de los camiones con los que Andrea llegó por tierra al Chocó transportaba alrededor de 13 toneladas.

Estuvo en Medrano y en el asentamiento de Cadavid, en Quibdó. Llegó a Tangui, una comunidad a la que, según relató, hay que viajar unas dos horas en lancha. Continuó hacia La Merced. Allí hizo lo que normalmente hacía con su teléfono, pero esta vez mostraba las viviendas averiadas, las familias esperando mercados, caminos difíciles y comunidades que, de otra manera, no habrían tenido cómo mostrar lo que estaba ocurriendo.

El impacto de sus publicaciones fue tal que hasta Karol G le escribió: “Qué reina que eres. La información que has compartido ha sido muy importante y ha dado muchísima luz. Para nosotros se ha convertido en parte de una guía que nos ha ayudado a entender a qué lugares todavía debemos llegar, especialmente esas comunidades que ni siquiera tienen cómo hacer visible lo que están viviendo”.

Y añadió: “Lo tuyo está llegando muy lejos y, sobre todo, se está convirtiendo en ayuda real. Gracias por estar ahí, por moverte, por escuchar a la gente y por usar tu voz para que quienes hoy no tienen una también sean vistos”.

Andrea, visiblemente emocionada, lo contó en un video: “Me escribió una mujer que admiro desde niña y ha sido mi inspiración, no saben cuánto he llorado. Uno de mis sueños siempre ha sido conocerla”.

Lo que comenzó como una campaña de recolección terminó convirtiéndola durante varios días en una suerte de mapa informal de necesidades. Sus seguidores podían saber, casi en tiempo real, qué estaba ocurriendo en comunidades que rara vez aparecen en las noticias nacionales.

Incluso, circuló la versión de que grupos armados estaban impidiendo el ingreso por carretera de los camiones con ayudas al Chocó. Andrea encendió la cámara y mostró el vehículo con el que acababa de llegar. Pidió que dejaran de difundir los rumores porque podían terminar desanimando precisamente a quienes estaban pensando viajar con ayuda.

Mateo y su mamá se dieron las gracias y alcanzaron a despedirse, pero lograron sobrevivir al terremoto.
Mateo y su mamá se dieron las gracias y alcanzaron a despedirse, pero lograron sobrevivir al terremoto.

Mateo y su mamá se dieron las gracias y alcanzaron a despedirse, pero lograron sobrevivir

“Yo entiendo que me voy a morir. Mi mamá y yo entendemos que nos vamos a morir; incluso desde arriba, cuando nos despedimos, decimos: ‘Gracias, mamá, gracias, hijo, gracias por esta vida, fui muy feliz, etcétera”, contaron Mateo Yepes, comunicador social de 30 años, y su madre, Martha Serna, lingüista de 66, recordando el que creyeron era su último instante de vida tras el terremoto de 7,4.

El colapso del edificio donde vivían en el barrio Álamos, en Pereira, provocado por el reciente sismo que también sacudió gravemente a todo el Eje Cafetero, volvió a poner a prueba a una familia que ya había sobrevivido al histórico terremoto de 1999.

El impacto inicial destruyó la estructura de su casa. Mateo relató el momento: “Nuestro apartamento cae al vacío y después nos caen unas paredes encima”. Bajo toneladas de concreto y sin posibilidad alguna de escape, la despedida mutua fue la única respuesta ante el desenlace.

Luego, mientras fueron atendidos en la clínica Santillana de Manizales, ambos, con vida, recordaron aquel diálogo final marcado por la gratitud. Bajo la masa de escombros, Martha logró quedar resguardada por una pared que le permitió respirar gracias a la formación de un “espacio providencial”.

Para su hijo, la suerte fue distinta: tres bloques masivos lo aprisionaron, atrapando sus piernas y presionando violentamente su nuca hacia adelante, lo que le impidió emitir palabra alguna, contó. Ese silencio prolongado desató el momento más dramático para Martha.

“Hubo un momento cuando nos cayó el muro encima que yo le decía a Mate: ‘Mate, háblame, háblame, Mate, dime algo’. Y Mate no me hablaba y esos creo que fueron los 10 segundos más horribles de mi vida porque pensé que Mateo se había muerto, que lo había aplastado la pared”, detalló al noticiero.

Y es que, en medio de un momento de solo angustia y sin respuestas de su hijo, la mujer admitió el final de ese momento, el cual creía que era el último a su lado. “Yo como que entrego mi vida a Dios y me preparo para la muerte”.

Lo que siguió fue una carrera contra el concreto. Trabajadores y rescatistas consiguieron retirar primero la estructura que estaba asfixiando a Mateo y luego sacar a Martha. Los dos terminaron en una clínica. Mateo fue atendido por luxaciones de cadera y fémur.

Mateo dice que siempre tuvo una buena relación con su madre, pero haber podido agradecerse una vida entera cuando estaban convencidos de que se terminaba les dio un vínculo aún más especial.

“Ahora se afianza más el hecho de haber sobrevivido, el hecho de haber podido despedirme de ella y de darle las gracias a ella por todo lo que me dio y viceversa”, explicó.

Publicado por: Redacción Nacional

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